Dejé trabajo y gimnasio para convertirme en alcohólico.

Después de un año de estabilidad, decidí dejar trabajo, gimnasio y todo lo bueno a favor del alcohol. Y ahora soy miserable y feliz....

15 julio 2019 ·
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Después de un año de estabilidad, decidí dejar trabajo, gimnasio y todo lo bueno a favor del alcohol. Y ahora soy miserable y feliz.

Hace un año llegué a Madrid con grandes esperanzas. Quería ser un artista famoso y bohemio vividor. Pero me vi atrapado en un trabajo precario y una vida aburrida. Donde lo más excitante del día era meterme en la rutina maquínica del gimnasio. Con la falsa esperanza de al menos algún día estar buenorro.

La prometedora carrera musical con la que me adentré en la selva madrileña se vio truncada ante la falta de oportunidades. La necesidad de dinero para no vivir en la calle. Y que no le caigo bien a la escena.

Pero al menos estabilicé mi vida. Tras varios trabajos precarios, entré a trabajar para una oficina como teleoperador. Un trabajo aburrido y precario. Que me daba el dinero suficiente para pagar el piso, facturas, gimnasio y salir a beber todas las noches.  Me adentré en una rutina abominable de trabajo-agotamiento-gimnasio-agotamiento-beber-no dormir-trabajo-etc .

Me adentré en una rutina abominable de trabajo-agotamiento-gimnasio-agotamiento-beber-no dormir-trabajo-etc .

Con respecto a mi carrera como rapero, la di por perdida. Di un par de bolos pochos. Escribía en el metro pero todo lo que escribía era terrible. Además todo lo que  me salía escribir trataba sobre dinero. En lo cual nunca antes había pensado (quería ser bohemio) y ahora atormentaba mi mente.

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Aun con estas, era económicamente independiente. Tenía un trabajo estable que no me mataba. Rutinas. Hobbies. Amigos y hasta tiempo para salir a tomar algo a menudo. Una vida de ensueño para muchos. Pero vi un rayo de luz. Un rayo de luz que me cegó y me llevó por el camino de la bohemia y la perdición. Ya estaba encauzado por los carriles de la identidad hegemónica. Pero esa luz...

Tenía la oportunidad de estudiar de nuevo. Volver a la universidad a estudiar Filosofía. Rehacer mi vida, encauzar mi destino. Volver a mi camino cómo bohemio madrileño. Todo era magia.

Estaba pre-seleccionado para formar parte de los que serían los nuevos vividores de Madrid. Solo tenía que presentar unos documentos y matricularme. Estaba en una nube. De felicidad y de porros.

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Empecé a hacer las gestiones necesarias para empezar mi nueva vida. Lo primero, dejar el trabajo. Después de dos días sin ir a trabajar y bebiendo en casa, me presenté en la oficina para despedirme de manera voluntaria. El mismo día me acerqué al gimnasio y les dije que no me pasasen más la cuota, que no iba a volver.

Después de dos días sin ir a trabajar y bebiendo en casa, me presenté en la oficina para despedirme de manera voluntaria. El mismo día me acerqué al gimnasio y les dije que no me pasasen mas la cuota, que no iba a volver.

En mi delirio de alcohol porros y felicidad consideraba que ahora iba a estar siempre ocupado componiendo y con mis futuros amigos bohemios. Entonces no tendría tiempo para ir al gimnasio.

Ya lo había conseguido. Había salido de esa vida monótona. Iba a estudiar Filosofía. Iba a ir a fiestas, volver a la vida de estudiante y recolocar mi mente. Me pasé una semana celebrándolo por España. Me fui de fiesta a Salamanca, a Barcelona y Asturias. Volví a Madrid un domingo de noche y me hice un cubata.

A la mañana siguiente me acercaría a la escuela correspondiente para matricularme. Me desperté temprano, 8:30. Me arreglé, bebí mucha agua para la resaca y cogí el metro dirección mis sueños. Llegué a la universidad, entregué la matrícula debidamente cumplimentada en secretaría y me volví a casa.

Por desgracia, todo el castillo de naipes alcohólicas que había construido se derribó a las 2 horas. Cuando estaba ya en casa feliz, me llegó un email de la escuela. En el email escribían que para matricularme previamente debería haber entregado una documentación que no les consta que haya sido entregada. Y que por tanto mi matrícula no tenía valor y no podría formar parte de su alumnado.

Me quedaré sin casa y  alcoholizado, pero con una vida infinitamente mejor que la de la mayoría de los pringados que tengo por vecinos.

La nube en la que me encontraba se esfumó de golpe y me di un ostiazo contra el suelo. Miré a mi alrededor y solo había vasos sucios, botellas medio vacías y un bol lleno de agua, lo que antes había sido hielo. Me había pasado el periodo de pre-matriculación borracho. Y ahora era un desgraciado sin trabajo ni futuro rodeado de botellas.

Asumí que este era mi destino. Era el bohemio que siempre había soñado. Me quedaré sin casa y  alcoholizado, pero con una vida infinitamente mejor que la de la mayoría de los pringados que tengo por vecinos.

Cerré el email. Lavé un vaso, le eché un hielo y me serví un vermut.

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