Así es vivir en un centro psiquiátrico

Una chica nos cuenta sus experiencias viviendo en diferentes centros psiquiátricos alrededor de España.

24 marzo 2022 ·
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Bea es una chica normal, estudiante de artes, de 25 años. A los 20, fue diagnosticada con depresión mayor, y durante años vivió etapas de tener pensamientos suicidas muy recurrentes. Fue entonces cuando empezó a rodar por distintas plantas psiquiátricas de hospitales y un centro psiquiátrico especializado. Sin embargo, a pesar de lo que podáis pensar de primeras, para Bea vivir en estos lugares no fue una experiencia desagradable: al contrario, considera que han sido unas de las mejores experiencias de su vida; y que le han ayudado mucho a curarse de su depresión.

Hemos hecho algunas preguntas a Bea sobre cómo era su vida viviendo en cada centro psiquiátrico.

¿Por qué entraste a cada centro?

He entrado 6 veces en el psiquiátrico. Cuatro veces (creo) en Asturias y dos en Cuenca. La primera vez que entré fue en 2017 o 2018. Yo tenía una depresión mayor y me había intentado suicidar “levemente”. Tenía pensamientos suicidas muy fuertes. Creo que fue hacia navidad (tenía muy distorsionado el tiempo entonces). 

Había llegado un punto en el que había dejado de fumar porque no tenía fuerzas ni para sostener el cigarro. Sólo estaba tumbada en la cama a oscuras queriendo morir. En estos días, mis pensamientos suicidas eran cada vez mayores. Y yo sabía que un día no los iba a poder controlar y me acabaría suicidando. 

Una noche que estaba fatal y tenía miedo de tirarme por la ventana le pedí a mi madre que me llevase al hospital. En ese momento yo no podía imaginar que me quedaría allí. Al llegar al hospital, me atendieron, me hicieron una entrevista muy larga  y finalmente una pregunta clave: si seguía queriendo suicidarme. A lo que yo dije que la verdad era que sí. Por lo que me comunicaron que me iba a quedar ingresada en la planta de psiquiatría. El resto de veces en Asturias fueron similares.

Otra de las veces que entré, esta vez en Cuenca, no fue por depresión. Yo estaba en una relación de abuso, ese día con mi pareja fue horrible y tuve un colapso. No tenía ningún apoyo en la ciudad y necesitaba que me cuidasen, por lo que fui al hospital a pedir ayuda. Allí (viendo mi historial) me volvieron a preguntar por si me quería suicidar. Y yo, que soy muy sincera, les dije que no creía que lo hiciese pero bueno, que siempre tengo un poco de ganas. Eso fue suficiente para que me dejasen.

En ese momento yo no podía imaginar que me quedaría en el psiquiátrico

¿Cuánto tiempo estuviste?

No me acuerdo de cuánto tiempo estuve en cada sitio. Creo que la primera vez una semana y media o dos semanas. Otra vez una semana, otra vez cuatro días… he estado casi siempre alrededor de una semana. La última vez, en Cuenca, también fue una semana pero porque yo hice lo que pude para salir antes porque tenía compromisos.

¿Cómo era el día a día ahí?

Es como un campamento (o yo lo viví así). Te levantan dándole golpes a la puerta o gritando, como a las 8:30 o 9. Tú te levantas, haces la cama. Te duchas (obligada) y te vas a desayunar al comedor. Después tienes un tiempo de esparcimiento. Esto depende mucho del psiquiátrico. El de Asturias es el mejor. En ese te dejaban fumar durante la mañana. También jugábamos al parchís. Venían los enfermeros y nos daban cosas para colorear, yo hacía dibujos haciéndome la loca, y todos dibujábamos tonterías. 

Había otro juego al que jugábamos mucho, que era poner una letra inicial y componer palabras (nombres de ciudades, de gente, etc) con esta. A este juego jugábamos todos: los que no podían hablar, los que deliraban… bueno el que deliraba mucho no porque no se podía hablar con él que estaba a sus cosas. 

A medio día te traían el almuerzo a donde estás, un zumo y unas galletas. También entre semana hacíamos actividades como de gimnasia: respirar, pasarnos un balón… era la ostia. 

Después de la gimnasia íbamos a comer. Comíamos todos lo mismo excepto quienes tenían problemas para comer. Y por la tarde… ya no había mucho que hacer. Fumábamos. Podíamos fumar 9 cigarrillos al día, que nos los traían a la mesa. Y bueno, por la tarde veíamos la tele, estábamos en la sala, dormíamos la siesta…

Un loco no me dejaba de tirar cigarrillos a la habitación pero yo no tenía mechero

Pero como te digo, depende mucho del centro psiquiátrico. En Cuenca ciudad no había nada: ni actividades, ni gente que te vigilase, ni celadores… un loco no me dejaba de tirar cigarrillos a la habitación pero yo no tenía mechero. No tenía ningún sentido y nadie controlaba a ese señor. Me pusieron a dormir con una tía que era súper agresiva y podía haberme matado. No te dejaban fumar… 

El siguiente en Cuenca, que fué un centro médico especial a las afueras, era totalmente distinto. Había gente que llevaba viviendo allí 4, 6 o muchos años. La rutina de allí era similar a la de Asturias. Lo bueno es que en este tenían patio y te dejaban fumar en el patio. 

Pues eso, el día a día comer, fumar, estar a solas mirando a la pared, leer (suele haber libros), juegos de mesa, cenar a las 9 y a la cama. Apagaban las luces como a las 10 u 11. 

Es que en verdad no hay que hacer nada. Tomarte la medicación y ya. 

¿Cómo era la gente que te rodeaba?

La gente del psiquiátrico es lo mejor que he visto nunca. Además, mis padres opinan lo mismo. Siempre me dicen que se quedaron sorprendidos de ver cómo era la gente del psiquiátrico. Y mi madre siempre dice que la gente cuerda, la que piensa, que está ahí dentro. Me gusta que piense eso porque yo también pienso eso.

La gente que me rodeaba era súper variopinta. Me cambió la vida, cada vez que entré. Menos la vez que ingresé en Cuenca ciudad, que me sentí en peligro y me encontré con gente que no puede socializar.

Hay varios tipos de locos. Están los locos iluminados, que los ves y piensas que realmente es un genio. Gente que ve mas allá de lo normal. Luego hay otros locos que son súper buenas personas, y te apoyan a muerte. Son locos un poco carcelarios, en el sentido de que si te haces amiga suya, y te hacen algo, ese loco se pega por ti. Ese tipo de locos me encantan. Me daban cigarrillos, consejos… y después es gente que tiene gestos súper bonitos y sensibles. Fuera del psiquiátrico nadie ha sido tan sensible conmigo. Allí dentro sentía que recibía un montón de amor de desconocidos, lo que no pasa fuera. 

Me cambió la vida cada vez que entré a un psiquiátrico

Otra cosa que me gustaba de la gente que está dentro es la sinceridad. Nadie finje ser quien no es. Todos estaban en la mierda y eran sinceros desde donde estaban.

Yo lo hecho mucho de menos, era como el cielo para mi. 

Uno de mis amigos del psiquiátrico, Alejandro, veía alucinaciones. Era un chico muy listo, con carrera en Psicología, pero veía demonios y ángeles. Era genial. Un día se bajó los pantalones antes de desayunar simplemente para que yo me riera. Antes de entrar se bajó los pantalones, se quedó en calzoncillos y me dijo “¿Viste? ¿Viste cómo hago lo que me da la gana?” A lo que la enfermera se empezó a descojonar y se subió los pantalones. 

Alejando un día se levantaba y te decía “he estado peleando con diablos toda la noche, porque la Tierra es un campo de batalla espiritual y yo tengo que vencer a los diablos”. Este chico era psicólogo, y estudiando las propiedades de psicotrópicos en su mente le despertaron un brote psicótico. Era súper inteligente. 

Me acuerdo de otro señor mayor, Jorge, que se le caía la baba, que estaba allí por ir a ver las fábricas de noche en pijama, simplemente porque le apetecía salir a pasear. Jorge siempre hacía chistes guarros, y pillaba todas las cosas inteligentes que decíamos. A veces se le iba mucho la olla, porque tenía paranoias, pero confiaba en mi, y eso me parecía precioso.

Este chico era psicólogo, y estudiando las propiedades de psicotrópicos en su mente le despertaron un brote psicótico

Jorge quería formar un partido político nuevo. Un poco comunista. Como yo soy de artes, me pidió que crease el logo del partido. Robé un lápiz y diseñábamos en secreto el logo. 

También estaba Serafín, acababa de despertarse de estar dos días dormido por comerse una bola de hachís. Y consiguió volver a ingresar en el psiquiátrico porque en el Telepizza lanzó un montón de speed por el mostrador. A ver, lo explico:

Serafin tenía un descanso del psiquiátrico, que lo dedicó a estar varios días de fiesta. Y cuando quiso volver, en vez de ir arrastrándose hasta allí teniendo que dar explicaciones, prefirió que le llevase directamente la policía. 

Entonces fue a un Telepizza, y le dijo al del mostrador que si podía llamar a la policía y decir que la había liado. Que la policía le tenía que llevar al psiquiátrico, que es donde debía estar. El del telepi le dijo que él no podía llamar a la policía si no había hecho nada. A lo que Serafín se enfadó y la tuvo que liar para que llamasen a la poli. Tiró una montaña de cajas de pizza al suelo, los flyers por el suelo. Luego abrió lo que le quedaba de speed y se lo tiró en la cara para asustar al dependiente, y luego por el mostrador. 

Tras todo esto gritó “¡Ahora vas a llamar!” y se encerró en el baño para comerse la bola de hachís que le quedaba. La policía evidentemente fué. 

Conocí a otra chica en el de Cuenca a las afueras, rapada como Britney Spears, que se había intentado tirar del puente de Cuenca. Me dijo que había cogido carrerilla para tirarse por el puente, pero que no lo hizo, se frenó. Y se la encontró la hermana tirada en el baño, que se había intentado suicidar de otra forma. Esa chica no tenía ninguna skill social. Era impactante. Aunque se notaba que era inteligente. Y esto fue todo porque un niño le hizo bulling en el colegio e instituto durante muchos años. Nunca consiguió salir de ese miedo absoluto a lo que ese niño le había hecho sufrir, y se había pasado la vida encerrada en casa por no superar los abusos de ese niño. Ella se sentía un estorbo, porque nunca consiguió tener un amigo ni un trabajo. 

Serafín acababa de despertarse de estar dos días dormido por comerse una bola de hachís

Otra señora en Cuenca, Mery, estaba muy mal de las pastillas que le daban. No podía ni moverse, le poníamos el cigarrillo en la mano y se lo subíamos a la boca para que fumase. A los dos días de que me fuese del centro, se ahorcó. También Serafín intentó ahogarse con un papel.

Creo que casi todos han muerto, y me pone muy triste pero también lo comprendo. El mundo no está hecho para ellos. Son gente muy variopinta, muy interesante, con pensamientos muy profundos y diferentes; y que no están hechos para trabajar 8h al día y volver a casa a ver Netflix. Y esto es así. Supongo que esta gente tiene que morirse porque no hay hueco para ellos en la sociedad. Al igual que no hay hueco para la gente neurodivergente, no hay hueco para aquellos que en otras culturas serían chamanes (como Alejandro). 

Son vidas muy intensas, para bien y para mal. Y a mi se me quitaba la depresión al entrar allí, solo por la gente. El estar allí, tener una rutina establecida, que me viene bien, sentirme segura y conocer a gente tan rara, me hacía mejorar. De hecho la psicóloga le extrañaba muchísimo. Porque para mi era entrar al psiquiátrico y volver a tener ganas de vivir. 

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