Como gestionar el miedo, la importancia de nuestro entorno

Nuestro entorno social más cercano es clave contra los fantasmas del miedo que nos invaden.

7 octubre 2020 ·
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El trabajo, la universidad, los amigos/as, la familia, el amor. Vivimos en una sociedad sobre-estimulada. Golpeada constantemente por mil estímulos que en ocasiones sobrepasan nuestra capacidad de reacción, lo cual genera agobio y estrés. Muchos asuntos a los que atender. Mucho que perder. Todo ello se traduce en miedo.

El miedo no es insano, es un aval de supervivencia, pero el problema viene cuando se vuelve crónico. Miedo a perder el puesto de trabajo, a no llegar a lo que se espera de uno o de una en los estudios, miedo a perder a la pareja, a la familia. Solemos dejar en nosotros la responsabilidad de ese miedo, pero la comunicación es la clave. Es el entorno social la respuesta al miedo.

Cada persona con la que nos cruzamos en el metro o en el supermercado está cagada. Miedos diversos absorben sus vidas en una lucha silenciosa. Hemos reaccionado tarde a un proceso de atomización social que nos ha hecho guardarnos nuestros temores para nuestras oscuras noches. Normalmente nos encontramos con libros de autoayuda y demás elementos inútiles para gestionar nuestros miedos. Dejan en nosotros la responsabilidad última de nuestra desgracia.

Nos dicen que solo nosotros, y nadie más, podrá sacarnos del bucle del terror. Somos responsables de todo. Responsables de nuestro éxito, de nuestro fracaso, de nuestro puesto de trabajo, de nuestra salud mental, de nuestros miedos. Y solo nosotros, con nuestra fuerza de voluntad, los superaremos. Esto no es así, es mentira. Se ignora con ello la personalidad individual de cada una y cada uno, así como las condiciones materiales de existencia. Nadie sale solo del abismo del terror, nadie supera sus miedos en soledad. Somos seres sociales y es imprescindible agarrar la mano del entorno social.

Guardamos nuestros miedos para nuestras oscuras noches.

La generación Z es la que más miedo tiene, aunque el miedo no tiene edad. Creció traumatizada por el 11-S, golpeada por la crisis de 2008 en su pre-adolescencia y ahora se incorpora a la vida adulta bajo una pandemia mundial y una crisis económica. Atrapada en unas redes sociales virtuales que amoldan su imagen y bajo la presión social de una generación boomer cuyas condiciones de existencia a nuestra edad eran muy diferentes. Una generación Z que ha sufrido el peso ideológico del neoliberalismo, el peso de que cada uno de nosotros somos únicos responsables de lo que nos pase. El peso de la competencia y del pisar al otro. Un individualismo exacerbado que mantiene las relaciones líquidas y frágiles. El miedo se lo traga uno mismo. Esta atomización social, que no es nueva, degenera en un aumento catastrófico de trastornos psicológicos que cualquiera puede ver en los datos.

El modelo neoliberal ha dejado la responsabilidad laboral en el individuo, flexibilizando el empleo y haciendo más insegura la estabilidad laboral. Se deja en la trabajadora o el trabajador la responsabilidad de su permanencia o despido. Ya no puedes vivir con un empleo, necesitas dos o tres. Vivir para trabajar no es vivir, es un sinvivir en el miedo. El miedo del pozo sin fondo de la depresión, la ansiedad y demás trastornos requiere, más allá de los componentes químicos, de una actuación ineludible del entorno social. Agarrar la mano de tu pareja, de tus amigas/os, de tu familia.

En diciembre de 2018 realicé una pequeña investigación universitaria en un CAD (Centro de Atención a las Adicciones) de Madrid. En todas las entrevistas que realicé a sus trabajadoras había una reiteración: para la desintoxicación y deshabituación de drogodependientes es imprescindible tener un entorno social sólido.

La atomización social degenera en un aumento catastrófico de trastornos psicológicos.

Somos animales sociales y, por ello, necesitamos de un entorno social cómodo y sólido. Es imprescindible la comunicación con ese entorno – o con la parte del entorno en la que se deposite más confianza – para gestionar el miedo. Comunicar el temor, expresarlo y escuchar. A veces solo basta con que se escuche. El miedo al pasado y a las perturbaciones del tiempo, donde los fantasmas del miedo se hacen hueco en un presente sin futuro, seguirán alborotando si no se gestionan. Y los fantasmas del miedo no se superan si se enfrentan en solitario.

Aún hay esperanza para que el mundo grite. Seguro que algunas/os de los que leen estas líneas tienen un pensamiento que no les deja dormir. Un fantasma perturbador que recorre su vida. Lo mejor que se puede hacer es expresarlo con quien quiera, contar el miedo. Con su confidente, con su pareja, con su familia. Comunicar el miedo es siempre mil veces mejor que recurrir a un libro de autoayuda. Nadie supera sus perturbaciones solo. Y ahora dime, ¿cuál es tu miedo?

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