¿Afecta el capitalismo a nuestra salud mental?

Hemos empezado a hablar mucho de salud mental, aunque ya estábamos cucú antes de la pandemia.

11 febrero 2022 ·
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La covid-19 puede que nos trajera restricciones, aislamiento, toques de queda o prohibiciones. Pero la incertidumbre siempre estuvo aquí. Junto a las pérdidas de empleo y las crisis económicas, que dejan un miedo al futuro al que ya nos enfrentábamos antes. Solo ha salido de debajo de la alfombra porque ya teníamos demasiado polvo acumulado. Hablamos de salud mental.

Enfermedades como la ansiedad o la depresión y el aumento del índice de suicidios, son algo ya más que evidente. Y es que también hemos empezado a hablar mucho de salud mental, aunque ya estábamos cucú antes de la pandemia. ¿Hasta qué punto el sistema capitalista nos afecta en nuestra salud mental?

Pero no estoy aquí por el drama. Vamos a ver la parte positiva de que la salud mental de muchas de nosotras haya hecho crack y se haya vuelto algo mainstream. ¿El sentimiento de colectividad? No. Haber salido todas de nuestros armarios emocionales. Al sentimiento todavía no hemos llegado. ¿Llegaremos antes o después de descubrir que el sistema es uno de nuestros principales problemas?

Si bien ya reflexioné sobre la salud mental y los mensajes vacíos en mi anterior artículo No nos hemos vuelto mejores por hablar de salud mental, como persona que ha sufrido ansiedad y depresión quiero profundizar un poco más en la salud mental poniendo el foco donde me parece más necesario.

La salud mental es (según Wikipedia) el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural que garantiza su participación laboral, intelectual y las relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.

No conozco a nadie que no vea afectada su salud mental por el entorno social, familiar o laboral.

Si vamos al diccionario, dice que la Salud Mental incluye nuestro bienestar emocional, psicológico y social. También que nos afecta de la forma en la que pensamos, sentimos y actuamos cuando nos enfrentamos a la vida. Y también ayuda a determinar cómo manejamos el estrés. Nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones.

Bajo esta definición tan concreta de salud mental. ¿De verdad hay alguien que se sienta identificada? Creo que literalmente no conozco a nadie con estas etiquetas, porque no conozco a nadie que no se vea afectado por el entorno social, familiar o laboral. Normal que 1 de cada 4 personas tengamos o vayamos a tener problemas de salud mental, ya que han crecido los cuadros de ansiedad y depresión.

Se estima que ha habido un aumento del 10% en pensamientos suicidas. Especialmente en jóvenes, de los más afectados por las secuelas psicológicas de la pandemia. ¿Pero cuáles son esas secuelas? Lo que les espera a medio plazo es una peor salud mental. Habilidades sociales poco desarrolladas (como si no fuera bastante ya con las redes sociales) además de pérdida de poder adquisitivo.

Claro que es normal que aumente el índice de suicidios en personas jóvenes. Porque están viendo que esto no hay por donde cogerlo y cada vez es más que evidente. ¿Por qué 1 de cada 3 adultos tenemos que vivir con la ansiedad y 1 de cada 2 jóvenes lo mismo? ¿Podemos empezar a hablar de que existe un problema social real de base a causa de este sistema maravilloso que tenemos, o todavía nos tenemos que callar?

Se estima que ha habido un aumento del 10% en pensamientos suicidas, especialmente en jóvenes.

Metiéndonos un poquito más en materia, vemos que la clase social es un factor más que evidente. No es de extrañar que las personas en riesgo de exclusión y más precarizadas sufriesen ataques de pánico (30%). Se sintiesen excluidas socialmente (25%). Y no pudiesen controlar su preocupación (55%) durante el estado de alarma y hasta hoy.

Las clases más bajas y sin apenas recursos, no se pueden permitir una terapia bien hecha. Porque igual para solucionar tus problemas en la cabeza, necesitas invertir 60 euros a la semana que no tienes. Cuando la otra alternativa por la seguridad social, son una sesión de 20 minutos cada dos meses y una lista de espera de las que nos gustan aquí, ¿qué nos queda? Pastilleo.

En España estamos a la cabeza en consumo de ansiolíticos y depresivos. Se está medicando a la gente por encima de sus posibilidades, como si la medicación fuese la solución a todos los males, pero no se nos está dando las herramientas psicológicas para una buena salud mental. La medicación es placebo, funciona en muy pocos casos y sin un acompañamiento psicológico completo, no hace que mejoremos. Y lo que se les está diciendo a estas personas que no pueden permitirse una terapia, es que su única solución es mal medicarse.

Claro, todo esto viniendo de estigmatizar la salud mental porque somos todas unas locas. Es más fácil eso que no rascar la superficie y seguir hablando de salud mental como un concepto vacío, sobre si estar triste está bien o si no podemos permitirnos estar mal. Tenemos que dejar de estigmatizar a la gente con algún tipo de trastorno.

¿Podemos empezar a visibilizar las cosas pero bien? Sería genial que cuando hablásemos de salud mental, lo hiciéramos también de los motivos reales por los que se estima que un 25% de las personas tendrán problemas de salud mental a lo largo de su vida. Con datos como que el 40% de la población en España padecemos de ansiedad y/o depresión, deberíamos empezar a tomarlo más en serio.

Es la discapacidad más frecuente y tiene múltiples causas. Si nos vamos a los datos que tenemos en España, los problemas laborales tienen mucho que ver de forma directa con los trastornos de ansiedad que tenemos. #Hagstag Basta ya de culpabilizar a las víctimas.

Que no puede ser que a día de hoy se siga hablando de forma despectiva de las personas que tienen una baja laboral larga por depresión, estigmatizando y criticando si hace vida o si va a tomar una cerveza, pero lleva un año de baja por depresión. ¿Qué tal si dejamos de meternos en las vidas ajenas y paramos de tener una opinión para todo y tener en los básicos, un poco de empatía?

Cuando estás depresiva, la mejor medicina es intentar hacer tu vida normal e intentar que no te afecte todo y entrar en crisis. ¿Encima nos queréis encerradas en casa? Si un día me siento bien y quiero salir con mis amigas a celebrar que hoy he salido del pozo, tengo que hacerlo porque me ayuda. Lo que no me ayuda es que hagas de jurado de la patronal sin tener ni idea de lo que estás hablando, porque igual esa persona tiene una baja por ansiedad por la presión que le meten en su puesto de trabajo, o una depresión post parto de la que no sale, o mil movidas que no somos capaces de tragar.

No puede ser que a día de hoy se siga hablando de forma despectiva de las personas que tienen una baja laboral larga por depresión

Lo peor de todo es que lo hacemos, tragamos y nos atragantamos. Como nos hemos tragado la estúpida creencia de la realización a través del trabajo, de nuestra productividad. Ya no para nosotros, sino para el sistema. Que estamos tan alineados con él, que ni siquiera nos paramos a pensar el motivo por el que nos estamos medicando. Y debería preocuparnos si la primera cosa que se nos viene a la cabeza es si seguiremos siendo funcionales con las pastillas. Ya no efectos secundarios o posible dependencia en un futuro, nuestra principal preocupación es si seremos menos funcionales (aka productivos) y nos afectará en el trabajo. Como si la culpa fuese nuestra y necesitáramos más horas al día cuando lo que necesitamos son menos horas de trabajo a la semana.

Todo esto me lleva a reflexionar varias cosas. La primera y la más importante es que los autocuidados incluyen muchas cosas, también incluyen parar por un momento cuando no estamos bien y dejar de lado todo lo demás, aunque sintamos que no podemos hacerlo. Y no lo digo desde el privilegio de una persona que puede permitirse no trabajar, lo digo como persona que ha lidiado con la ansiedad y la depresión.

Que está muy bien ir de fuertes por la vida, pero a veces la única manera que tenemos de curarnos es echar el freno. Que permitirse estar triste y llorar está bien, pero está mejor no exigirnos tanto y aceptar que somos vulnerables. También hay que ser valiente para pedir ayuda y buscar recursos.

Y cabrearnos mucho, pero siempre hacia arriba. Basta ya de poner las cosas bonitas con eufemismos como fatiga pandémica, como concepto para romantizar las enfermedades mentales que nos ha causado y que ya teníamos. Y no, no es así. La sociedad necesita que esto se tome como lo que es, una enfermedad de riesgo, carente de profesionales y demasiados tiempos de espera. Ya no se puede seguir esperando.

¿Por qué no se han dotado de recursos de adaptación al sistema sanitario para la salud mental?

¿Por qué a casi dos años de iniciarse la pandemia todavía no se han dotado de recursos de adaptación al sistema sanitario para la salud mental? Si ya sabíamos que esto iba a pasar, ¿qué hizo exactamente el estado? Para ponernos en situación con un titular, priorizar nuestro tiempo en ser productivos para el capital, quitándonos no solo el ocio sino también el contacto. ¿Cómo no vamos a tener fatiga si después de estos dos años, lo único que hacemos y se nos permite hacer, es producir para el sistema?

Hasta qué punto está relacionado el alto coste que ocasionan las enfermedades mentales con que hayan estado ignorando este tema hasta ahora, que ya parece demasiado tarde. Se llevan años silenciando los suicidios como un tabú, como si hablar de ello fuese a llevarnos a un suicidio colectivo, cuando en realidad no haberlo atajado todos estos años nos ha conducido hasta aquí. Y el aquí son 11 muertes diarias por suicidio que no se están evitando.

a mierda de sistema neoliberal y capitalista que está acabando con la poca salud mental que nos quedaba, y que claramente no funciona? Y si no funciona y no nos deja funcionar, empezar a hacer las cosas de otra manera es una obligación.

¿Podemos dejar ya de hablar de salud mental como algo abstracto e irnos a la raíz del problema, que es la mierda de sistema neoliberal y capitalista que está acabando con la poca salud mental que nos quedaba, y que claramente no funciona? Y si no funciona y no nos deja funcionar, empezar a hacer las cosas de otra manera es una obligación.

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