Así influyen las casas de apuestas en la salud mental de los jóvenes

Lo que vivimos en nuestra adolescencia y juventud es algo que nos marca de por vida y puede condicionar algunos aspectos de la fase adulta.

16 abril 2021 ·
Compartir
casas_de_apuestas_binary

Ilustración de Eva Bee

No olvidemos que, durante esta fase vital, el cerebro todavía sigue en desarrollo y de su evolución favorable depende nuestra salud mental. Es por ello que los hábitos que adquirimos pueden favorecer o entorpecer nuestro desarrollo como adultos. Esto no es nada nuevo, pero el modelo de ocio de las casas de apuestas y los salones de juego entre la población juvenil sí que parece haber crecido en los últimos años.

Este nuevo ocio con potencial adictivo no es mejor (ni peor) que la apología del consumo de drogas que muestran Yung Beef o C. Tangana en su música, pero el problema no es el mensaje ni el mensajero, es quien lo recibe y la interpretación que hace de él.

La interpretación más inmediata (la cual caracteriza a mas personas durante la adolescencia), es la validación y normalización de un negocio que cada vez está más presente en nuestros barrios y ciudades. Cuando algo se normaliza, no se cuestiona, ni sé crítica, solo se asume ciegamente y acaba formando parte de nosotros, como un elemento cultural más de nuestro contexto.

La interpretación más inmediata (la cual caracteriza a muchas personas durante la adolescencia), es la validación y normalización de un negocio

Todo esto se resume en que podemos (y debemos) jugar con el dinero, ya sea físicamente o a través de internet, a través de apuestas sobre partidos de futbol, baloncesto, tenis, carreras de galgos, caballos, ruletas, boxeo, máquinas tragaperras y, prácticamente, toda situación en lo que puedan resultar más de dos posibilidades.

Los datos de la última Encuesta Sobre el Uso de Drogas en Población de Educación Secundaria (ESTUDES 2018-2019) muestran otras conductas con potencial adictivo. Como es el uso de internet o las apuestas en juegos de azar. No se debe olvidar que la ludopatía es un problema real y se establece mediante la habituación y normalización de conductas relacionadas con las apuestas y los juegos de azar. Además de otros factores que contribuyen a su instauración. 

El 10.3% de los estudiantes de 14 a 18 años ha jugado dinero en internet alguna vez en el último año (6.4% en 2017), con una diferencia significativa en función del género: 17,4% entre los chicos y 3,6% entre las chicas. El 22,7% de los entrevistados ha jugado dinero fuera de internet (casas de apuestas o similares) en los 12 meses anteriores a la encuesta. Se observa un patrón de género similar: 30,7% en el caso de los chicos y 15,3% en el de las chicas. 

Todos estos datos pueden ser interesantes, pero son insuficientes para conocer la realidad de las personas que juegan o apuestan.  

Me pregunto si hay factores que motivan la proliferación de salones de juego y casas de apuestas,

Comienzan a surgirme preguntas sobre qué tipo de perfil suele acudir por allí. Aunque una vez fui a la casa de apuestas de mi pueblo porque mis colegas querían echar una ruleta y podría hacerme una idea. También me pregunto si hay factores que motivan la proliferación de salones de juego y casas de apuestas. Así que busco a un colega psicólogo, Bruno Cortés, que trabaja en una asociación de personas con perfil de juego patológico, además de realizar un doctorado sobre ello.

Bruno me comenta que, al principio, todo el mundo son jugadores sociales. Se trata de un fenómeno de socialización que, a pesar de estar restringido hasta la mayoría de edad (como las drogas legales o la pornografía). Muchos lo asumen como propio de su contexto, lo cual se convierte en la realidad actual.

Entre las posibles explicaciones, me dio unas claves en cuanto a este fenómeno: “los adolescentes son más vulnerables frente a estas actividades debido a que su cerebro, concretamente, la parte prefrontal, todavía está sin formar completamente. Esto se traduce en que suelen ser más impulsivos, planificar menos, y valorar menos riesgos. Todo ello favoreciendo una automatización de la conducta de juego o apuestas.”

Después de esto, empiezo a entender mejor el mecanismo de las casas de apuestas, pero me surge la duda de cómo aparece el problema con el juego

La clave de esta relación cerebro – capacidad – conductas de juego, reside en la necesidad de estas capacidades para poder jugar (y saber cuándo retirarse). En el perfil adolescente suele ser algo que no ha madurado completamente, ya que en esa etapa no se suelen poseer dichas capacidades. El cerebro tiene muy consolidadas las redes que motivan hacia la acción, pero no están igual de desarrolladas aquellas que inhiben las conductas o nos informan de la peligrosidad o los riesgos de una conducta o situación concreta. Tampoco se tienen experiencias vitales que confirmen dichos riesgos, por lo que es un momento ideal para cagarla de innumerables formas. 

El marketing que presentan algunos espacios, con precios de comida y bebida más barata, o los “sport bar”, donde podrás ver el partido, hacer una apuesta y cenar con tus colegas en 20m2. Son estrategias que pretenden favorecer la instauración de un modelo de ocio juvenil que ya empieza consolidarse.

Después de esto, empiezo a entender mejor el mecanismo de las casas de apuestas, pero me surge la duda de cómo aparece el problema con el juego. Cuál es el proceso que surge en el cerebro para que una persona pierda el control con el juego. Spoiler: tiene muchas cosas en común con las drogas.

Hablando con Bruno, me dio la siguiente definición de juego: “El juego patológico se definiría como un patrón de conductas de juego o apuestas de forma repetitiva que se mantienen en el tiempo a pesar de las consecuencias negativas. La principal característica es la incapacidad de frenar dichas conductas, lo cual supone un bucle destructivo para la persona”.

Existen 3 fases comunes a todas las personas que presentan un problema con el juego.

Llega un momento en el cual se empieza a ser consciente de que hay pérdidas o hay casos en los que se necesita recuperar el dinero. Algunas personas se vuelven más competitivos y comienzan estrategias para intentar controlar las ganancias y las pérdidas. 

Además, sesgan su experiencia por las buenas rachas, olvidando las malas y viéndose obligados a realizar otras conductas como puede ser robo de dinero o solicitar préstamos que no pueden pagarse. De esta forma, se automatizan las conductas de apostar o jugar, confiando (erróneamente) que cuanto más se juega, más posibilidades de ganar hay.

Me pregunto por el momento en el que la gente comienza un tratamiento, a lo que me comenta que, como muchas otras cosas en la vida, la clave suele estar en “tocar fondo”. Se puede tocar fondo de muchas formas, pero respecto al dinero, las posibilidades son infinitas. Aunque los robos económicos reiterados y de cantidades variables a familiares, suele ser el elemento principal, junto con el aislamiento social. A pesar de empezar a ser conscientes, sigue presente una creencia ilusoria de que pueden recuperar lo perdido si consiguen dinero.

Existen 3 fases comunes a todas las personas que presentan un problema con el juego. La gente acude al tratamiento cuando se encuentra en la tercera fase, porque ya ha pasado por las dos anteriores.

Además, sesgan su experiencia por las buenas rachas, olvidando las malas y viéndose obligados a realizar otras conductas

La primera es la fase de ganancia o “Suerte del principiante”. En esta fase se genera la relación “apostar = dinero fácil”, da igual donde apueste. Esto es relativamente cierto, hay gente que gana mucho apostando poco. Pero el problema reside en que para personas con experiencia en el juego que lo han vivido personalmente, es difícil deshacer esta relación cuando se presentan problemas de dinero. 

Cabe destacar que la gente suele preferir apuestas en las que, por poco dinero, puedes ganar mucho. Dichas apuestas tienen un margen tan alto por la escasa probabilidad de ocurrir. 

La segunda fase es la fase de pérdida. Después una experiencia de juego relativa, y de la férrea asociación “apuestas = dinero fácil” “dinero = poder”. Se empieza a experimentar que no siempre se gana. A esto le surgen pensamientos racionales como “era imposible ganar siempre”, o “después de una mala racha viene una buena racha”, o reflexiones con la justificación de “si sigo jugando, lo recupero”. A nadie le suele gustar que los demás le consideren un perdedor, por lo que la gente empieza a mentir o a jugar de forma individual. Aislándose de su entorno, en un intento de controlar su reputación y así poder contar a sus colegas que gano 3 veces, aunque perdiese 17.

Después una experiencia de juego relativa, y de la férrea asociación “apuestas = dinero fácil” “dinero = poder”. Se empieza a experimentar que no siempre se gana.

En esta fase también se empieza a destinar más recursos al juego. Se estudian las ligas mundiales y sus jugadores, estadísticas y demás factores que puedan influir en potenciales apuestas. Se amplían categorías, deportes y juegos en los que apostar, además de comenzar a interesarse por sus noticias y demás aspectos a tener en cuenta a la hora de apostar. Como me decía Bruno, en esta fase nadie recapacita sobre el dogma: “la casa siempre gana”.

La tercera es la fase de desesperación. En esta fase, la gente suele haber contraído deudas importantes, incluso a perderlo todo, o ambas cosas. Se caracteriza por la necesidad de conseguir recuperar lo perdido a través del juego, asumida de forma solitaria y mediante métodos tanto legales como ilegales. En el caso de hombres, suele recurrirse a jornadas laborales de 16 horas, o venta de drogas, en el caso de mujeres, la prostitución suele ser una forma de conseguir dinero. Para ambos casos el dinero es para jugar, no para pagar sus deudas. 

Para esta fase también suelen aparecer síntomas como ansiedad, irritabilidad, insomnio, y desconexión del entorno, debido, entre otras cosas, a la dedicación total de su tiempo al juego. Entre ese bucle de conductas y la sintomatología que lo rodea, salir de esta situación es muy difícil para cualquier persona sin ayuda externa.

En conclusión, creo parece necesario un estudio profundo del tema a nivel social e individual. Preguntarse por qué se juega ahora más que antes o si se juega igual, pero ahora es más visible. Por qué se está normalizando esa forma de ganar y perder dinero y quiénes son los dueños de esos negocios. Otras preguntas más personales, aunque quizás más oportunas para quien está leyendo, son cuánto tiempo paso en el salón de juego al mes. - Cuánto he gastado en apuestas o si alguien de mi entorno puede estar en alguna de las fases de evolución del problema del juego. Me apuesto lo que queráis a que alguno conocéis.

Compartir

    Artículos relacionados