Millenials, de ser la generación mas mimada a la más precaria

Fuimos niños en la época más boyante de la historia de España y, a nivel material, probablemente la más mimada. Crecimos en un país...

15 mayo 2020 ·
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Fuimos niños en la época más boyante de la historia de España y, a nivel material, probablemente la más mimada.

Crecimos en un país dónde todo el mundo tenía piso y coche y eso nos dio alas para soñar más fuerte que ninguna generación anterior. Y soñamos.

Soñamos con trabajar en cosas que nos gustaban, estudiamos carreras de esas que nuestros padres y madres llamaban “marías” porque eran materias que nos llenaban por dentro, aunque nos avisaron de que no nos llenarían los bolsillos. En la época del dinero fácil no tenía mucho sentido partirse los cuernos estudiando una ingeniería para asegurarse el futuro cuando veíamos a peones de obra en BMV´s. El dinero estaba ahí, así que nos centramos en buscar la felicidad. No me malinterpretéis, creo que ese debería ser el objetivo de cualquier sociedad. La España de principios de milenio es a lo que todo país occidental debería haber aspirado, hasta que afloraron los pufos éramos un país maravilloso.

Pero esa estabilidad que nos permitió soñar tan fuerte resultó ser también un sueño y, como ocurría en Origen, al despertar del sueño nuestra economía nos despertamos irremediablemente todos los demás. Los jóvenes sin formación se vieron en un paro de pesadilla, mientras que los que acababan la carrera no encontraban otra cosa que prácticas no remuneradas. De ver a nuestros mayores ganar mucho por cualquier trabajo nos encontramos nosotros partiéndonos el lomo a 0€. El despertar más duro de la historia.

De ver a nuestros mayores ganar mucho por cualquier trabajo nos encontramos nosotros partiéndonos el lomo a 0€. El despertar más duro de la historia.

Cambiamos el sueño por trabajo. Nunca nos lo reconocerán, pero le echamos mucho coraje a la crisis. Emigramos como no se hacía desde la Guerra Civil, vimos a arquitectos servir hamburguesas, a científicos petarlo en otros países, emprendimos… Dimos la cara muy bien. Vale que no lo hicimos siempre con una sonrisa, pero teníamos derecho, el mundo fue el que nos mimó así que me parece justo que nos escuchara también quejarnos.

Mientras esta situación era aprovechada por nuestros mayores (porque no olvidemos que los dueños de empresas, jefes y gobernantes son también nuestros mayores) para generar empleo precario y condiciones cada vez más desfavorables para nosotros y mejores para ellos, nosotros seguimos trabajando. Seguimos echando horas extras no remuneradas, viviendo de cuatro en cuatro para independizarnos, abandonando nuestras casas en busca de trabajo por España o Europa. Y todo esto sin dejar de soñar.

Pero soñamos diferente.

Si la época de vacas gordas nos había hecho crecer pensando en nuestra felicidad individual, la crisis nos enseñó a pensar en colectivo. Buscamos atajos para poder vivir tan bien como pudiéramos y creamos la economía colaborativa. Empezamos a compartir coches, a comprar ropa de segunda mano y a recuperar la huerta. Le quitamos valor al dinero, porque no lo teníamos, y empezamos a dárselo al grupo.

Le quitamos valor al dinero, porque no lo teníamos, y empezamos a dárselo al grupo.

Y ahora que nosotros somos más mayores, somos los que estamos sosteniendo el país en hospitales, en la calle como policías, quedándonos en casa a pura videollamada y aplaudiendo cada tarde. Porque seguramente hayamos sido la generación más unida de España, y mientras las generaciones anteriores y posteriores parecen estar a otra cosa nosotros seguimos soñando.

Soñando con hacer las cosas mejor, soñando juntos para que nadie tenga que pagar el precio de la individualidad y el egoísmo del beneficio propio.

Ese precio ya lo pagamos nosotros con nuestros sueños.

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