Crisis económica y Covid-19, nuestra generación camina hacia el abismo

La generación Millennial y la generación Z son las más desafortunadas en términos de crisis económica. La pandemia global de COVID-19 ha costado la...

9 julio 2020 ·
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La generación Millennial y la generación Z son las más desafortunadas en términos de crisis económica.

La pandemia global de COVID-19 ha costado la vida, hasta el día de hoy, a más de medio millón de personas en todo el mundo. Alrededor de 30.000 vidas en España. Las medidas de prevención y aislamiento han resultado ser eficaces para la reducción de la incidencia de SARS-CoV-2 en la población. Unas medidas completamente necesarias que inevitablemente conllevan perjuicios económicos a corto y largo plazo. Por encima de la economía siempre debe estar la vida, y, por ello, esta última siempre debe ser priorizada frente a cualquier otro factor. No obstante, es observable la que se nos viene encima o la que ya tenemos encima. Una crisis económica inimaginable que hará caminar sobre el borde del abismo a la generación que se incorpora a la vida adulta.

Comenzábamos nuestra adolescencia con la mayor crisis económica desde el crack del 29. Nos sonaba raro. Solo escuchábamos las noticias y no sé qué de la prima de riesgo. Veíamos desahucios y manifestaciones diarias. Lo hacíamos con la esperanza y el convencimiento de que aquella crisis se habría disipado para cuando nuestra generación se incorporara a la vida adulta. Pero la vida puede sorprender. Hace seis meses jamás imaginábamos que se produciría la mayor crisis sanitaria de la era moderna y con ella la mayor recesión económica en 100 años. Una nueva crisis económica que, de nuevo, afectará profundamente a la generación de los 90. Una crisis que nos hace caminar al borde del abismo.

Veíamos la crisis de 2008 como un mal trago que para entonces apenas nos afectaría.

El impacto sobre esta generación y sobre el pueblo en su conjunto dependerá de cuánto dure y de cómo se gestione la crisis. Si la solución pasa de nuevo por rescatar bancos con dinero público y recortar servicios públicos, empecemos a decir adiós al futuro. Si la solución pasa por rescatar a las personas, garantizar la calidad de los servicios públicos y no dejar a nadie atrás, veremos un ápice de esperanza. El capitalismo es cíclico y se encuentra en un estado natural de crisis sistémica crónica. Este modelo económico depredador basado en la desigualdad y la acumulación de capital siempre tendrá crisis económicas que abrirán más y más la brecha de la desigualdad. Unas causadas por desconfianzas y acumulación descontrolada y otras por pandemias globales. Es un modelo insostenible con la vida e incapaz de gestionar crisis.

Con un paro juvenil desorbitante y unos empleos precarizados – fruto de las consecuencias de la crisis de 2008 y de su gestión neoliberal y austericida –, la generación de los años 90 sufrirá y sufre más dificultades económicas y laborales que la de sus padres. La emancipación se retrasa, así como la edad a la que se tienen los hijos, y con ello la tasa de natalidad se reduce. Empleos más flexibles e inseguros, más precarizados e inestables. Las esperanzas de superar el nivel de vida de los padres se reducen a la mínima expresión en un futuro incierto. La generación corre el riesgo de convertirse en una generación perdida. Vamos caminando poco a poco hacia el abismo.

Si la solución es rescatar a las personas tendremos un motivo para la esperanza.

Frente a la dura realidad de los hechos. De una crisis que golpeó sin piedad. Todavía nos queda ver cómo y durante cuánto nos golpeará esta nueva crisis. Algunos economistas hablan de un impacto sin precedentes y desastroso, otros de un fuerte impacto pero de una rápida recuperación. Creo que nuestra generación, más puesta en un consumismo inmediato, no deja muchas esperanzas en un futuro personal idílico. Pero creo que nos lo tomamos con un sano humor, no queda otra.

Que superemos el nivel de vida de nuestros padres o no dependerá de cómo se gestione la barbarie. Acabar siendo una generación dañada o perdida depende de si se apuesta o no por nosotros. Sucumbir al fondo del abismo o no dependerá de si construimos comunidad, de si construimos lo público y de si se apuesta por la vida y el bienestar frente a la voracidad depredadora de las oligarquías conservadoras y del capital financiero. Podemos apostar de que si no hay políticas públicas que defiendan y garanticen la calidad de vida de un pueblo joven, se llenarán las calles de la rabia e indignación de una generación golpeada por la mala suerte y por la gestión homicida.

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