El peor trabajo de los 2000 sigue existiendo hoy. Captadora de fondos; precariedad humillación y engaño

Diez años después, la misma precariedad laboral. Corría el verano de  2010, tenía 16 años, sentía que me iba a comer el mundo. Estaba...

25 marzo 2020 ·
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Diez años después, la misma precariedad laboral.

Corría el verano de  2010, tenía 16 años, sentía que me iba a comer el mundo. Estaba cansada de depender económicamente de mis padres así que decidí buscar mi primer trabajo.
Tras largas búsquedas en Infojobs, me llamaron de una empresa. Hice la entrevista acompañada de mi madre, a los 16 años necesitas el permiso parental para trabajar.

No me quedó muy claro a lo que me iba a dedicar exactamente pero que más daba, iba a ser un trabajo remunerado.

Tras la entrevista nos hicieron firmar el contrato, como estaba muy ilusionada mi madre firmó. Nos dijeron que empezábamos al día siguiente.
Estaba contratada por 4h al día, yo elegía los días de trabajo y el turno. El salario base era de 4€/h + incentivos

Llegó el gran día, mi primer trabajo de verdad, con contrato laboral legal y con nómina. A los cuatro nuevos nos pasaron un video sobre lo que hacían allí, se dedicaban a ayudar a personas mayores sin ningún tipo de recurso. Nos explicaron la estructura de la empresa y las posibilidades de crecer rápidamente, parecía fácil.

Nos asignaron un instructor, sería nuestro guía por 2h.
Ahí empezaron los dos peores meses que recuerdo en mi vida laboral.
Salimos a la calle en grupos, con una carpeta y bolígrafos.

Aquello que habían pintado tan bonito, resultaba ser una ONG y nosotros, los captadores.

 

Estuve 2h viendo como mi instructor se acercaba a la gente y no hacía más que recibir contestaciones despectivas. A veces, algún viandante se paraba a escuchar…
Se me hicieron dos horas muy largas. Consiguió que dos personas se hiciesen socias.
Las estrategias eran “es lo mismo que un paquete de tabaco”,“ es un cubata menos al mes, ayudas a los necesitados y ganas en salud”, “puedes donar de 2,5€ al mes a lo que quieras”, “ todo el mundo quiere ayudar a los niños pero, ¿quién piensa en los mayores?”…

Llegó mi turno. Tenía dos horas para conseguir pasar el periodo de prueba haciendo un socio.
El único consejo recibido fue aparecer enérgicamente ante los posibles socios.
Me quedé en shock, intenté repetir las estrategias de mi instructor pero no lo conseguía. La gente reaccionaba de manera distinta, algunos no tenían tiempo para pararse, muchos evitaban el contacto visual, algunos decían que no hablaban el idoma, otros se reían o contestaban indignados que les paraban cada día…( Si, era la típica pesada que en el centro te saltaba diciendo “Hola! ¿Tienes un minutito?)

Os adelantaré que no conseguí un solo socio.
Uno de mis compañeros consiguió dos socios y, supongo que le caí en gracia porque me regaló uno.
Feliz con mi socio, y un nuevo amigo, volví a la oficina donde entregué la hoja rellenada del socio.

Una vez validados sus datos bancarios del nuevo socio, ya tenía oficialmente trabajo.

Los siguientes días no fueron mejor.
A los nuevos nos asignaron en un equipo. Tuve la suerte de estar con el chico que me cedió el socio. Tener a alguien amable al lado hacía que el trabajo fuese menos hostil. Nuestro día a día era ir a la oficina, recibir una charla de motivación, salir a la calle, captar socios y volver.
Los grupos constaban de 5-6 personas y un supervisor. Un super que te machacaba constantemente. “ Llevas 1h y no has hecho socios”, “dejas pasar todas las oportunidades”,  “así no vas a llegar a nada…”

La realidad era que para cobrar los 4€/h tenías que hacer un socio si no, cobrabas la mitad. Para cobrar los incentivos tenías que hacer más de un socio, 3€ por socio extra. Para llegar a super tenías que hacer 20 socios en una semana.

Para mantener tu puesto de trabajo no podías estar más de dos días sin hacer un socio.

Con los días fui aprendiendo. Aprendí cómo sacar partido del asunto. Estaba claro que se me daba mal pero empecé a entender cómo funciona la gente.
Yo fumaba por aquel entonces. Siempre me acercaba a fumadores, si me decían que no tenían un minuto les decía “¿ Y un piti tendrías?” Y siempre te lo daban.

Igual hacia un socio al día pero me iba siempre con el paquete de tabaco lleno.

Si tenía problemas para hacer un socio, mi amigo siempre me cedía uno, el era un crack.

Pasó el verano y dejé el empleo. Me cansé de esa rutina, me cansé de cobrar 2€/h la mitad de los días, me cansé de estar machacada por los jefes y por los posibles clientes. Sobre todo me cansé de sentir que estafaba a la gente y que me estafaba a mi misma. Nunca supe que fue de mi amigo. A veces, cuando voy por el centro veo a los chicos con la carpetita y siento cierta nostalgia. Cuándo se me acercan siempre paro y les digo “yo estuve donde tu”.A cualquier persona que acepte un trabajo así, le digo déjalo, no vale la pena y con el tiempo lo verás

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