¿Por qué pedir deseos al 2022 no sirve de nada?

Los buenos tiempos y los deseos no llegarán por dar una vuelta alrededor del Sol, sino por nuestros actos y por agentes externos.

7 enero 2022 ·
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Entra un nuevo año. El 2022. La Tierra, la única casa que hasta ahora hemos conocido jamás, realiza una nueva rotación alrededor de su astro rey. Y, como todos los años, la humanidad se apiada en la superstición. En el deseo de años mejores. Cada año se inicia con esperanzas de mejora, pero se termina con deseos de abandono. El 31 de diciembre de 2022 todo el mundo estará deseando abandonar este año, mientras vuelve a pedir grandes deseos para el 2023. Es un bucle. Los “buenos tiempos” comenzarán a llegar para aquellas personas que empiecen por asumir que dar una vuelta al Sol no mejorará sus desgraciadas vidas.

En el momento en el que se pierde la racionalidad gana margen el atontamiento social. Cómo no va a estar el mundo en la situación que está si seguimos fiando nuestra suerte a dar una simple vuelta a una estrella. Como si por arte de magia, refugiados en un irracional determinismo, las cosas al final nos acabaran por salir bien. Hay una arraigada creencia, casi innata, de que al final siempre, a todas y todos, les llegará aquello de lo que socialmente carecen: trabajo, amor, felicidad, estabilidad, bienes materiales. Nadie está preparado para escuchar que, tal vez, a veces no es posible. No todo el mundo puede acceder a una estabilidad laboral debido a sus diversas condiciones de existencia no compatibles con el modelo criminal capitalista. No todo el mundo puede encontrar el amor con “esa persona”, ni alcanzar esa utopía llamada felicidad. Tampoco nada de esto tiene una interpretación universal. Y creer lo contrario es confiar en un determinismo cuasi-religioso e irracional.

Hay una arraigada creencia en un determinismo irracional y cuasi-religioso.

La gente debe asumir que su suerte depende de sus actos, pero, sobre todo, de agentes externos. No de si damos una vuelta al Sol o de si se alinean Plutón y Saturno. No pidáis deseos al 2022. La mayor parte de lo que nos construyamos dependerá de momentos o acciones que estarán fuera de nuestro control. Tiempos buenos no van a llegar, como mucho aspirad a tiempos menos peores. Pedir salud mental, estabilidad laboral o suerte en el amor no lo traerá la pseudocientífica ley de la atracción ni tu ferviente deseo por alcanzarlo, lo traerá tu perseverancia, la gente con la que te rodees e, incluso, quienes administren la vida pública. Depositarlo en esperanzas o deseos de año nuevo únicamente traerá decepción, desequilibrio y apatía fruto del cansancio acumulado en una carrera sin fin.

Siempre es mejor ser humilde y realista en las pretensiones, no esperar nada para no verse sorprendido o sorprendida a la hora de la derrota. No le pidáis nada al 2022, visto los años anteriores, mejor que el mundo se prepare para lo peor. Vuestra salud lo agradecerá. Frente al bombardeo masivo y criminal del positivismo irracional, paso corto y mirada larga.

Los deseos llegarán a través de nuestros actos y de agentes externos fuera de nuestro control, no por dar una vuelta al Sol.

El descontento social, la presión de las generaciones de padres y abuelos, el bombardeo de las redes sociales, atravesar dos crisis económicas y la mayor crisis sanitaria de la era moderna. Es normal que todo esto empuje a la gente a refugiarse en supersticiones y deseos. Recuperar la racionalidad y no caer en ideas sin fundamento, como el destino, es fundamental para frenar el atontamiento social y tirar la primera piedra que empuje a la gente hacia sus metas. Pero esto no evitará que el 2022 acabe siendo un año que la gente quiera abandonar.

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