Vivir en la nueva normalidad. Viajar ya no es una necesidad, migrar lo sigue siendo

Las sociedades occidentales y capitalistas hablan mucho sobre la necesidad de viajar. Me gusta viajar y, aunque no he viajado mucho, para mí viajar...

2 mayo 2020 ·
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Las sociedades occidentales y capitalistas hablan mucho sobre la necesidad de viajar.

Me gusta viajar y, aunque no he viajado mucho, para mí viajar significa descubrir y aprender. Cada vez que viajo me doy cuenta de que solo sé que no sé nada. Sin embargo, no creo que viajar sea una necesidad para las personas que vivimos en sociedades privilegiadas en las que tenemos la suerte de poder viajar por ocio.

Pero para otras personas viajar sí es una necesidad. Realizan viajes muy largos, atravesando diferentes países, cruzando desiertos, montañas y selvas. También atraviesan mares y fronteras peligrosas. Algunas llegan a sus destinos y otras muchas no. Algunas son obligadas a volver a sus países de origen y otras muchas no regresan jamás.

Cuando estas personas llegan a sus destinos, no se encuentran con un magnífico “resort” con todo incluido, ni con la protección de un país que les acoge con los brazos abiertos porque vienen a gastarse el dinero. Solo encuentran la violencia policial, el desamparo y la calle. Algunas de estas personas son recluidas en cárceles especiales, llamadas CIES, dónde se les priva de libertad por no haber cometido ningún delito, salvo el de luchar para sobrevivir.

Las que tienen la suerte de poder trabajar, lo hacen en condiciones precarias y lamentables.

No encuentran demasiadas sonrisas ni amabilidad, pero sí encuentra demasiado rechazo y muchos prejuicios. Aun así, la mayoría de estas personas no pierden las ganas de luchar, ni siquiera de ayudar.

Muchas de ellas, en tiempos de crisis, se encargan de hacer mascarillas para proteger a la misma gente que les criticaba y rechazaba; otras cerraron sus negocios, en los que trabajaban más de 14 horas al día, por miedo a que les hicieran culpables de generar esta misma crisis; otras muchos cuidaron de los ancianos de aquellas familias que antes les menospreciaban.

Estas personas no son viajeros, ni turistas: Son migrantes. No realizan un viaje, realizan un éxodo. Y no salen de sus países por sentir la necesidad de divertirse y de desconectar, sino por la necesidad y el derecho de vivir en paz.

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