Mi vida explicada entre Navidades y bragas rojas

Navidad, bragas, acción Hace unos días en una fiesta un tipo con camisa vintage que hacía el esfuerzo por bailar contemporáneo, me propuso escribir...

31 diciembre 2019 ·
Compartir
binary-laura

Navidad, bragas, acción

Hace unos días en una fiesta un tipo con camisa vintage que hacía el esfuerzo por bailar contemporáneo, me propuso escribir sobre la Navidad. –Necesitamos hablar sobre la Navidad. No tenemos un chavo, pero las cosas cambiarán –dijo.  Yo estaba en mi pompa de trance intentando salir de la nube de humo que tenía sobre y dentro de mi cabeza. –Podría empezar por mis bragas rojas.

Esto es el resumen desnutrido y vago sobre toda la cantidad de frases que escupimos esa noche: una conversación de lo más épica; esas en las que debería estar un técnico cambiando la intensidad de la luz; esas que deberían suceder en una mesa de madera de roble llena de druidas.

Por todo esto, dividir mis vivencias navideñas en capítulos, es lo más sensato que puedo hacer para que este artículo llegue al nivel de esas conversaciones con druidas y risas con la letra “O”.

La Navidad es mucha gente

Pamplona, Treinta y uno de diciembre del 2002. Todas las cabezas parecen tocar el techo lleno de cosas brillantes, y yo con el instinto de un pez me quedo embobada. Desde abajo veo sus barbillas, y me muevo entre sus bocas alegres con mi vestido de flamenca mientras toco una pandereta de luces fluorescente. Flamenca 3.0. Una yo de cinco años adelantada a un tiempo en el que Pokémon es un “must” y llevar un chándal de colores no es una moda sino una forma de vida.

Sigo moviendo mis volantes y las cabezas me acompañan cantando, y al fondo, la puerta de casa está semi abierta, por si aún queda alguien por entrar.

Existe el mute navideño

Sigo creciendo y descubro que la Navidad no es llevar un traje de folclórica con una peca falsa. Ese millón de personas que antes llenaban mi salón, ahora son marcos con fotos que llenan repisas.

En consecuencia, las sillas sobran y el sentimiento de sonido ensordecedor se echa en falta. Los vecinos de abajo ya no se quejan por el ruido del taconeo y sobra más comida porque nadie hace el esfuerzo de recalcular una cantidad para diez.

Sobreproducción de bragas rojas

Abro mi cajón y veo más bragas rojas. – Te traerán suerte –me repiten.

Rojo, Rojo, Rojo.

En Esa época, con esa edad y ese corte de pelo estilo tazón noventero, ya entiendo los chistes verdes, pero no son años suficientes como para saber por qué tengo unas bragas rojas cada año. Pregunto y la única respuesta es más ropa interior con diferentes formas, tamaños y dibujos, pero siempre roja. Me resigno y la llevo con la seguridad que una niña, ahora, de siete años, puede tener.

No todo vale

El tiempo vuela y la Navidad vuelve otra vez. Los anuncios de colonias y juguetes aumentan. Creo que existe un señor con bigote rizado organizando todos los anuncios del mundo; este está tan ocupado que se equivoca y los envía a la caja tonta erróneamente, creando un colapso en nuestras cabezas haciéndolas creer que necesitamos cosas contra-estacionales. Quiero mandarle una carta para decirle que los anuncios de juguetes deberían emitirse en verano: no hay clases. Y las colonias también: hace más calor y quizá, sea más útil oler bien.

Mamá, soy artista

Tengo diez años, entrecejo y mi compañero de viaje es un mp3 rojo metalizado. Esta es la descripción de una artista de la farándula navideña con un futuro prometedor, claramente; así que, participo en una obra de teatro del colegio. Interpreto el papel de una carnicera que va al portal de Belén para darle jamón al niño Jesús. Si ya me cuestiono el tema de la ropa interior, no entiendo por qué un niño concebido en el desierto por la gracia de una paloma, iba a querer jamón. Me aprendo el guion. Lo interpreto. Conozco el miedo escénico.

Diciembre, Miss Perfección

Cada Navidad mi consciencia se despierta un poco más. Veo a las personas intentar alcanzar una perfección ridícula incluso con las gambas, y se prometen cosas a sí mismas fuera de sus posibilidades; no paran de decir que el uno de enero es el comienzo, ¿el comienzo de qué? Me imagino a mucha gente entrando en pánico corriendo; tirándose panderetas a la cabeza, o lo que es peor, metiéndose polvorones en la boca para decir “Pamplona”. Debería hacer un kit de supervivencia, por lo que pueda venir: mi muñeco favorito y una Game Boy con el juego de Barbie espía serán suficientes para el apocalipsis de diciembre.

Hemos cambiado

Los siguientes años, mi cabeza no está solo llena películas navideñas cursis, bragas rojas y kits de supervivencia: guarda tradiciones, disfraces diferentes y funciones de teatro con más sentido; las repisas siguen con el mismo número de fotos y sé que es para recordar el ruido que ya no queda. Y el matriarcado que antes me sostenía con un traje de lunares, ahora lo hace metiéndome de pies a cabeza en sus tradiciones para de alguna forma, crear nuestra propia voz y no echar de menos otras.

Los siguientes años, mi cabeza no está solo llena de películas navideñas cursis, bragas rojas y kits de supervivencia: guarda tradiciones, disfraces diferentes y funciones de teatro con más sentido.

Felices fiestas. Espero que el año que viene alguien me explique lo de la ropa interior.

Compartir

    Artículos relacionados