La "moda" de los influencers rurales

Anita la Cortijera, Miquel Montoro o Jesús Miguel Martín Crespo son algunos de los influencers rurales más destacados.

19 febrero 2021 ·
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De izquierda a derecha: Anita la Cortijera, Finca la Maye, Jesús Manuel M C

Hace 10 años la palabra influencer empezaba a sonar en España, asociada a las redes sociales y por tanto la vida urbana. Entonces nadie podría imaginarse el término influencers rurales. A no ser que fuese en un sketch de José Mota o algo similar. Sin embargo, tras el calado social que han tenido las redes sociales y su expansión por todos los territorios posibles, cada vez son más las personas que crean contenido y ganan seguidores desde el medio rural.

Diez años después, nos encontramos con una realidad muy diferente: parece que lo rural está “de moda”. Muchos jóvenes especulan (sin llevarlo a cabo) con “volver al campo”, fruto de las condiciones de vida pésimas y alquileres abusivos de la ciudad. A la vez, muchas personas afincadas en zonas rurales se han transformado en influencers. Usuarios que consiguen cientos de miles de likes mostrando cómo ordeñan, dando tutoriales de hacer quesos o mostrando productos de matanza. Estos son los “influencers rurales”, personas de la España vaciada que muestran al resto de población cómo es el día a día de los lugares abandonados por el mass media. Increíblemente, este contenido, que hace 10 años sería “una frikada”, hoy en día aglutina a cientos de miles de seguidores. Ansiosos por ver cómo nacerán los potrillos o cómo se sacan las patatas de la tierra. 

Entre los influencers rurales más populares encontramos a Miquel Montoro.

¿Y quiénes son los influencers rurales? Entre los más populares encontramos a Miquel Montoro. Un adolescente mayorquín que se hizo famoso por sus pilotes (albóndigas), pero que acumula 624.000 seguidores en Instagram, y vídeos con más de 2.000.000 de reproducciones en YouTube. Entre sus contenidos podemos ver cómo hace zumo de naranja. Recetas con verduras de la huerta. Cómo se ara. Cómo saca a las ovejas o cómo pone a punto su tractor, entre otras cosas. Todo ello contado en mayorquín, para mayor “exotismo” del contenido. 

Otra influencer rural muy conocida es Anita la Cortijera. Ella también es adolescente (aún no ha terminado el instituto), afincada en Cantarranas, un pueblo de menos de 200 habitantes en Granada. Anita se hizo muy conocida por un vídeo en el que reprende a la gente de las ciudades por su comportamiento durante la pandemia. También hace poco publicó un vídeo en instagram que se hizo viral, hablando de su choto hermafrodita. Actualmente, tiene 64.830 seguidores en Instagram, los cuales ha recolectado a base de vídeos con sus chotos, abuelos, en la vendimia, con las almendras o en la huerta. En palabras suyas, ella se hizo Instagram para encontrar a un chico de otro pueblo al que conoció en un bar, pero del que no sabía el teléfono. 

Otra influencer rural muy conocida es Anita la Cortijera.

Entre los influencers menos populares son Erina Wild, con más visibilidad en YouTube. Que se mudó de la ciudad al campo y cuenta su vida allí, sus experiencias y da consejos a las personas que quieran seguir sus pasos. También habla de ecologismo, especismo y “Do It Yourself”. Finca La Maye, gestionada por dos hermanas jóvenes, de 24 y 23 años. Hablan de su día a día, de cómo gestionan la finca, los animales y su crianza y hacen tutoriales de cosas del campo. Ellas también provienen de una ciudad más grande, fueron al campo a pasar unas vacaciones en una finca familiar y decidieron quedarse. Actualmente, también se dedican a la producción y venta de aceite ecológico. Lucía Velasco, ganadera bovina que trata de visibilizar el trabajo de las mujeres ganaderas. O Jesús Manuel Martín Crespo. Ganadero de cabras extremeño que muestra su día a día, las labores del campo, los productos de matanza o los quesos que consume. Todo ello con una jerga propia, sentido del humor y algún que otro insulto. 

Todos los influencers rurales tienen algo en común: han hecho suyas unas herramientas, las redes sociales, creadas para otro contexto. Con un contenido atípico, han captado la atención de cientos de miles de fans. Sus seguidores son, o personas de ciudad que sienten una añoranza a la vida rural. O bien porque la han vivido o porque les resulta una vida “sencilla y real”. O personas también afincadas en entornos rurales, que se sienten interpelados por los contenidos.

Jesús Manuel Martín Crespo. Ganadero de cabras extremeño que muestra su día a día.

Entendiendo estos dos tipos de seguidores, y viendo el creciente interés por los influencers rurales, creamos un mapa muy peculiar de la población española. La podríamos dividir entre gente que vive en pueblos o muy cercana a ellos, y gente que los ha vivido en el pasado y los extraña. En España, somos una población fundamentalmente rural. Si nosotros no hemos nacido en un pueblo, probablemente lo hayan hecho nuestros padres. Estamos a tan solo 30 años de distancia de un país mayormente rural. Y aunque la mayor parte de la población se ha desplazado masivamente a las grandes ciudades, en sus recuerdos sigue la vida rural como aquel pasado añorado. 

Además de por nuestra familiaridad a las vidas que llevan, los influencers rurales desencadenan otras emociones en sus seguidores. Cada vez más gente asocia la vida rural con una sensación de paz. También con las terapias alternativas y una vida más “hippie” y feliz. Incluso algunos espectadores se relajan con estos contenidos, de manera similar a los vídeos de ASMR. Estos pensamientos idílicos del campo no tienen que ver mucho con su realidad: una vida esforzada, con mucho trabajo, pocas recompensas y 0 confort. 

Los vectores que aumentan la popularidad de los influencers rurales, están detrás de la idea latente en parte de la juventud de “volver al pueblo”. Como una alternativa a la precariedad, vida miserable y alquileres abusivos que ofrece la ciudad. Parte de las youtubers mencionadas han hecho esto. Como son Finca La Maye o Erina Wild. Y dan consejos para aquellas personas que desean seguir sus pasos.

Estamos a tan solo 30 años de distancia de un país mayormente rural.

Sin embargo, y como muestran en sus vídeos, la vida rural no es “tan idílica”. Tienes que lidiar con el aislamiento social, la autogestión, la desprotección ante fenómenos climatológicos y el trabajo del campo. Que, aunque parezca muy bonito, es muy duro, constante y fatal pagado. Por otra parte, la idea de volver al pueblo mediante el teletrabajo, tampoco es del todo realista. En la mayor parte de las zonas rurales de nuestro país, la conexión a internet es intermitente y deficiente. Debido a que las empresas de telecomunicaciones se han centrado en equipar aquellos núcleos poblacionales que les dan dinero, y no un pueblo de 500 habitantes con un 70% de personas sin ordenador. 

Muchos pueblos de nuestro país tampoco cuentan con supermercados, centros de salud, farmacias o simplemente acceso en transporte público. Esta situación es derivada del abandono de las administraciones públicas, de mentalidad centralista. Y del desinterés del sector privado por las zonas envejecidas, donde el consumo es mucho menor. 

El apogeo de los influencers rurales quizás traiga la repoblación del medio rural. Ahora bien, esto tendría que venir acompañado de políticas públicas y exigencias al sector privado, que facilitasen la vida en los lugares más olvidados del territorio nacional, a expensas de perder dinero. Y esto último, es lo más complicado de la balanza.

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