Esto es el Bitching, una forma de bulling "especial".

El bitching se podría definir en: Nadie pasa de esta esquina, aquí mandan “Las Divinas”.

26 abril 2019 ·
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La semana pasada quedé con una de estas colegas que ves de Pascuas a Ramos (casi nunca, pa´ los laicos) para ponernos al día. Y me enseñó un concepto que cambiará vuestras vidas: El bitching.  Resulta que estaba liándose con un chico majísimo, que estaba en el mismo punto que ella, que tenían gustos y aficiones en común… De cine, ¿no?

¡Y tan de cine! ¿Habéis visto la película “Isn´t it romantic?”? Si no, os la recomiendo encarecidamente. Se trata de una comedia que parodia las comedias románticas. Uno de los ingredientes principales a la hora de cocinar una comedia romántica es la malvada archienemiga que consigue sacarnos de quicio toda la película y hace polvo a la dulce, indefensa e inocente prota de la peli.

Menos mal que en la vida real tengo amigas que me defienden y no pajaritos que pían en la ventana a modo de buenos días o conejitos que me ayudan a limpiar el piso. Porque todos y todas hemos visto el nivel de bullying que sufren las protas de las comedias románticas por parte de la archienemiga Mari Mala Pécora. No me imagino a la cierva amiga de Blancanieves encarándose con la madrastra en plan “…Se te ocurra solo mirarla, ¡que te mato! ¡A mi sister no la toca ni Dios, mala pécora!”.

...todos y todas hemos visto el nivel de bullying que sufren las protas de las comedias románticas por parte de la archienemiga Mari Mala Pécora.

Bueno, a lo que iba, resulta que el chico con el que mi colega estaba teniendo un special affair estaba bastante codiciado. Existía una especie de pretendienta dentro de su grupo de amigos y amigas. Os ilustro la situación: mi amiga se había convertido en Patito Feo, el chico en cuestión es el codiciado Bruno  y la pretendienta y demás grupo de amiguis se convirtieron en Las Divinas (si no sabéis de lo que hablo, podéis tirar de YouTube o comprar una preadolescencia nueva).

Según me lo contaba:

AMIGUI: …Claro, yo no quería ir con ellos, porque… no…

YO: ¡TÍA! ¡PORQUE TE HICIERON MAZO BULLYING!

AMIGUI: No tía, eso no era bullying, ¡eso era BITCHING!

Qué maravilla, Bitching. Total. Mucho se ha hablado del bullying. Poco se habla del Bitching. Podríamos denominarlo como un tipo de bullying “especial”.

Voy a intentar describir esto. Muchos y muchas estaréis ya preparando las uñas, ¿eh? Chill, esperad hasta el final.

Mucho se ha hablado del bullying. Poco se habla del Bitching.

Nosotros, los seres humanos, cuando somos chiquititos hacemos como las crías de cualquier mamífero. Si alguna vez habéis visto el documental de La 2 con el objetivo de verlo y no de echar la siesta, habréis visto el de los leones (porque todo el mundo sabe que en La 2 echan cuatro docus: el de los leones, el de los bonobos, el de bichos y el de peces). Los leoncitos pequeñitos, igual que otras especies, juegan peleándose. Independientemente de si son machos o hembras. Esto propicia el desarrollo de las habilidades necesarias para cazar o luchar cuando sean adultos.

¿Cómo juegan los humanos chiquititos? Cuando era pequeña recuerdo que los chicos arreglaban así los conflictos. Cuando uno le quitaba al otro la pelota, se pegaban, abofeteaban y mordían hasta terminar llorando desconsolados. Después hacían las paces y tan amigos.

Ojo, atended a ese “y tan amigos” porque es muy importante.

¿Qué pasaba con las chicas? A las chicas no se nos tenía “tan permitido” pegar. Pongo el entrecomillado porque por supuesto pegar era algo que estaba mal, fueras niña o niño. Pero el nivel de violencia explícita tolerado en un niño era mayor que en una niña, al menos por parte de la mayoría de docentes. De hecho, si te pillaban pegando, te miraban como si un demonio te hubiera poseído:

“una niña pegando, que abominación, ¿estará bien de la cabeza? Supongo que sus padres se están divorciando”. El máximo nivel de violencia al que se nos permitía llegar era nivel “tirón de pelo”, y ya.

¿Qué pasaba con las chicas? A las chicas no se nos tenía “tan permitido” pegar.

¿Cómo eran entonces nuestros conflictos entre chicas cuando éramos pequeñas? Pues imagináos. No nos dejaban apenas tirar del pelo, nos las teníamos que ingeniar para poder mostrar nuestros enfados, ya fuera llorando, arañando, dejando de hablar a la niña de turno durante eones, haciendo “el vacío” a la que tocara del grupo…

Hacer el vacío. Un clásico entre los clásicos. Si se te ocurría decir algo que no gustara al resto, o meterte con la cabecilla del grupo… BLOCK! Pero bloqueo absoluto, bloqueo de capítulo de Black Mirror. Dejabas de existir en ese momento para todo tu grupo de amigas. Esa y otras formas de tortura eran la manera que teníamos las niñas de “enfadarnos” o de gestionar nuestros conflictos.

Es en estos momentos cuando ya empiezan a ser evidentes ciertas diferencias de género. Lo que desde mi punto de vista, constituye el principio del Bitching. Ya tenemos la masa de la pizza con su mozzarella y su tomate. Vamos a añadirle el resto de ingredientes, como la piña (sí, lo siento, ya me he posicionado, no podéis odiarme, también somos personas, ¿vale?).

Hacer el vacío. Un clásico entre los clásicos. Si se te ocurría decir algo que no gustara al resto, o meterte con la cabecilla del grupo… BLOCK!

Según vamos creciendo, como chicas, vamos escribiendo nuestro propio “Reglamento para ser amigas toda la vida”. Primera regla: “Las que no son tus amigas, son enemigas”. Segunda regla: “Las amigas no compiten entre ellas, se apoyan.”. Tercera regla: “Aquella amiga que no cumpla la segunda regla acatará la primera”. Cuarta regla: “Todo esto se cumplirá por encima de todas las cosas. Excepto una, un hombre, cuanto más guapo y popular más inservibles quedan el resto de reglas anunciadas anteriormente”.

Los chicos tenían ese no sé qué que qué sé yo (actualmente conocido como privilegios por pertenecer al grupo de hombre blanco cis heterosexual) que hacía que las chicas como yo dudásemos de ciertos principios. De pequeñas todas competíamos por las mismas cosas: ser la que más largo y liso tiene el pelo, ser la más delgada, ser la que menos granos tiene, ser a la que menos se le nota el maquillaje, ser la que más liga pero sin follar (que eso es de guarras) y ser la que mejor se lleva con los chicos populares de clase. Atended esto, que luego nos reímos de las comedias americanas de high school.

¿Por qué nos pasaba esto? Porque teníamos muy metido en la cabeza que ser aquella que va de la mano con el chico más guapo y popu del instituto era el mayor logro al que una podía aspirar. De hecho había una especie de jerarquía entre los jóvenes casaderos del instituto. Primero encontrábamos a los guapos y popus, luego teníamos los menos guapos pero aún popus, luego teníamos a los guapos no tan popus (estos eran como un diamante en bruto que querías pulir a tope) y por debajo ya quedaban los freaks que jugaban a las magic, los que claramente no se sentían atraídos por chicas, en fin, todo lo demás.

Obviamente si el gay-metido-en-el-armario venía a pedirte salir pero tú sabías que a una de tus amigas (lesbiana-metida-en-el-armario) le molaba dicho tío, tú no te lo pensabas dos veces: te atenías al Reglamento, una no compite con su amiga.

...ser aquella que va de la mano con el chico más guapo y popu del instituto era el mayor logro al que una podía aspirar.

¿Pero y si te pedía salir el guapo-popu? Ufff… Claro es que ahí ya hablamos en otros términos, porque si a todas les gusta el guapo-popu y nos atenemos al Reglamento… ¡Al final el guapo-popu no podría liarse con ninguna! Y pensabas, “¡que te quiten lo bailao, chica!”. Y ahí que ibas, a comerte al buenorro-popu. El principio del fin.

La persona que más envidia me puede dar es la que tiene lo que yo no tengo y más deseo tener. Es decir, la novia del guapo-popu. Era el ser más odiado y envidiado por todas sus congéneres, todas aspiraban a ser como ella para tener lo que ella tenía.

Chicas que me leéis, hasta aquí, ¿empatizamos? ¿me seguís?

Chicos que me leéis, no tenéis ni puta idea de lo feliz que fue vuestra adolescencia.

Porque, chicas, ellos siguieron igual durante su adolescencia, igual que los leoncitos cachorros que os nombraba al principio. Ellos seguían dándose puñetazos para después ser muy amigos. Ellos SIEMPRE terminaban siendo superamigos, eran inseparables. No tenían que aspirar a nada, no tenían que competir entre ellos por nada porque ya lo tenían todo. No molaban más o menos por la tía que llevaran al lado, podían serlo por otras cosas: ser “listo” en clase, dibujar guay, escribir guay, pintar paredes, rapear, jugar bien a fútbol, tener una casa chulísima, contar los mejores chistes, ser amable con los demás, pegar muy fuerte o tener una Yamaha.

Chicos que me leéis, no tenéis ni puta idea de lo feliz que fue vuestra adolescencia.

Ellos no tenían que competir entre ellos para conseguir una chica. Porque para ellos no era lo más importante, porque están en lo más alto de la “cadena alimenticia”.

Ojalá, ahora, con 27 años, mirase a mi alrededor y no reconociera en mi ambiente nada de esto, pero desgraciadamente no es así. Seguimos repitiendo estos mismos patrones pero con otros envoltorios. Por ejemplo, cada vez que criticamos la forma de vestir de una chica, su maquillaje, su forma de hablar. Cada vez que juzgamos con cuántas personas ha estado una chica, lo que hace o deja de hacer en su tiempo libre, el tipo de fotos que sube a redes sociales, etc.

Eso es Bitching, Bitching es el patriarcado disfrazado de mujer. Bitching es tirar piedras en nuestro propio tejado. Bitching es aún una realidad. NO SEAS COMO BITCHING. Combatamos entre todas el bitching. Intentemos ser todos los días amigas de baño de discoteca, como una vez dijo Monstruo Espagueti.

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