Ocho de la tarde en la terraza de un bar: Anda, ¿eres psicóloga?

¿Qué es ir al psicólogo? Ocho de la tarde en la terraza de un bar echando una caña: -Anda, ¿eres psicóloga? ¡Psicoanalízame! Ese inquietante...

8 abril 2019 ·
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¿Qué es ir al psicólogo?

Ocho de la tarde en la terraza de un bar echando una caña:

-Anda, ¿eres psicóloga? ¡Psicoanalízame!

Ese inquietante momento en el que en mi cabeza resuena un magnífico speach como respuesta que tantas veces he podido pronunciar y, bien por no aburrir, bien por no ir de resabida, bien porque no se me calentase la caña… Nunca he querido decir.

Y es que creo que a los psicólogos se nos ha considerado tantas cosas… Adivinos, máquinas, toma-notas, jueces, curas confesores, portadores de la verdad verdadera, sacacuartos, coachers (¡Auch!)…

Mirad, voy a intentar transmitir mi idea desde el concepto de la empatía. Empatía viene del griego empatheia, que viene a decir algo así como “el que sufre, padece”. Como Aramis Fuster sin su Coca-Cola. Este término se utilizó posteriormente para denominar a la capacidad de “sufrir” lo que sufre el otro, ponerse en el lugar de la otra persona.

Hoy en día decir “soy una persona súperempática” es el equivalente al “soy muy amigo de mis amigos”. La empatía, esa gran habilidad que parece que todo el mundo maneja, ese “must” de human being.

¿Te consideras una persona empática? Permíteme que lo… Comprobemos juntos.

Para empezar, creo que habría que distinguir niveles de empatía. No pienses que esto iba a ser tan sencillo como un “sí” o un “no” como respuesta absoluta.

Hoy en día decir “soy una persona súperempática” es el equivalente al “soy muy amigo de mis amigos”.

¿Por qué digo esto? Bueno todos sabemos que el llanto, la risa, la ira, las ganas de bailar, los bostezos, incluso el acto de vomitar es contagioso. Sabemos también que existen ciertas neuronas, llamadas “neuronas espejo”. Si una persona que tenemos enfrente levanta un brazo, se activarán en su cerebro un grupo de neuronas específico encargado de realizar esta acción. Lo increíble de esto (para que veáis lo extraordinariamente básicos que somos) es que las neuronas espejo de mi cerebro se activarán exactamente con el mismo patrón simplemente observando cómo levanta su brazo. Esto se considera un mecanismo muy básico de supervivencia como seres sociales que somos (porque sí, lo somos). Además las neuronas espejo no son exclusivas del ser humano sino que se ha encontrado en otras especies.

OK, ya nos hemos pasado la primera pantalla, vayamos a por otro nivel de empatía. ¿Alguno de vosotros ha felicitado el cumple a algún peque menor de 4-5 años por teléfono? Maravilloso, algo tipo:

-¡Hola Andrea! ¿Hoy es tu cumple?

-Hola, sí…

-¡Felicidades! ¿Y cuántos cumples?

-¡Estos!

-¿Pero cuántos son estos?

Se oye a su padre o su madre decir: ¡TRES!

-¡Tres!

-¡Hala! ¡Qué súpermayor! ¡Menuda campeona! ¿Y qué te han regalado?

-Pues esto, mira lo que hace…

Se oye de fondo: “A mí no me preguntes, ¡solo soy una chica!”

Vale. Si atendéis a esta conversación, esta nena de 3 años da por hecho dos cosas. Primero, que veo su mano haciéndome el símbolo de “tres”. Segundo, da por hecho que veo a través del teléfono la Stacy Malibú que le han regalado sus padres.

Hasta los cuatro o cinco años nuestra mente es totalmente egocéntrica.

¿Por qué le ocurre esto? Porque hasta los cuatro o cinco años nuestra mente es totalmente egocéntrica. En nuestro mundo no existe otra cosa que no sea lo que nosotros mismos vemos, oímos y tocamos. Pensamos que nuestro punto de vista es el único posible. A partir de los cuatro o cinco años adquirimos una capacidad mental (o cognitiva, mejor dicho) llamada “Teoría de la Mente”. Esto supone abandonar el “egocentrismo mental” de Andrea para comprender que, aunque ella vea sus tres deditos de la mano y su Stacy Malibú nueva, yo no, y por tanto me lo tendrá que describir. Bueno, si estás leyendo esto es obvio que tienes más de 5 años y por tanto este nivel de empatía ya lo posees, ¡felicidades! (excepto algunos casos que aquí no trataremos). Pero esto no acaba aquí, no.

De hecho a partir de aquí empieza todo. Ahí, a los cinco añitos, según asomamos el cabezón a la vida, esta nos enseña a sopapos una vorágine de experiencias. Por muy genuino que uno pueda considerarse, muchas de estas experiencias son comunes en la mayoría de las personas. Por eso nos encanta ver monólogos en la tele, porque como seres humanos, nos parecemos más de lo que creemos y es fácil ver en el otro pensamientos, reacciones, circunstancias parecidas a la nuestras. Con esto quiero decir que cuando hablas con alguien que ha pasado por experiencias similares a las tuyas, puedes intuir por tu propia experiencia cómo se siente la otra persona.

Pero ¿hasta qué punto esto es cierto? Esta afirmación es algo simplista, ¿creéis que el Su Majestad Felipe VII puede empatizar conmigo de la misma forma que con la reina de Inglaterra? ”Pues quién sabe” Diréis los pesadetes de turno (“QUÍN SIBI, QUÍN SIBI”). Obviamente este es un ejemplo para ilustrar que a la hora de empatizar, entran en juego muchos factores, entre ellos: tendencias o rasgos de personalidad de la persona, apoyo social con el que se cuenta, habilidades personales y/o sociales, nivel socioeconómico, género, edad, experiencias pasadas, estilos de afrontamiento, estilos de apego, situación laboral, etc.

¿Creéis que el Su Majestad Felipe VII puede empatizar conmigo de la misma forma que con la reina de Inglaterra?

Lo ilustraré con un ejemplo: “una persona de unos 50 años se queda de repente sin su puesto de trabajo. ¿Qué podrías decirle?”

Probablemente si eres una persona de 20 años vea la situación de una manera distinta que si fueras una de 60, si eres una persona con mucho apoyo social y muchos contactos posiblemente lo veas de una manera distinta a una persona más bien introvertida sin muchos contactos. Si eres una persona que se ha apoyado mucho en su familia verás la situación de una manera muy distinta a otra persona que nunca ha tenido buena relación con sus padres.

Probablemente si eres una persona con un nivel socioeducativo alto verás la situación de una manera distinta a una persona con un nivel socioeducativo bajo. Si eres una persona sin preocupaciones económicas verás la situación de una manera distinta a una persona que le cuesta llegar a fin de mes. Por no hablar de los valores que cada uno tenga, un director de banco que considera que el trabajo dignifica no responderá lo mismo que una persona que vive en una aldea autogestionada, por ejemplo.

¿Te consideras ahora una persona empática? Quizás la afirmación ya no es tan categórica.

Para realmente entender una persona hay que sumergirse en su mundo, hay que cambiar el marco de referencia.

Al estudiar Psicología caí en la cuenta de que la empatía es un ejercicio, se entrena, se estudia, se aprende. Cada vez que un paciente pasa por la consulta te empapas de su situación, su manera de ver la vida, el mundo, a los demás, a sí mismo, sus experiencias pasadas, sus rasgos de personalidad, sus maneras de afrontar los problemas, las habilidades que posee o no posee. Es decir, “te sumerges” en su mente y ves su problemática desde su marco de referencia, no desde el tuyo. Para realmente entender una persona hay que sumergirse en su mundo, hay que cambiar el marco de referencia.

Ser empático no es entender la problemática del otro desde tu punto de vista, sino desde el suyo. Este es un ejercicio muy complicado que requiere querer y poder escuchar todo lo que la persona tiene que decir y todo lo que la persona es.

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psicología

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