Somos la especie más destructiva y que más teme la destrucción

Los seres humanos únicamente representamos el 0,01% de la vida de nuestro planeta. Y aun así tenemos controlado casi el 99% restante. Un control...

9 junio 2020 ·
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@luiscebe_

Los seres humanos únicamente representamos el 0,01% de la vida de nuestro planeta. Y aun así tenemos controlado casi el 99% restante.

Un control destructivo, no como el de una madre que te protege, sino como el de un dueño que te enjaula para privarte de tu libertad. Y solo ha bastado enjaularnos un par de meses para apreciar que pasa si dejamos de ser los dueños de la libertad y el planeta. El resto de animales y especies han surgido para recorrer las calles del planeta que también les pertenece. Una imagen que nos ha provocado a todos cierta sensación de déjà vu, por haberla visto antes en la gran pantalla.

Enjaulados por el temor a que otra especie pueda destruirnos a nosotros, demostrando lo vulnerables que somos ante una fuerza mayor que no podemos controlar.

Una vulnerabilidad que tememos pero a la vez con la que fantaseamos, siendo la protagonista de muchas de las ficciones que nacen de nuestras mentes e imaginación. Basta con poner en el buscador de la plataforma de contenido a la que estemos suscritos la palabra “apocalipsis” para poder ver todas las series y películas que hay en las que la trama principal es la destrucción de la raza humana. 

El mejor ejemplo de esta relación amor-odio con la destrucción son las de zombies. Un mordisco y todo el mundo olvida que antes en ese cuerpo sangriento y con espasmos había un alma, con sueños, ilusiones, recuerdos, un pasado y un futuro perdido. Un ser que era y ya no es. Vecinos, amigos o familiares, todo el mundo huye de ellos, sin intentar comprender su existencia, destructiva, pero como la de los mismos humanos que corren delante. O detrás, para batear e intentar rematar ese cuerpo sin control.

¿Y si detrás de esos ojos sangrientos existe la misma alma que segundos antes no tenía hambre de carne humana?

Un alma atrapada por un apetito feroz capaz de vaciar ciudades y provocar un Apocalipsis. Una historia arrebatada y controlada como una marioneta, pero, ¿quién controla sus cuerdas? La destrucción que tanto nos ha dado cuando la hemos tenido controlada, pero que tanto tememos cuando no es así. 

Un giro de trama que cuando se trata de una ficción nos gusta imaginar, porque la desgracia ajena siempre provoca cierto placer, e incluso a veces la propia. Pero cuando la destrucción se gira hacia nosotros en la realidad ya no hace tanta gracia, al menos para nuestra especie, porque el resto están que se lo gozan. 

Que gran maestra eres querida destrucción, y que miedo das cuando no está en nuestras manos tu poder.

¿Nos hará aprender este cambio de trama ahora que hemos visto lo poco agradable que es estar en peligro de extinción? Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, así que quizá para que esto suceda debamos de vivir un par de pandemias mundiales más, o incluso un apocalipsis zombi. Solo espero que aprendamos antes de que sea demasiado tarde, y que nuestro querido Covid-19 solo haya sido un pequeño susto y no una antesala a algo con aún más hambre de destrucción humana.

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