El aburrimiento nos sacará de esta película de ficción

Quizá entre el gotelé de tu habitación esté la forma de volver a catar la libertad junto a una caña de grifo.  Vayamos unos...

22 marzo 2020 ·
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Quizá entre el gotelé de tu habitación esté la forma de volver a catar la libertad junto a una caña de grifo. 

Vayamos unos días atrás, antes de que la cuarentena controlase nuestras rutinas. Antes de que los paseos al Mercadona fuesen el nuevo Tinder. Antes de que nuestro perro tuviese agujetas por tanto paseo. Antes de que el mayor contacto con la sociedad fuese todos los días a las 8 en nuestros balcones. Antes de todo esto, ¿cada cuánto bostezabas? Posiblemente lo hicieses cada 5 minutos porque la serie a la que estabas enganchadx por entonces te estaba quitando horas de sueño. Pero, ¿por no estar haciendo nada? Aburrirse había pasado a ser la auténtica panacea, una experiencia de las difíciles de vivir. Y ahora, de la noche a la mañana, ha pasado a ser nuestro el motivo de “postureo” de cada día. 

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El scroll infinito y el contenido ilimitado con tanta suscripción compartida o robada a nuestrx ex no nos permitía desconectar, nos habían prohibido aburrirnos. Pero ahora, tras tantas horas delante de la pantalla, por ser nuestra única fuente de entretenimiento, su luz ya nos está empezando a aburrir. Tras haber hecho todos los challenges en los que nos han nominado, visto todos los conciertos en streaming, y acabado todas las series que teníamos pendientes… va a suceder, pasaremos a aburrirnos de verdad.

Que no cunda el pánico, el aburrimiento solamente es un problema si nos resistimos a él. 

Hoy en día el aburrimiento se concibe como un sentimiento desagradable. Lo combatimos a golpe de notificaciones, conversaciones sin sentido, stalkeos al crush, partidas de Candy Crush y todo tipo de scroll inútil. Sea como sea nuestro principal objetivo vital es eliminarlo. Lo cual representa un gran riesgo, porque la imaginación nace de él. Cuando llevamos a cabo actividades pasivas y nuestro cerebro entra en modo “piloto automático”, crea conexiones neuronales nuevas, pasa más allá de la consciencia y hace que nos encontremos con nuevas ideas. Esas que añoraban que nos aburriésemos. 

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Por eso las ideas solían venir a nosotros cuando no había cobertura en el metro. O cuando el panel de la estación avisaba de que solo quedaban 2 minutos para el siguiente tren, 2 minutos en los que era inútil sacar el móvil porque no hay post que poder leer en tan poco tiempo, pero un par de ideas si volvían a nosotros. Y ahora que nuestra vida se ha convertido en una espera constante, busquemos aburrirnos. Dejemos vagar la mente sin que nada la guíe, sin que ninguna pantalla la tenga cautivada. 

Hay ideas que están esperando a que nos aburramos para llamar nuestra atención.

No tengamos miedo de hacerlo. Quedémonos mirando fijamente el gotelé de la pared de nuestra habitación. Caminemos de punta a punta de nuestro salón como si un robot aspirador nos hubiese poseído (andar incrementa la creatividad un 60%). Hagamos un reto de miradas con nuestro perro. Observemos como la cuarta pizza que nos vamos a comer en lo que llevamos de semana se cuece lentamente en el horno. Hagamos todo esto sin pensar que nos estamos volviendo locos, lo que está pasando es que estamos imaginando solos.

Quien sabe, igual las ideas que pueden ayudarnos a darle al pause cuanto antes a esta película de ficción en la que estamos viviendo aparecen en estos vacíos temporales en los que nada tenemos que hacer. O el argumento del próximo taquillazo, o la letra de la canción que hará que Rosalía se corte las uñas, o el contenido de la cuenta de Instagram que todos seguiremos y compartiremos en stories cuando esto acabe. Porque de esta salimos.

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