Estoy de Erasmus en Polonia mientras el Coronavirus remueve España

Esta mañana, al abrir los ojos estaba nevando. O al menos eso me han dicho mis compañeras de piso. Al despertarme me cuesta demasiado...

17 marzo 2020 ·
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Esta mañana, al abrir los ojos estaba nevando. O al menos eso me han dicho mis compañeras de piso. Al despertarme me cuesta demasiado abrir los ojos al mundo.

Viviendo a 3.000 kilómetros de mi ciudad natal, fuera de casa por primera vez en la vida, las emociones y las sensaciones florecen más de lo que a veces mi carácter soporta.

El 17 de septiembre de 2019 partí a una tierra desconocida hasta entonces para mí, Polonia, con la pretensión de vivir el año de mi vida. Como muchos de vosotros, yo me he ido de Erasmus para experimentar, vivir, soñar y cantarle al mundo que soy libre. Para abrirme puertas a un sinfín de posibilidades, labrar mi futuro, encontrarme y demás divisas cósmicas que creemos alcanzar por irnos de nuestra zona de confort.

Estaréis de acuerdo conmigo en que este año no ha sido el más idóneo para emprender un Erasmus… o si.

Llegué aquí con mi maleta llena de sueños, llena de experiencias y de pasado. Todos ellos me hacen ser a día de hoy quien realmente soy… os supongo iguales. Intentar escapar del pasado en un sitio nuevo no es más que la excusa perfecta para darse cuenta de que, como un viejo amigo me dijo, borrar los errores de tu pasado sería eliminar la sabiduría de tu presente.

El principio de los Erasmus en todo el país habrán sido prácticamente iguales, fiestas hasta las tantas, ver amanecer seis días de la semana y consumir una cantidad de alcohol que  nuestros progenitores no desean ni plantear posible. Viajes para conocer culturas, mundos y personas distintas, además de a nosotros mismos a los que quizás aun no nos habían presentado. Romances de unas horas o unos meses, o quizás de una vida. Amistades fraternales que crean vínculos insospechados hasta entonces, que descubren cada rincón de tu convivencia y aunque a veces se haga cuesta arriba, deciden quedarse durmiendo en la habitación contigua.

Un erasmus es una burbuja donde te reinventas y sacas a flote todas esas cosas que creías enterradas para afianzar tu yo más íntimo. Además de una fiesta ininterrumpida, claro.

Ahora bien, muchos de nosotros nos preguntamos cómo se supone que se han alineado los astros para que justo este año haya pasado todo lo que podría pasarnos, estando de erasmus, en un siglo entero.

Sabeis de sobra de que hablo si teneís un poco de inquietud mundial.

El curso empieza con unas nuevas elecciones en esta España nuestra, en las que muchos de nosotros no pudimos votar aún haciendo todo lo que estaba en nuestra mano. Para no aburrir a la humanidad y a los medios, nos encontramos con las protestas mundiales, los veinte grados en la Antártida, la inexistencia de nieve en los países bálticos, misiles, crisis de refugiados, guerras, hambre, podredumbre y la miseria que desde occidente creemos extinta. O al menos queremos creer para paliar nuestro “altruismo” cínico y egoísta. Pero no contentos con todo esto, nos presentan una pandemia que está matando, asustando y volviendo loca a nuestra población mundial.

En tiempos de crisis, en tiempos de miedo, pánico e histeria colectiva todos deberíamos de estar en este erasmus. Para compartir la sal con tu vecino. Para no ir a la universidad. Para tener esa resaca que no te deja salir de casa. Para vivir un universo entre cuatro paredes. Para cuidar de los nuestros en los días tristes. Para sacar lo mejor de nosotros en situaciones críticas que jamás pensábamos vivir hasta que aparecen. Para echar de menos a tus padres y aun así quedarte donde estás. En esta que es ahora tu casa. Estés donde estés.

Y es aquí donde debemos hacer revista de nuestros errores del pasado, o de los suyos.

Es cuando tenemos que sacar a relucir nuestras cicatrices, esas que nos han enseñado. Las que nos recuerdan, ahora que debemos ser más que nunca ciudadanos del mundo, cual es el camino correcto.

Aquí y ahora, con nuestras emociones en cuarentena y nuestros sentimientos de erasmus.

Haciendo del mundo nuestra familia.

Que nos recuerden como ese mundo que aunque le costara muchísimo despertarse por las mañanas, consiguió abrir los ojos para darse cuenta que el Sol de marzo y la nieve sin cuajar en las profundidades de Polonia, fue una señal perfecta para cambiar nuestro hogar a tiempo. Nuestro mundo, nuestra casa.

Aunque odiemos madrugar.

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