Cómo compartir piso en confinamiento y mantener tu salud mental

Convivir en confinamiento. “Joder, otra vez ha dejado los cacharros sin fregar, es que NUNCA friega, sabe lo maniático que soy con el fregadero...

14 abril 2020 ·
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Convivir en confinamiento.

“Joder, otra vez ha dejado los cacharros sin fregar, es que NUNCA friega, sabe lo maniático que soy con el fregadero y no se digna a lavar un plato, ¡parece que lo hace aposta! Claro, como sabe que acabo haciéndolo yo… Se la suda todo, se piensa que se puede aprovechar de mí.  Es un egoísta, un vago y un puerco”.

-A ver, joder, ¡es que solo friego yo en esta casa!

-…

-Es que joder, todo hecho una mierda, aquí no hay quién esté.

-Tío, tranqui, termino esto y lo hago.

-Na´, ya lo estoy haciendo yo.

Llevamos un mes en nuestras casas, conviviendo de manera permanente. Muchos estarán con sus familias (con las que quizás no conviven normalmente), otros estarán con sus compis de piso (a los que a lo mejor antes veían 3 horas al día), otros no habrán alterado demasiado el clima habitual de la casa.

Lo cierto es que al estar tantas horas al día conviviendo con las mismas personas es casi irremediable que aumenten los conflictos.

En el ejemplo que os pongo al principio, podemos ver las ganas que tiene Diego de estamparle la sartén sucia en la cabeza a su compi de piso, Álvaro. Pero antes de eso vemos cómo encadena una serie de pensamientos. Vamos a analizarlos uno a uno:

  • Joder, otra vez ha dejado los cacharros sin fregar”. Vale, el hecho, la realidad, es que hay cacharros sin fregar en la pila. Pero nótese el “joder” y el “otra vez”. O sea que ha habido intentos anteriores de resolver esto que han resultado inútiles.
  • “…es que NUNCA friega”. Primer error, el “nunca”, “siempre, “todo” y “nada” suelen ser mentira. Si nos movemos en absolutos ya estamos deformando mucho la realidad. De hecho nuestro sistema atencional es muy selectivo. Cuando pensamos que algo es cierto, tendemos a fijarnos mucho más en aquello que lo confirma que en aquello que lo desmiente.
  • “… sabe lo maniático que soy con el fregadero y no se digna a lavar un plato”. Quietos ahí, lo primero es que estamos dando por hecho que la otra persona sabe cómo somos. Lo segundo ya sería replantearnos lo de “ser maniático”. Quizás en estas circunstancias tendremos que flexibilizar ciertos límites o suavizar ciertas manías porque los demás no tienen por qué funcionar como uno quiere y cuando uno quiere.
  • “…¡parece que lo hace aposta!”. ¡Y PUUUUUM! ¡YA ESTÁ AQUÍ LA GUERRA! Este es uno de los puntos principales del conflicto, el adjudicar una intencionalidad malvada a la otra persona y además tomarte a lo personal su conducta.
  • “Claro, como sabe que acabo haciéndolo yo… Se la suda todo, se piensa que se puede aprovechar de mí”. Ahí ya hemos metido un sentimiento, nos sentimos poco tenidos en cuenta, infravalorados, ignorados, etc. Porque claro, si anteriormente le hemos adjudicado una intencionalidad malvada hacia nosotros, nos sentiremos ofendidísimos en consecuencia.
  • Es un egoísta, un guarro y un puerco”. Y chispún. Ya se le adjudica una identidad negativa que va a repercutir en nuestra manera de relacionarnos con esa persona y hará que nuestra “mecha” cada vez sea más corta.

¡Y esto es solo el pensamiento que ha desencadenado la discusión!

La discusión que planteaba después es un ejemplo de comunicación preocupantemente frecuente y disfuncional.  Vamos a analizarla también porque no tiene desperdicio:

  • “¡A ver, joder, es que solo friego yo en esta casa!”. Lo que nos gusta hablar al aire, al fregadero, al microondas… Comentamos lo que nos jode a nuestro aliade: el mobiliario. En lugar de dirigirnos a la persona interesada. Preferimos tirar una puya bien gorda al aire. Y digo yo: ¿qué esperamos conseguir con esto? Porque lo más probable es que seamos ignorados. ¿Y qué pasa cuando nos ignoran? Que nos cabreamos MÁS. Por no hablar del “coño” o “joder”, se puede expresar malestar o enfado sin emplear esto, jurao´.
  • “Es que joder todo hecho una mierda, aquí no hay quién esté”. No tío, están los cacharros sin fregar, ubícate y ubica tu problema. Otra vez frase-puya-capulla con la que deberíamos preguntarnos qué demonios queremos conseguir.
  • “Na´, ya lo estoy haciendo yo”. Y digo yo, ¿En serio Diego? ¿Tanta leche pa´ esto, tío?

Al final el conflicto no solo queda sin resolver, sino que el clima en la casa cada vez será más tenso hasta que llegue el día en el que alguna de las partes explote.

Estos días es primordial que tengamos en cuenta unas cuantas cosas a la hora de abordar estos pequeños conflictos en casa.

En primer lugar aquí estamos todo quisqui del revés. A cada persona esta situación de confinamiento le afecta de una manera muy distinta y por múltiples factores (cada persona es un mundo inmenso), por lo que habrá que tener especial cuidado a la hora de comunicarnos. Lo que no quiere decir que optemos por el “na´, déjalo que ya lo hago yo”. Lo óptimo sería que existiera comunicación y esta fuera lo más funcional posible.

Teniendo esto en cuenta, sabiendo cómo estoy yo y cómo está el otro podremos regular mejor estos pensamientos que distorsionan la realidad (la mala idea, de toda la vida, para que me entendáis), no siempre es válido el “piensa mal y acertarás” y de hecho en una situación así en la que no te queda otra que convivir ya no es que no sea válido, es que es inútil.

Por lo que habrá que discutir o hablar de aquello que acaba de pasar (no lo que “siempre” pasa) y evitar poner intenciones, pensamientos o palabras en la boca de la otra persona. No es lo mismo comunicarte que no me gusta que haya cacharros sin fregar en la pila o sugerirte que pongamos horarios/turnos para fregar, que comunicarte que estoy hasta el pepe de ti porque eres un egoísta, un vago y un puerco.

Así que si eres una de esas personas que se consideran “muy sinceras” o “sin pelos en la lengua”, bájale cariña.

Este no es el mejor momento para alardear en exceso de tus dones. Una cosa es la sinceridad y otra cosa es el estilo agresivo al comunicar. La “verdad” (tu verdad, porque no olvidemos que aquí cada uno tiene su visión de lo que es mejor o lo que es correcto) se puede expresar de muchas formas y no hay que confundir la sinceridad con no tener “filtro” o ser inflexible. Si el objetivo de comunicarme contigo realmente es llegar a una solución o acuerdo, mi estilo hacia ti no puede ser agresivo.

Si el objetivo es llegar a una solución o acuerdo, en primer lugar me tendré que dirigir directamente a la otra persona en el momento en el que se manifiesta el problema. Es importante cuidar la comunicación no verbal, ¿cómo nos sienta que nos griten o nos traten como bebés? Pues eso, a aplicarse el cuento. Modulemos nuestro volumen y tratemos a la otra persona como un adulto, que es lo que es (con adolescentes esto también funciona muy bien) evitando actitudes paternalistas. Recordemos que la cuestión es solucionar, no tener la razón.

Así, comenzaremos a dialogar par llegar a una solución, que no discutir.

Vamos a procurar mediar, acordar, en lugar de discutir. Diciendo cómo nos hace sentir el problema o el conflicto y explicando por qué para nosotros supone un problema. Y ya si además proponemos alguna alternativa o solución, fetén. Pero esto no se acaba aquí, porque también tenemos que saber escuchar lo que opine la otra persona y validarlo, para poder llegar entre los dos a un acuerdo. Fijaos:

“Fiesta de cacharros sucios, ole, ole, mira que me da rabia, ¿eh? No voy a fregar sus cacharros que ya es mayorcito. Aquí habrá que hacer turnos o algo para que no se acumulen.”

- Oye Diego, ¿qué andas? ¿estás ocupado?

-Pues estaba acabando unas cosillas pero dime.

-Mira que he pensado que como tú tienes cosas que hacer por las tardes y yo me suelo ir pronto a dormir, podría encargarme de fregar yo los cacharros a mediodía y tú por la noche, ¿te parece? Es que si no se acumulan ahí toda la tarde y cuando nos ponemos a hacer la cena es un rollo.

-¿Sí? Tú y los cacharros, ¿eh? Bueno, vale, como prefieras.

-Sí, ya sabes, es que así la cocina se queda limpia, yo lo prefiero, si no te importa.

-Claro, luego voy al súper, ¿te traigo algo?

-Sí, por fa, trae papel, pan para torrijas y birra.

Como vemos tampoco es necesario ser un maestro de la oratoria. Si todos ponemos un poquito de nuestra parte quizás el discutir ya no sea tan necesario como el mediar o el dialogar. Y hasta aquí puedo leer. Os dejo con la fiesta en paz.

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