Cosas que debemos aprender sobre el asesinato de George Floyd

"Los problemas del Primer Mundo" no son tan banales como pensábamos. La igualdad es un propósito aun por alcanzar, ¿estamos todos dispuestos a luchar?...

4 junio 2020 ·
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"Los problemas del Primer Mundo" no son tan banales como pensábamos.

La igualdad es un propósito aun por alcanzar, ¿estamos todos dispuestos a luchar? Siempre he utilizado la expresión “los problemas del Primer Mundo” en referencia a situaciones banales, tontas, carentes de verdadero sufrimiento. Sin embargo, me acabo de dar cuenta del error tan grande que he cometido, menospreciando sin querer la situación de opresión de los ciudadanos afroamericanos que viven al otro lado del océano Atlántico, en un país que aparentemente es una de las primeras potencias del mundo. Quizás lo sea en magnitud de producción, pero desde luego, no en derechos.

Por esta circunstancia y por muchas otras anteriores, hasta ahora he creído que el ser humano del siglo XXI está demasiado orgulloso de sus logros. Se han producido importantes avances en muchos ámbitos, como la tecnología de las comunicaciones y la política y que movimientos sociales como el Feminismo han ganado fuerza en los últimos tiempos. Sin embargo, ¿son suficientes esos esfuerzos para que todos seamos iguales? Quizás la pregunta correcta sería, ¿estamos todos dispuestos a luchar por la igualdad? Mi respuesta es un rotundo no.

Considero que aun con la experiencia de la convivencia intercultural, no somos conscientes de lo que significan realmente la tolerancia y las libertades, puesto que cada grupo social, cada grupo de militantes de un partido político o mismamente los ciudadanos de un país tratan incesantemente de redefinir conceptos universales que parecían inequívocos. Sinceramente, cuestionarme cosas como esta me apena, pero concretamente hoy siento tener que añadir un número más al contador de asesinados a causa del racismo. El asesinato de George Floyd se produjo a manos de un policía en Minneapolis (Estados Unidos), el pasado 25 de mayo, y según ha revelado la autopsia, fue a causa de asfixia y otras lesiones que le había ocasionado su agresor durante su detención.

A ojos de la ley estadounidense, apretar tu pie contra el cuello de una persona es un acto involuntario.

Cuando parece clara la causa de su muerte, su asesino, Dereck Chauvin, ha sido acusado de homicidio involuntario. Así que, a ojos de la ley estadounidense, apretar tu pie contra el cuello de una persona es un acto involuntario, I can´t breathe. Llegados a este punto, siento pena y asco a partes iguales. No puedo entender como un país puntero en economía y tecnologías aparta los asuntos sociales y hace que las injusticias queden en un segundo plano, aunque desde luego, considerando quién es su presidente, soy capaz de revolver la ecuación.

Con el asesinato de George Floyd. Se repite la historia de Trayvon Martin, el joven de 17 años que fue asesinado en 2012 porque su color de piel le hacía parecer un delincuente. Se mantiene la impunidad para aquellos que asesinan deliberadamente a personas inocentes. Desgraciadamente, todavía no podemos decir que vivimos en un mundo donde somos “socialmente iguales”. I can´t breathe. Me equivocaría al comparar algunas situaciones injustas que yo he vivido o en las que he sido observadora con la suya, pero, desde luego, acierto al poner en mi boca palabras del movimiento Black Lives Matter: “Vivimos con miedo. Miedo de caminar fuera. Llevando una capucha. Yendo a correr. Durmiendo en nuestra propia casa. Existiendo”. “Cada hora, una nueva injusticia. Cada segundo, más dolor”.

Sigo anhelando mi pertenencia a un mundo donde "seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres".

Todos estos días, muchos se manifiestan pacíficamente en memoria de Floyd mientras el Presidente de EEUU amenaza con desplegar el ejército. Sin embargo, quedan personas y muchas además, que luchan como la niña que ha llamado "desgracia para el mundo" al hombre más poderoso de América. Aún hay esperanza para lograr nuestra pertenencia a un planeta donde “seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” (Rosa Luxemburgo).

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