Mindfulness: La Rosalía de la Psicología

¡Puaj! ¡Una pasa! "¿Quién pondría las pasas en el cocktail de frutos secos?" Ya me posicioné una vez respecto a la pizza con piña...

30 octubre 2019 ·
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¡Puaj! ¡Una pasa!

"¿Quién pondría las pasas en el cocktail de frutos secos?" Ya me posicioné una vez respecto a la pizza con piña y esta vez no será menos: doy un SÍ a la pasa en el cocktail, me encanta el dulce-salado. Kiko (o "maíz"), cacahuete y pasa en un mismo bocado es MARAVILLA, familia.

Pero te voy a confesar que no siempre he sido capaz de apreciar este manjar. Las pasas son las grandes repudiadas del planeta (aunque después las meten en una ensalada llamándolas "frutos rojos" y los modernos salivan cual perro de Pavlov).

La uva pasa es un hito. Producir uva pasa requiere de un procedimiento minucioso, perfectamente controlado al detalle. ¿Sabías que para poder ostentar el título de “Uva Pasa” tienes primero que ser seleccionada entre un montón de uvas? Solo las más dulces y las que tengan menos pepitas serán las afortunadas.

El secado se realiza de una manera tradicional, al sol. Las uvas seleccionadas se disponen cuidadosamente en una superficie “orientadas al mediodía con una inclinación mínima de 8%, provistas de toldo y soporte para evitar el rocío y la lluvia”. Y así se tiran 10 días, que irán variando en función del tiempo que haga. Después, una vez ya secas, comienza el “picado” o desgranar los racimos.

¡Eh! Y todo esto pa´que tú te topes con una en el cocktail de frutos secos y la escupas entre mil improperios y desprecios… Espero no dejarte dormir hoy.

Y es que, casi todo lo que encontramos a nuestro alrededor es producto de un proceso de elaboración, más o menos complejo, o costoso. Cuando te compras una bolsa de cocktail de frutos secos, no te lo comes admirando el proceso de secado natural. Y esto, queridos, queridas, es un error y una pena.

Y diréis, ¡qué le gusta a esta chavala una pasa! Sinceramente, tampoco soy tan fan de las pasas. En una palabra os descubro el origen de mi obsesión: Mindfulness. Probablemente, si eres psicólogo dejes de leer en este punto.

Es cierto que el mindfulness ha pasado a ser la Rosalía de la Psicología. Un producto que te lo meten hasta en la sopa con un envoltorio inmejorable para vendérselo a todo bicho viviente.

Pero lo cierto, y le pese a quién le pese, (y aquí vuelvo a posicionarme) es que Rosalía es otra MARAVILLA, igual que los beneficios que aporta el mindfulness en muchos casos.

Yo me voy a limitar a contar mi flechazo con esta técnica: era un martes por la tarde en Somosaguas, tierra de pijos y punkis.  Ese día teníamos clase magistral de Psicología Positiva. No sé si estaréis familiarizados con el tema pero para que os hagáis una idea, Psicología Positiva es el Mr. Wonderful del grupillo de Psicologías. El unicornio, el melocotoncito, la perita en dulce, la Supernena Burbuja, la pareja fitness, los Javis… Eso es Psicología Positiva respecto a otras ramas.

Bueno, el caso es que estábamos todas muy dentro del mood Psicopositivo. Esto es absortas, con los ojos muy abiertos mirando al profesor, la baba colgando, dibujando media sonrisa… Vamos, que íbamos puestísimas de positivismo. Entonces, en ese momento comenzamos a hablar de la prevalencia cada vez más alta de los síntomas de depresión y ansiedad en población no clínica (esto es, cómo aparecen síntomas de ansiedad y depresión en personas que no tienen diagnosticadas ni ansiedad ni depresión porque no llegan a cumplir los criterios necesarios para diagnosticárselas).

Comenzamos a hablar del ritmo de vida que llevamos hoy en día. No es necesario ponerse en plan “abuelo cebolleta” para darse cuenta de que antes la vida era bastante más “tranquila”. Ahora mismo lo que es considerado “mejor” es lo “eficaz”. Siempre buscamos hacerlo todo correctamente y lo más rápido posible. Hasta el punto de llegar a lo absurdo. Por ejemplo: “Mientras veo una peli con el portátil me estoy comiendo las palomitas, hablando con mi hermana que la tengo al lado y mandando un meme de Instagram a un colega”. Somos multitask, incapaces de realizar una tarea detrás de otra, sino todas al mismo tiempo.

De hecho piensa: imagínate un día de tu vida haciendo todas tus tareas una detrás de otra. Empezando la siguiente solo tras haber finalizado la anterior. ¿Agobiante, verdad?

No tendríamos horas en el día para acabar nuestras tareas, porque hemos configurado nuestra rutina, nuestra forma de vida, en torno a este modo multitarea.

"Odio Madrid, me enferma, me agobia". Ojo si todos decimos esto... Una de dos. O Madrid es muy cabrón o quizás los que nos agobiamos somos nosotros. No es que "Madrid agobie", es que las vidas que llevamos todos aquellos que conformamos Madrid y salimos a la calle día tras día son frenéticas. ¿No os ha pasado, salir de casa con tiempo DE SOBRA para llegar al trabajo o a clase y de repente descubrirte corriendo por el metro? Yo antes era de esas. Yo antes me reía de la gente que iba parada en las escaleras mecánicas del metro. Pensaba: ¡serán huevones estos despojos! ¡Ahí paraos! Molestando a los que subimos, tenemos prisa o hacemos cosas con nuestras vidas.

Más tarde descubrí que quedarme parada hasta llegar arriba y no subir andando las escaleras del metro me provocaba ansiedad. Sentía que estaba perdiendo el tiempo. Tiempo de qué, preguntaréis. DE NADA. Porque iba con tiempo de sobra a trabajar.

Ahora contesta(te): ¿Cuándo hiciste SOLO una tarea poniendo en esta toda tu atención? ¿Qué hacías? ¿Cuándo fue la última vez que, por ejemplo, cenaste sin ver una serie, mirar el móvil o hablar con quien estés comiendo en ese momento?

Es fácil caer en este modo multitarea, veloz, individualista, práctico y ejecutor. Lo difícil es observar, fijarse en cada detalle. Lo difícil es disfrutar el proceso, recrearse en el camino y gozar con la lentitud.

Cuando comes, tu cuerpo te hace muchas señales. Señales que casi nunca aprecias. Cuando estás preparándote la comida (o pidiéndola en la cafetería) sientes primero hambre y te pones a salivar. Ojo, digo hambre, no ansiedad. Que estarás tan ocupado que ni siquiera sabrás distinguir en tu propio cuerpo ambas señales. Una vez ya tenemos la comida, nuestros ojos nos darán información del ambiente en el que nos disponemos a comer. Por ejemplo, más tranquilo o más caótico. Tus músculos te dirán si estás bien sentado para comer, si esta postura que has tomado es adecuada o no. Una vez empieces a comer, todos tus sentidos te van a aportar una gran cantidad de información sobre los alimentos. La textura o tacto de los que comes, los matices que tienen sus colores, el sonido que emite al partirse de un bocado y por supuesto toda una gama de sabores.

En base a estos estímulos que recibas, tu cerebro evaluará si la comida está asquerosa o han sido los mejores macarrones de tu vida, o si te has quedado saciado o sigues teniendo hambre. ¿Te acuerdas de lo que cenaste ayer? ¿Recuerdas cuánto tiempo tardaste en cenar? ¿Podrías describir el punto en el que estaba cocinado? ¿Podrías decir si te salió mejor o peor que otras veces que hayas preparado este plato? ¿Te echaste más o menos cantidad que otras veces? ¿En qué momento comenzaste a saciarte?

La clave de una correcta nutrición muchas veces no reside en qué comes. Sino en cómo comes.

Si todos los días comes en máximo 10 minutos, mientras ves una serie sentado en el metro después de no haber desayunado más que un café solo a las ocho de la mañana, ¿cómo vas a ser capaz de escuchar estas señales?

No sentirás hambre como tal, sentirás ansiedad. Ansiedad por querer comer cuanto antes, algo rápido y bien calórico, que tenga mucho sabor, porque vas a tardar dos minutos en comértelo. Y que te llene, que no sabes cuando vas a llegar a casa y cenarás tarde. Cada bocado que pegues no durará más de dos segundos en tu boca puesto que enseguida lo tragarás.

Y no te digo lo feo que se puede poner esto cuando en lugar de comer cada uno su almuerzo o su plato, sean tapas para "compartir". Todo el mundo va a llevar el mood descrito más arriba así que imagínate ese cuadro en grupo: Los Juegos del Hambre y la Ansiedad.

Vale, Beatriz, ¿y lo de la uva pasa a qué c* viene? Pues viene a que se viene un propuesta indesente.

Mi profesor de Psicología Positiva nos aplicó el "Ejercicio de la Pasa". Este sirve para introducir a los pacientes al mindfulness (o "atención plena") aplicado al acto de comer. Consiste en comerse una pasa usando los cinco sentidos. Comerte una pasa de forma consciente.

1- Cerramos los ojos y respiramos, nos ponemos cómodos.

2- Abrimos los ojos y observamos la pasa. Su forma, tamaño, color, cómo incide en ella la luz, etc.

3- Cogemos la pasa con las manos y la tocamos, sintiendo su textura, si es rugosa o no, si está aceitosa o seca, si está fría o templada.

4- Nos llevamos la pasa al oído (inciso: en este punto casi me da un ataque de risa modo foca) y escuchamos cómo suena en contacto con nuestra piel (la piel de la mano, no la del oído ni la oreja, por Dios).

5- Nos llevamos la pasa a la boca SIN MORDERLA. Solo la saborearemos con la lengua, sacando todos los matices que puedas.

6- Una vez chupirriteada, empezamos a morderla y masticarla lentamente y muchas veces.

7- Cuando ya esté hecha papilla finalmente tragamos la pasa.

Os prometo que cuando esa pasa entró en mi boca... ¡sabía a chocolate! No, es bromi, sabía a pasa. Pero os juro que sabía muy distinto al sabor que yo tenía codificado en mi cabeza.

Es como cuando te presentan a alguien que es gilipollas y tú lo guardas en tu cabeza como "Manolo, el gilipollas". Y un día de repente Manolo saca un tema de conversación que te parece superinteresante, entonces ya empiezas a escuchar a Manolo, empiezas a fijarte más en él... Y termináis frungiendo. ¡Que no! ¡Que es bromi! Probablemente tu imagen sobre Manolo cambie, quizás no te fascine, pero ahora le aguantas.

Antes de que digáis nada. Lo primero, este ejercicio se puede hacer con cualquier alimento, no tiene por qué realizarse con una pasa, puede hacerse también con un bombón, una galleta, una fruta, un trozo de queso, de aguacate... Lo segundo, esto es un ejercicio para demostrar que comemos de manera inadecuada y que es posible disfrutar más de la comida. No son instrucciones obligatorias, no hay por qué llevarse al oído la sopa en casa de tu abuela.

Cuando se realiza el Ejercicio de la Pasa lo que se está practicando en realidad es la alimentación consciente.

Cuando uno respeta sus comidas en relación al tiempo, dedicación y espacio que invierte en ellas, comienza a comer de una manera consciente. Esto es que comerás con menos ansiedad, disfrutarás más cada bocado, los matices de sabor de lo que comes, sentirás cómo está sentando a tu estómago y aprenderás lo que es la saciedad sin tener que jartarte a comer.

Lo único negativo de todo es que a veces puedes sentirte un poco gurú incomprendido. Puedes apreciar lo rápidamente que comen los demás sin apenas masticar, incluso hasta resultar molesto.

Os animo a que probéis a realizar este ejercicio. También podéis probar un día a comer sin televisión, solos, sin distracciones, escuchando a vuestro cuerpo mientras coméis. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Os prometo que es toda una experiencia, si no habéis muerto por atragantamiento comiendo como coméis hasta ahora, no creo que lo hagáis comiendo mejor.

Quejas y reclamaciones a mi profe de Psicología Positiva, gracias.

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