Despiértame cuando el coronavírus termine

¿No se os sigue haciendo surrealista que estemos viviendo una pandemia? De verdad, me levanto cada día y no termino de creerlo. Le he...

28 marzo 2020 ·
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¿No se os sigue haciendo surrealista que estemos viviendo una pandemia?

De verdad, me levanto cada día y no termino de creerlo. Le he estado dando vueltas y claro, una no sabe cómo viviría algo así, pero desde luego si por referentes fuera  ya hubiera desaparecido la mitad de la humanidad y estaríamos cazando la cena.

Claro, en las pelis no sale la Mari en bata todo el día mirando por la ventana, no. Ni Juanita quemando Netflix 24/7, ni Pedro comiendo chocolate mientras ve memes, ni Juan preguntándose si aquel bulo de un mes gratis de suscripción en Pornhub era verdad o no, ni Pepi mandando el mismo nude a Juanita, Pedro y Juan.

¿Quién nace sabiendo cómo afrontar una pandemia? Exceptuando los Illuminati de Facebook, uno no tiene por qué saber vivir en confinamiento. Para mi sorpresa muchos y muchas decían: “¡Llevo toda la vida preparándome para esto!” o “Para mí esto es un de Lunes a Viernes muy largo” o “Con lo pobre que he estado este año tampoco salía mucho”.

Quizás esto te vale la primera semanita y como mucho la segunda. Pero me hubiera gustado verte el geto cuando Sánchez nos puso ojitos y nos dijo que serían otras dos semanas… Mínimo.

Y esto no solo depende de nuestra forma de ser, ¿eh? También depende de dónde y con quién estemos confinados, por ejemplo. No es lo mismo estar solo, que estar con compis de piso, que estar con tus padres. De tu nivel de ocupación, por ejemplo, no es lo mismo seguir yendo a trabajar dada la situación que teletrabajar o que te hayan aplicado un ERE/ERTE. También influyen los problemitas que cada uno tenemos en nuestra mochilita mental, por ejemplo, una persona con síntomas de ansiedad o depresión, deberá protegerse especialmente en estas circunstancias.

Bueno pues os voy a decir cuál es para mí la palabra mágica del confinamiento: “ACEPTACIÓN”.

Peña. Ya basta. ACEPTÉMOSLO: Un virus muy chungo anda suelto y el cambio que esto supone en nuestras vidas requiere RESETEO.

Lo primero de todo es cambiar el “mood”. El mundo ahora es Matrix, o está en “crucis”, la cuestión es que vamos a vivir durante un mes unas condiciones que son radicalmente distintas a lo que estamos acostumbrados, por tanto habrá que intentar poner en consonancia con esta situación tanto nuestro  cuerpo como nuestra mente. Una cosa es que un fin de semana de enero decidas cambiar la cita Tinder o la Tusa por peli y manta y otra muy distinta es permanecer en casa obligadas hasta que el desastre sanitario, económico y social pase.

¿Qué diferencias encontramos? En primer lugar el monotema y la sobreinformación. Es recomendable limitar los tiempos de Internet y redes sociales. Leer el mismo bulo y su posterior desmentimiento en seis grupos de Whatsapp no te va a hacer mejor persona, te lo aseguro. Tampoco es nada bueno leer mensajes tremendistas en los que se afirma que el mundo va a acabarse o que si tomamos ibuprofeno moriremos todos. No es cuestión de creérselo o no (que oye, también), sino de las infinitas veces que nos exponemos a ello hasta la desidia. Toda esta serie de mensajes te van desgastando poco a poco y sin que te des cuenta. Consejo número uno: Limitar el tiempo de informarse a ciertos momentos del día y a través de ciertos medios previamente seleccionados.

No os preocupéis, que el vídeo de la señora a la que han “fuñigao” va a seguir ahí aunque no lo veáis en primicia.

En segundo lugar, sí, hay que llevar una rutina. Pero ¡ojo! Llevar una rutina no significa: “Obsesiónate por hacer como mínimo todo lo que hacías antes de todo esto”. Llevar una rutina es otra forma de decirte: “No seas una planta en la cama lamentando no haber comprado un orinal para no tener que desplazarte hasta el baño”. Con esto lo que se quiere decir es que la vida, como proceso natural, sigue. Y uno debería despertarse, levantarse, comer, cagar, ducharse si no quiere ponerse bien “malito” y acabar hecho un Cristo.

Pero nadie te obliga a llenar cada minuto de tu tiempo, al contrario, esto precisamente va de PARARSE. De detenerse. De trabajar la quietud, la serenidad, las sensaciones del cuerpo, de escuchar el silencio y disfrutar el reposo. Suena de lujo, sin embargo esto supone adaptarse a un ritmo que va contra nuestro sistema productivo y por tanto contra nuestro habitual estilo de vida en el cual “comíamos una Cheeseburguer en apenas un minuto de camino al otro curro y de pie porque el metro a hora punta está petao”.

Supone ponerse en un mood más comtemplativo y quizás más introspectivo.

También va de aprender a TOLERARSE. Cuando una para es cuando se da cuenta de lo que se mueve dentro de sí. Todas aquellas preocupaciones que has ido arrastrando, frustraciones, echar de menos al ex, descubrir que no eres bebedor social, etc. “Pues sí”, hay que decirse, “esta soy yo, con mis mierdecitas”. Desde las técnicas de Mindfulness se habla de ACEPTACIÓN RADICAL, y es que en estos momentos no nos queda otra. La aceptación radical es la capacidad de ver tus propias “mierdecitas” y arroparlas, aceptarlas y quererlas. Identificarlas como parte de una misma. Es una manera de “convivir con uno mismo”. Es coger tu ansiedad, sacarla fuera, mirarla, comprenderla, porque ella tiene sus razones para estar ahí y consolarla, arroparla.

Quizás no tengamos que ser tan duros con nosotros mismos como somos normalmente ni castigarnos por sentir o experimentar emociones negativas, sino al revés. Estamos en un momento revuelto y muy complicado por lo que tendremos que tener compasión por nosotros mismos ya que vivimos una situación de cierta (o mucha, dependiendo el caso) vulnerabilidad. Así que todo lo que hagamos para “mimarnos” y “reconciliarnos con nosotros mismos” seguro que juega a nuestro favor para el “mood cuarentena”.

Igual que esto nos está afectando a nosotros mismos a muchos niveles, tenemos que pensar que a los demás también, y tener algo de paciencia. Que si hoy tu hermano se ha levantado "tonto" igual no es para tocarte las narices y quizás necesite de tu comprensión. Seamos también fuente de cariño y comprensión para aquellos con los que convivimos para poder crear un espacio seguro entre todos.

Y por último y desde mi punto de vista lo más importante: entender que estamos haciendo un bien a la sociedad.

Que estamos siendo una sociedad civilizada que toma las medidas pertinentes para proteger a personas más vulnerables que nosotros. “Es una imposición”, sí, pero cada día que pasa es un día en el que hemos salvado miles de vidas por quedarnos tranquilitos en nuestras casas, así sin saberlo. Cada día que pasa es como una función de teatro  en la que cada uno debe bordar su papel, así que metámonos de lleno en el nuestro y vivamos las peculiaridades de esta situación y ajustémonos a ella. Mala hierba nunca muere y el ser humano no va a ser menos. Aprovechemos para sentir de verdad el “no somos nada” para trascender nuestra mente a lo colectivo. Conozcamos nuestras vulnerabilidades un poquito mejor, abracemos nuestros tormentos y permitámonos sentir y reflexionar en la quietud.

Por último quería añadir que desde el Colegio Oficial de Psicología de cada comunidad autónoma se están poniendo teléfonos d servicio psicológico para quien lo requiera. No lo dudes ni por un segundo, que para eso estamos.

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