En el amor como en la vida; mientras dure que sea infinito

Una reflexión actual sobre la nula gestión emocional derivada de la rapidez con la que vivimos

5 julio 2022 ·
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En palabras de muchos artistas que en la música reflejan conceptos que tanto nos resuenan, como Juancho Marqués en su tema ‘Isla/solo’, se reafirma la relativa idea de eternidad:

“Te brilla la cara, el cielo está bonito

Que no se apague, súbele

Al menos mientras dure que sea infinito

Cuidarlo hasta que cure bien”.

Somos conscientes de que todo acabará pero, ¿lo asumimos? Entender que disfrutar de algo mientras dure, para que así parezca infinito, es la mejor manera que tenemos de aliviar el alma.

Comenzamos relaciones entendiendo que la única manera es ser o no ser, aunque muchos de esos ideales están cambiando. Seguimos haciendo cosas inimaginables por quien nos gusta. Acabamos siendo cadáveres emocionales que nos encontramos unos con otros y así en un bucle infinito.

Queremos mantener el hype del principio en esa utópica eternidad, sin aceptar que se trata de seguir creciendo en la relación después del boom inicial. Nos aferramos y dañamos, en la era de la hiperracionalización, sólo damos vueltas en cirulo por nuestra mente.

Miras el móvil constantemente y deseas que te escriba, lo ves y están como dos imanes que se juntan y no pueden soltarse, la ansiedad te come si tardas en volver a verlo. Todo comenzaba con una mirada en cualquier lugar pero nadie decía hasta donde iban a llegar y lo mucho que ibas a sentir. Lo curioso de cualquier historia que puedan contarte es que el final suele ser tanto o más inesperado como el principio.

Nos estamos acostumbrando a que nos “rompan el corazón” sin casi empezar una relación. Cuantas veces te fustigas por sentir de más, pero créeme la intensidad no es el factor que detona la situación, culpabilizarnos sólo agranda el malestar propio. Se supone que es más simple, cada persona tiene su forma de relacionarse. Hay quienes huyen del amor aunque lo desean, quienes lo querrían pero demuestran lo contrario y quienes acaban logrando tener relaciones estables o aparentemente serlo.

Lo sorprendente es que salgan estudios que con numerosos datos demuestran que nos gusta la independencia pero también tener una pareja tradicional. Esa conclusión se contradice más que nuestros ideales al conocer a alguien que nos gusta. No acabo de entender que adoremos estar en pareja cuando nuestros pensamientos u actos demuestran todo lo contrario, algo falla.

Los libros de psicología hablan de apegos y de estar biológicamente programados para depender de otras personas así como un niño lo hace de su madre y al despegarse llora. Los vínculos acaban siendo muy importantes en la madurez en base a los que establecimos en la infancia, el afecto recibido o el que nos falta, nos guía a un futuro preestablecido por dichas vivencias.

Se supone que unas personas insisten más de la cuenta y a otras lo de amar siempre les viene mal, hasta que con alguien si se ven dispuestos a dar el siguiente paso. Para algunos es la ruleta rusa del querer, para otros siempre es buen momento. Prejuicios varios. Pues no tiene por qué. Lo que unas personas buscan más explicaciones, implicaciones y comunicación. A otras les sobrepasa la simpleza. Unas veces los intereses de quienes conectan, chocan y otras, encajan.

No es conocer a alguien y que funcione sin más. Las rupturas, los vaivenes y nuevos romances vistos desde fuera, reflejan al resto del mundo que todos pasamos las mismas mierdas.

También se presupone que sólo existen ciertas circunstancias emocionales, tengas la edad que tengas, seas quien seas: enamorado, desencantado, buscando o fuera del mercado. Esta última expresión, fea donde las haya, demuestra como todo es objeto de capitalizar y hacer superficial, así sea algo tan profundo como amar.

Si te paras en mitad de la discoteca, una playa o del mismo supermercado. Analizas que hay demasiada gente y que hemos normalizado que nos consumamos unos a otros con tanta facilidad y con la menor implicación posible, para que la transacción sea fácil. El bucle sin fin de la crisis del querer.

La sociedad desenamorada enmarcada por la infidelidad, los malos entendidos, la falsedad o hipocresía, autoengaño, ghosting, banksying, benching, breadcrumbing y así infinitos términos que concluyen en dañar y dañarnos, con tal de evitar ser responsables afectivamente.

Nos enseñan a empezar, a disfrutar, desarrollamos una intensidad máxima pero ¿qué pasa cuando se acaba?, ¿cuando alguien se va?,¿ te vas tú? Incluso más allá del amor; unos estudios, una relación, un trabajo, una etapa, un ser querido. ¿Por qué no enseñarnos a aceptar eso? Ni asumimos, ni entendemos, ni sanamos, los miedos e incertidumbres nos llevan en masa a la ansiedad y depresión.

El mundo nos duele y el amor nos alivia, es todo. Pero todo lo que ocurre en el medio, la falta de amor propio, la mezcla de emociones que te generan pensando en el otro, la idealización como problema, la romantización de las relaciones que nos han vendido toda la vida, saber que el amor no lo puede todo actualmente.

Salud, dinero y amor son las prioridades de toda generación. El orden y el equilibrio de estas, es el gran conflicto. La impaciencia, las expectativas y el choque de intereses dinamita todas ellas, principalmente el amor.

El problema en casi todas las relaciones es ir en la misma dirección y al mismo nivel todo el rato, suele haber alguien que se desnivela y ahí se va todo al carajo. También la sinceridad, lo que cada uno ponga de su parte, la manipulación que intenten ejercer, la sinceridad y lealtad. Sería muy sencillo estar, si se quiere y si no, pues nada. Pero hay un camino infinito de grises emocionales que entorpecen el proceso.

Además de dar los siguientes pasos;  como la boda, convivir, hijos, etc. Cuánto hay de pasión y enamoramiento inicial, cuánto de costumbre o miedos a empezar de cero y desvincularte de quien veías tan importante en tu vida. Cuánto es sexo y no amor, celos y algo tóxico, nada de respeto y admiración.

No pretendo esbozar un panorama desolador, enamorarse es nuestra droga favorita y experimentarlo es algo casi inevitable a la par que maravilloso. La cosa es saber desintoxicarse cuando no aporta todo lo que necesitas y poder seguir tu vida con más.

La perfección deseada o impuesta, aumenta con las redes sociales, demasiadas dudas acerca de sus beneficios por los problemas que causan. El ego subido, la autoestima por los suelos, disfrazar o potenciar la personalidad, comparación.

La inmediatez es el peor amigo de la sociedad actual. Todo va rápido, hasta con las personas y poco espacio queda para la gestión emocional de lo que nos pasa. No sé a ciencia exacta cuanto han cambiado las cosas y las relaciones con los años pero la prisa puede ser una de las claves, junto a los cambios de mentalidad del devenir de los sentimientos que estamos experimentando. El choque entre lo de antes y ahora es muy palpable.

Además del cambio, desde las nuevas masculinidades y feminidades a otras muchas vertientes sexuales y personales. Fugacidad y precariedad. La lucha entre empoderamiento, pereza, cambios en los conceptos de parejas, desapegos y apegos, valorar y desvalorizar, cosificar, usar y tirar o empatizar. La cabeza no para de dar vueltas sobre un sentimiento que, a priori, tantas buenas sensaciones produce. Sólo seamos más conscientes de lo que hacemos, somos y sentimos pero mientras dure que sea infinito.

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