Diario normal de una chica común (2ª parte)

Decidí hacerme un Only Fans y aprovechar el tirón de Twitter para publicitarme. Tampoco quería hacerme rica, simplemente que me diese para vivir.

1 junio 2021 ·
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Foto vía Unsp.

En esta segunda parte nos adentraremos aún más en el submundo, en cómo el 2020 se convirtió en la ruptura de muchos lazos sociales supuestamente rígidos.  La plataforma de OnlyFans (OF) hizo de Caronte en la travesía hacia un infierno personal, el infierno de la desconfianza y el desapego tanto emocional como sexual, de una chica hacia los hombres.

Como decíamos ayer:

No sentía la necesidad de obtener dinero a cambio de cuatro fotos de mis pies arrugados, estaba trabajando y no me iba mal. Piso compartido, sí; pero total independencia. 

Llegó el año maldito, y vivir día a día, me empezó a pasar factura. No me pagaban suficiente en el trabajo, y poco a poco veía como me quedaba sin ahorros. La libertad y estabilidad emocional que me daba el dinero, al otorgarme esa autonomía, se acabó por convertir en ansiedad y enclaustramiento por su ausencia. 

Decidí hacerme una cuenta en OF y aprovechar el tirón de Twitter para publicitarme. Tampoco quería hacerme rica, simplemente que me diese para vivir. No era más que una excusa para conservar mi modo de vida. Con lo que saqué me dio para pagarme el piso y gastos necesarios, por lo menos ya no me alimentaba solo de arroz y tomate.

Apenas dos o tres fotos tenía colgadas, que para nada podríamos decir que era contenido sexual, pero si suficiente como para poder sostener mi economía.

A diferencia de Twitter, la gente no me hablaba de buenas formas, intentando mantener la conversación viva por decirlo de alguna manera. Los perfiles eran totalmente lo contrario, se me llegaba hasta a exigir. “¡Sube más cosas, para algo estoy pagándote!”,” Dos fotos solo!? ¡Queremos ver más, si no elimino la subscripción!… Como si de alguna manera yo tuviese que rendir cuentas con ellos, la relación de poder cambió totalmente.

Llegó marzo y claro, pandemia, COVID, confinamiento y ERTES que no llegaban. Puedo decir que por aburrimiento volví a subir contenido, bueno y porque debía tener algún ingreso, aunque fuese de esa manera.

Pasaron los meses y cuando por fin se pudo salir a la calle, la volví a dejar de lado. Llegué a tener como 60 subscriptores, es decir más dinero; pero también más mensajes. Algunas “personas” llegaron a ofrecerme 3000 euros si los acompañaba a una fiesta, otras casi que me ordenaban que enseñase el coño y en repetidas ocasiones llegaron a preguntarme si estaría dispuesta a ejercer la prostitución. Un “NO” rotundo no les valía, siempre presionaban más, y como excusa, el dinero.

 Ya no eran dos o tres personas vejándome y haciéndome sentir como una mierda. Era tal la situación, que deje de meterme y de transferirme el dinero por la ansiedad que me provocaba tener que enfrentarme a ellos.

Es aquí, de verdad, cuando te planteas tu estabilidad mental. ¿Qué necesidad tengo yo de aguantar comentarios y exigencias de trogloditas?

“Ganar dinero de esta manera, no es ni más ni menos que cuando te sueltan un piropo por la calle, aunque lo maquillen y sean palabras bonitas, incluso aunque sea un poema y te haga sentir bien, ese sentimiento de euforia se acaba por desvanecer. Lo único que queda es la suciedad de que te traten como un humano de segunda, porque a los de primera; ni se les grita por la calle, ni se les deja entrar gratis en las discotecas y menos todavía les contacta este tipo de gente, porque son personas, no objetos de consumo. Y aunque te creas empoderada por el mero hecho de sacarle el dinero a cuatro tontos, el sabor que te queda es de ser una mierda cosificada.”

Hay una gran diferencia entre los que llamábamos esclavos o sumisos financieros y estos nuevos perfiles. Ha habido un intercambio de papeles, si antes querían ser tratados como objetos, ahora son ellos los que buscan ese objeto de consumo. Tienen como finalidad la comercialización del cuerpo para satisfacer sus necesidades más primarias; simple y llanamente son primates cuyas capacidades les impiden empatizar con la persona convertida en objeto, básicamente porque para ellos es solo un cuerpo a su merced.

Entienden que por el mero hecho de dar su dinero pueden poseer a una persona, mandarla, exigirla u obligarla. Estos comportamientos están impulsados por el tipo de deseo sexual sobre el que habla Fromm, estimulado por la angustia de la soledad y que tiene como finalidad, la destrucción del objeto deseado. 

A mi pesar, hay muchísimos factores que pueden determinar este tipo de conductas, la educación social y sexual, la influencia del sistema de consumo, la utilización del cuerpo humano como producto en la publicidad, la estructura social heredada…  “¿Son todos estos factores intrínsecos a las personas?” “¿Son incapaces de ver más allá de su propio ser individual?” Y si lo hacen, “¿en qué medida no se dan cuenta de sus acciones?”

No quiero creer que estamos condenados a vagar en un páramo de estupidez humana, y que muchas de estas actitudes solo se dan por el amparo del paraguas del anonimato. No, esto es lo cotidiano en la vida de las mujeres. Hay que alzar la voz cuando oigamos este tipo comentarios, ya sea de gente desconocida o de tus allegados, no podemos pensar que el silencio educa. Este tipo de comportamientos se dan día a día por gente cercana a ti. Que, aunque no sean comentarios tan directos y graves a simple vista, en ellos subyacen los mismos pensamientos retrógrados e inhumanos.  

La realidad es esta, y la impunidad no puede ser una opción. Son millones los casos y pocos tienen voz propia; por lo que nos queda un largo arduo y pedregoso camino. Pero poco a poco, y entre todos, podremos escuchar más voces y menos carcajadas. 

Puedes leer aquí la 1ª parte

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