¿Que dicen de nosotres los juguetes sexuales que usamos?

Los juguetes sexuales que usa una sociedad dicen mucho de los ideales que la conforman. Dime qué juguetes sexuales usas y te diré quién eres.

7 enero 2021 ·
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Este texto nace de la preocupación real por una noticia reciente. Hace poco, Amazon retiró de su catálogo una serie de juguetes sexuales que imitaban piernas y genitales de niñas a los que te podías follar. Estos torsos masturbadores, claramente pensados para un mercado de hombres pedófilos, son ofertados por la marca Wava. La noticia surgió gracias a la denuncia de la plataforma sickstoppers. La plataforma, dedicada a la protección sexual de la infancia, enseñó y denunció el catálogo de Amazon en redes sociales, además de ponerlo en conocimiento del gobierno de España. Tras un toque de atención del ministerio de consumo, Amazon decidió retirar de su catálogo los torsos sexuales de esta compañía. Alegando que están comprometidos con la protección de las menores y serán más estrictos con las compañías que ofertan. 

Mi preocupación viene de que esto no es un caso aislado. La promoción de prácticas sexuales ilegales, abuso y violación por gran parte de las empresas del sexo es sistémica. En este caso, obligados por el gobierno, Amazon retiró el producto. Pero, ¿en cuántos miles de portales legales podremos encontrar juguetes sexuales similares? ¿Acaso hubo alguna repercusión para la compañía, que incita a la pederastia? No es solo un juguete sexual desafortunado. Aquello que promueve la fabricación y venta legal de juguetes sexuales para pederastas, es la misma base de los grandes portales pornográficos. Llenos de violaciones, agresiones y prácticas no consentidas. También es el mismo fondo de aquella olvidada trama de pederastia internacional orquestada por el “suicidado” Jeffrey Epstein. En la que se encontraban prácticamente todos los grandes líderes políticos hombres del planeta, incluidos Donald Trump y Juan Carlos I. 

Amazon retiró de su catálogo juguetes sexuales para pederastas.

Ese núcleo ideológico se encuentra bajo gran parte de nuestra cultura del sexo contemporánea. Y me hace pensar en que estas muñecas no deben ser los únicos juguetes sexuales que están dañando nuestra psique colectiva. ¿Hay un problema endémico con los juguetes sexuales contemporáneos? ¿Qué dicen de nosotros los juguetes que usamos? Para responder esta pregunta, me gustaría analizar algunos juguetes sexuales del catálogo de Amazon. Tanto para “hombres” cómo para “mujeres”. Para después pensar qué ideas del cuerpo y el sexo podemos encontrar detrás de ellos y, por tanto, en nuestra psique colectiva.

 

Buscando los torsos masturbadores para pederastas en Amazon, accedí a un sinfín de muñecas sexuales (imitando a mujeres adultas) dignas de analizar. Existen muchos tipos: cuerpo entero, solo vulva, solo vulva y culo, caderas y piernas, etc. Lo que más me llamó la atención fueron aquellas muñecas que sólo conservaban pechos, ano y vulva. Cabe destacar que hablamos de juguetes hiperrealistas. La sensación de realidad es profunda y buscada. Para ello, la empresa se centra en detalles como las texturas de la piel, humedades, la forma de las aperturas vaginal y anal por dentro o la lencería.

A pesar de esta búsqueda de realidad, tanto cabeza como extremidades son eliminadas. Tienes a una “mujer” realista con la que mantener relaciones, pero esta está decapitada y mutilada. De forma que, las únicas partes “no prescindibles” de la mujer desde este punto de vista sexual, serían dos de sus orificios y sus dos pechos. Aperturas y protuberancias que configuran un cuerpo compuesto de dolor y violencia. Un cuerpo idéntico al mostrado en la pornografía mainstream. 

Tienes a una “mujer” realista con la que mantener relaciones, pero esta está decapitada y mutilada.

Esta nueva corporalidad heterosexual de lo femenino también es debida a una economización de medios a la hora de crear los juguetes. Cuanto menos tengas que reproducir, más barata será la producción. La dinámica de la economización corporal se vuelve perversa cuando ésta conlleva ya no solo amputaciones, sino una reconfiguración completa del cuerpo femenino. Así lo vemos en este otro tipo de muñeca. El cual consiste en unos abultados pechos entre los que aparecen una vulva y un ano (eso sí, con lencería). Sale a relucir lo único que importa: Tetas, coño y culo. La empresa ha creado un pedazo de carne follable, con todo lo que un hombre hetero necesita en ella. Y en esta operación, han creado a su vez una especie de monstruo sexual de carne. Un organismo vivo cuya única función y posibilidad es la de ser follado. 

Por desgracia, esta economía heterosexual del cuerpo femenino es fundacional en la sexualidad heteronormativa mainstream. Lo vemos en la pornografía, pero también en la publicidad, imágenes de redes sociales, música, etc. Y a medida que cada vez, por el consumo de pornografía y las formas actuales de comunicación, el sexo se vuelve un proceso más y más rápido, las nuevas generaciones se aplican más estrictamente estos dictámenes economizadores. Los niños que están creciendo en este mundo de sexualidad pornográfica, van a partir de esta visión del cuerpo femenino como un trozo de carne fragmentado follable. Visión del sexo en la que evidentemente, conceptos como el consentimiento, no tienen cabida.

La educación sexual no es solo cosa de colegios y familias.

A pesar de encontrarnos con la generación con mayor educación sexual, más tolerante con la comunidad queer, también es la generación que se está criando con Jordi ENP como referente. Y que encuentran modelos de educación sexual en Onlyfans. La generación cuya mayor actividad sexual está supeditada a la pantalla de su smartphone. En resumen, la generación más sexualizada pero que menos folla. Y cuando folla lo hace mal. La educación sexual no es solo cosa de colegios y familias. Toda la sociedad es responsable de las generaciones que trae al mundo. Y tenemos que reflexionar sobre si algunos objetos deberían estar o no en el mercado, por salud pública. 

Evidentemente, no solo los juguetes sexuales “masculinos” nos presentan problemas. A pesar de que hasta hace pocos años la sexualidad femenina estuvo socialmente tapada, las lógicas de economización heterosexual también dan forma a los nuevos juguetes sexuales para personas con vulva. Para este análisis, estuve buscando dildos hiperrealistas. Una suerte de “traducción de género” de las muñecas sexuales expuestas. Sin embargo, considero que las diferencias conceptuales entre uno y otro son abismales. Mientras que la muñeca es la simulación de un cuerpo femenino amputado, el dildo hiperrealista o polla de goma se trata de una prótesis del cuerpo. El dildo se transforma en una adhesión de polla, que no implica la amputación de un cuerpo y que se puede hacer a cuerpos con o sin pene. Es cierto que la polla de goma también se piensa para una sexualidad genital heterosexual. No obstante, en la realidad esta es opcional, ya que el dildo es útil para muchos orificios y juegos.

El dildo es útil para muchos orificios y juegos.

También, decir que no se reduce al hombre a “una polla a ser follada”. Por el contrario, lo que representa el dildo hiperrealista es a la polla como una herramienta sexual al alcance de todes, independientemente de tu género. Este juguete sexual es contradictorio con la economía heterosexual que presentaba antes. Por una parte, economiza el cuerpo masculino, extrayendo su mayor herramienta sexual. Sin embargo, no se puede pensar como reduccionista, ya que añade pollas a los cuerpos en vez de quitarlas. Por otra parte, aunque centra el sexo en la penetración, no obliga que a esta ser hetero. 

Otro juguete sexual “femenino” muy de moda es el succionador de clitoris. Al igual que los anteriores, este juguete sexual tiene sus pros y sus contras. A su favor, podemos hablar de cómo ha puesto el clítoris en el imaginario público. Órgano responsable de muchos orgasmos, pero hasta ahora ignorado por el heteropatriarcado. También, ha ayudado a llegar al orgasmo a muchas personas a las que, por diferentes motivos, no les era fácil hacerlo. No obstante, como todos los juguetes sexuales mainstream, tiene su parte negativa, relacionada con la economización sexual. 

El succionador permite a las personas con clítoris llegar al orgasmo en un tiempo “record”. Lo que, en muchas ocasiones, tardarías 15 minutos en conseguir, con este aparato lo consigues en 2. Esto se ha pensado como una cuestión positiva. Pero en mi opinión, automatizar la masturbación para economizar temporalmente no es una cuestión a celebrar. La celeridad del aparato va de la mano de unas dinámicas sociales que priman “no malgastar el tiempo”, con la certeza de que esta economización temporal de la masturbación dará lugar a más tiempo disponible para el trabajo.

El succionador ha puesto el clítoris en el imaginario público.

La aceleración de la vida, tanto en comunicaciones, lecturas, ritmos para moverse por la ciudad, capacidades de atención o masturbación, es el resultado de una aceleración constante del capital, que en su aceleración genera más dinero, y que no puede dejar tiempo libre para otras actividades. Finalmente, darse prisa en hacer las cosas responde a la necesidad de consumir rápido para poder consumir más. Y cada vez quitarle menos tiempo a los ámbitos del trabajo y consumo.

Otro problema que presentan estos juguetes sexuales es que producen adicción. Lo que puede derivar en otros problemas. Cuando tu cuerpo se acostumbra a una intensidad y rapidez en el orgasmo, va a seguir queriéndolo así. De forma que, el uso constante del succionador, puede derivar en la insensibilidad de tu clítoris ante otras situaciones de placer. O que sólo puedas correrte así. También es una práctica exclusivamente genital, que desatiende al resto del cuerpo en la búsqueda de placer. Reducir tu masturbación al succionador hace que te olvides de atender tu cuerpo, sus tiempos, formas y necesidades en el acto erótico, para reducirlo a un clítoris.

También, presenta el sexo como un camino lineal y marcado hacia el orgasmo, cuándo no tiene por qué ser así. Para terminar decir que el succionador de clítoris no es un objeto problemático de por sí (a diferencia de los torsos masturbadores), pero hay que tener cuidado. Lo ideal es combinar su uso con otras formas de masturbación más lentas, en las que atiendas más a tu cuerpo, con el fin de no olvidarte de él y evitar la economización absoluta del sexo. 

Cuando tu cuerpo se acostumbra a una intensidad y rapidez en el orgasmo, va a seguir queriéndolo así.

Todos los juguetes sexuales son un reflejo material de nuestro imaginario sexual colectivo. Cuándo unas prácticas son más visibles que otras, hay que preguntar a las primeras qué acciones las conforman, para entender la sociedad en la que vivimos. Los juguetes sexuales, no son malos de por sí, pero tenemos que ser conscientes de aquellas cosas que simbolizan, y lo que pueden hacer a nuestro cuerpo y mente.

Tampoco el tratamiento que debemos darles es igual para todos. Mientras que algunos juguetes sexuales como el succionador, nos presentan problemas que podemos solucionar con moderación en su uso, otros como las muñecas sexuales, traen problemas mucho mayores, que igual no se pueden solucionar salvo con su prohibición. A veces, parece que nos olvidamos de que vivimos con otres muches, y que nuestras acciones perjudican tanto a les otres del presente, como del futuro. Por eso, pienso en una economía sexual no individualista, pensada para el conjunto de la sociedad, y que regule productos como la pornografía mainstream o algunos juguetes sexuales con el fin de construir un futuro sexual mejor para todes.

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