Esto es la Digisexualidad

Seguramente seas una persona digisexual, pero aún no lo sabes. Explicamos qué es la digisexualidad.

10 mayo 2021 ·
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DIGISEXUALIDAD_binary

¿Algune sabe qué es la digisexualidad?

Hay una frase hecha que, en mi opinión, debería ser ley: para gustos, colores. Lo que busca decir la expresión es que hay tantas querencias como personas en el mundo. Y que hay que respetar las diferentes formas de sentir. Sin embargo, esta frase viene de un mundo quizás más diverso que el actual. A pesar de que, en el universo sexual, cada une es diferente. Con sus diferentes filias, placeres, gustos y sentimientos. Hay algo que, desde hace unos años a hoy, ha cruzado la sexualidad de todes les niñes, configurándola y convirtiéndoles en quienes son: la tecnología.

Así es. La tecnología forma parte de la mayor parte de experiencias sexuales de la gente joven. Ya sea por el acceso vía smartphones u ordenadores a la pornografía, juguetes sexuales o aplicaciones de dating, la tecnología da forma a nuestra sexualidad. Ahora bien ¿Cuán importante es esta influencia? Según los doctores Neil McArthir y Markie L.C. es mucha. Por ello, acuñaron el término “digisexualidad”, por primera vez utilizado en el artículo  "The Rise of Digisexuality: Therapeutics Challenges and Possibilities". Para los doctores, la digisexualidad es una forma de entender el sexo mediada por la tecnología. En la que las tecnologías ya no son sólo herramientas posibles, si no un eje central para la construcción del sujeto sexual y los placeres. Las personas digisexuales son aquellas que se relacionan sexualmente de igual forma con seres humanos, pantallas, aparatos tecnológicos y robots. 

La digisexualidad es una forma de entender el sexo mediada por la tecnología.

Algunas de las prácticas más comunes de la digisexualidad son el sexting. Delegar la búsqueda de pareja sexual en las dating apps. Utilizar sistemáticamente juguetes sexuales electrónicos o el consumo habitual de pornografía para la masturbación. Todas estas realidades, mediadas por redes tecnológicas, empresas de las comunicaciones y sofisticados algoritmos, configuran nuestra vida sexual y formas de hacer y desarrollarnos. Según la digisexualidad , las tecnologías estan tan implicadas en el sexo contemporáneo, que la sexualidad no se puede entender sin estas: somos sexualmente dependientes de la tecnología. Con todo lo que eso conlleva. 

Según la estadística, en España la mitad de los menores ya han consumido pornografía antes de los 16 años. Que tu primera experiencia sexual sea con una ficción es preocupante; pero ¿realmente la tecnología ha cambiado tanto nuestro sexo? Es una pregunta que sólo las personas dedicadas al estudio del sexo nos podrían responder. Un ejemplo de esta dependencia nos lo muestra la sexóloga Delfina Mieville: 

"Tengo pacientes con disfunción eréctil porque se están masturbando a todas horas con el móvil, porque ven mucho porno, y cuando es algo de carne y hueso no funciona; no pueden amoldarse"

Según la doctora, la dependencia constante de las tecnologías para vivir la sexualidad propia, conlleva un distanciamiento de la “realidad corporal” del sexo, muy lejana de la ficción pornográfica.

Somos sexualmente dependientes de la tecnología.

Otros ejemplos los encontramos en los países asiáticos. En concreto Corea y Japón, donde la sexualidad se vive de una forma mucho más privada y tecnológica. En estos países es medianamente normal que las personas mantengan relaciones de pareja, e incluso se enamoren, de inteligencias artificiales en forma de videojuego interactivo. También, en estos países están proliferando los juguetes sexuales hiperrealistas, que imitan genitales y partes del cuerpo humano. Incluso podemos encontrar burdeles de muñecas y muñecos sexuales hiperrealistas, donde pagas por acostarte con un gigantesco robot. También podemos encontrar estos negocios, aunque de manera minoritaria, en otras zonas del “primer mundo” y en España.

Poco a poco vamos viendo que la categoría de digisexual es bastante adecuada a la realidad de muchas personas contemporáneas. Incluso vosotres podéis estar identificandoos con ella en ciertos aspectos. Ahora bien, ¿a dónde va todo esto? ¿cómo se implicarán sexo y tecnologías en el futuro? Muchas corporaciones están haciéndose la misma pregunta. Si bien el porno VR es parte del presente (para eso servían los Oculus Rift), se prevé que los algoritmos y la robótica estén cada vez más entrelazados con el sexo público. Y no hablamos de un futuro muy lejano.

En Japón, debido a la baja tasa de natalidad del país, plantean promover el sexo en el país mediante una aplicación estatal que juntaría a solteres en edad de tener hijos. Una especie de Tinder gubernamental, vaya. Por otra parte, ya desde los noventa se investiga cómo aplicar la robótica a la facilitación de relaciones a distancia. En el “Eros Electrónico” (2000) Roman Gubern hablaba de algunas tecnologías comerciales en desarrollo que permitirían a las parejas follar en la distancia. Estas se basaban en prótesis corporales y acoples externos, que imitaban los movimientos de los genitales de tu pareja en directo. Así, podíais sentir lo que os hacía el otro en directo. Aunque estas máquinas no han tenido éxito, otras como el vibrador con mando a distancia o la máquina para dar besos a distancia han prosperado. 

Si aceptamos el término digisexualidad, hemos de aceptar que ya todes somos digisexuales. Pero no podemos olvidar que el sexo, al igual que los otros aspectos de nuestro día a día, siempre ha ido de la mano de la tecnología. Los dildos, condones, sistemas anticonceptivos, cirugías o juguetes sexuales llevan con nosotres siglos. Ya en el s XVIII el Marqués de Sade hablaba de diferentes juegos sexuales. Y los romanos antiguos utilizaban tripas de animales como preservativos. Entonces ¿cuál sería la diferencia?

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