Mi experiencia con el acoso sexual como española en Alemania

Mi búsqueda de trabajo en Alemania vino acompañada de innumerable acoso sexual a través de Internet.

3 noviembre 2020 ·
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El uno de agosto de 2019 llegué a Alemania para trabajar, había hecho el Erasmus allí dos años atrás, la experiencia me había resultado maravillosa, me había enamorado y me había quedado prendada de la ciudad. Por entonces nunca pensé que viviría tantas experiencias de acoso sexual. Mi sorpresa fue bastante grande, la vida cómo inmigrante no se parecía nada a lo que recordaba de la universidad. El encontrar trabajo me resultó bastante fácil, empecé a trabajar el segundo día en un restaurante español gracias a una amiga, pero dos meses después me despidieron por falta de clientela.

A partir de ahí me topé con una dura realidad, la búsqueda de trabajo siendo inmigrante y mujer, junto con la barrera del idioma. Mi búsqueda de trabajo vino acompañada de innumerable acoso sexual a través de Internet. Prácticamente todas las respuestas de los anuncios de limpieza preguntaban sobre si además podría complementar mi trabajo con trabajos sexuales o si podría, entre otras cosas, limpiar en ropa interior.

Harta de que se asumiera que por ser española me dedicaría a la prostitución, decidí publicar yo misma un anuncio ofreciendo clases de español, lo que pedía eran 14 euros la hora, un precio bastante razonable para Alemania. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que solo respondieron hombres interesados en sí también las clases incluían algún tipo de servicio extraordinario. O preguntando si podría ir disfrazada de una manera sexy a las clases. Casos como este me encontré en todo tipo de anuncios. Hasta que finalmente conseguí una prueba de trabajo para un restaurante a una hora de mi casa.

Prácticamente en todos los anuncios de limpieza preguntaban si además podría hacerles trabajos sexuales

La entrevista anterior había sido bastante normal. Uno de los camareros comentó que era demasiado guapa para trabajar en cocina, pero no le di importancia. Todos parecían tener buen ambiente. Este mismo camarero minutos después me encontró sola en la cocina. Sus palabras textuales fueron “eres muy guapa, te voy a hacer sentir realmente incómoda”. En ese momento sentí muchísimo miedo pero necesitaba un trabajo. Así que cuando me llamaron para ir a la prueba accedí. Fueron 6 horas sin ningún tipo de supervisión ( se supone que el día de prueba es para que tu jef@ vea cómo trabajas).

Que estuvieron llenas de comentarios inapropiados por parte de mi compañero. Al contrario de lo que se esperaba nadie le dijo nada. Solamente estaban preocupados porque yo pusiera una
mejor cara. Me dejaron a mí sola cerrando el restaurante y para cuando salí la jefa ya se había ido. No volví a saber nada de ellos. No mucho después me contactaron de una tienda de decoración y plantas. Hice la entrevista y todo salió bien. El jefe era un hombre joven y flexible y todos parecían muy confortables en ese trabajo.

El día de prueba fue bien. Las dos primeras horas me enseñaron entre varios compañeros qué hacer. Eran muy amables. Al final de la tarde todos se fueron y me dejaron a solas con el encargado para que terminara de enseñarme como hacer algunas cosas.

Sus palabras de acoso sexual fueron “eres muy guapa, te voy a hacer sentir realmente incómoda”.

Al principio él tenía un comportamiento normal. Me preguntó que por qué había venido a Alemania, qué había estudiado, etc. Lo típico. En la parte de arriba del almacén empezó a frotarse contra mí. Me extraño mucho y me asusté, pero finalmente decidí atribuirlo a que era un hombre grande y que no tenía espacio para pasar. cada vez este tipo de frotamientos se fueron haciendo más obvios y empecé a tener mucho miedo. Empecé a tomar distancia con él. Le respondía lo estrictamente necesario, temblando, deseando que llegara la hora de poder irme a casa.

La situación se fue haciendo cada vez más insostenible hasta que finalmente me agarró el trasero. No supe que hacer, me quedé en shock, no podía creer que eso me estuviera pasando. Yo seguía intentando negarme a mi misma esa situación, convenciéndome de que todo eran accidentes. Fingimos como si nada hubiera sucedido hasta que unos minutos después me armé de valor y le dije: “disculpa, puede ser que todo esto sea un malentendido. Pero estoy segura de que me has estado tocando a propósito desde hace rato. Y ahora mismo me acabas de agarrar el trasero”.

Todo esto temblando y luchando para que no se me cayeran las lágrimas. Su cara cambió me pidió perdón inmediatamente y me prometió que no volvería a pasar. Al irme a casa me paró en la oficina, sus palabras fueron: “No se lo digas a nadie. Yo no he hecho nada, son imaginaciones tuyas”.

La situación se fue haciendo cada vez más insostenible hasta que finalmente me agarró el trasero.

Al subirme en el autobús no pude contener las lágrimas. Nunca me había sentido tan humillada. Realmente necesitaba ese trabajo y por primera vez en mucho tiempo era un buen lugar. Era tan frustrante que todo ese acoso sexual estuviera pasando otra vez.

Finalmente decidí coger el puesto. Estuve trabajando en ese lugar durante el resto de mi estancia en Alemania. Era un buen sitio, todos los compañeros me incluyeron en su círculo y forjé una gran amistad con muchos de ellos. Siempre estuve esperando a ese momento, a tener más confianza con ellos para poder contarlo, pero a medida que ganaba más amistad se me hacía más complicado contarlo, él era el típico chico simpático que nunca haría daño a nadie, todos lo conocían desde hace años y yo no quería cargarme todo lo que me había costado tanto conseguir. Muchas veces me dieron ganas de contárselo a mis compañeras más cercanas pero nunca tuve el valor.

Todas estas experiencias de acoso sexual, especialmente la última las fui guardando en lo más profundo de mi memoria hasta que un amigo me animó a que escribiera sobre ello.

Fue una gran sorpresa volver y ver que a la gente le importaba mi historia, que no era la única a la que le había pasado y que, desgraciadamente es una realidad a la que se enfrentan muchísimas chicas cuando van al extranjero. Si es tu caso solo quiero que sepas que no estás sola y que cuando te atrevas a hablar siempre va a haber gente que quiera escuchar.

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