Seres sexuados pero no educados: abuso sexual infantil.

Del 70 al 85% de los niños y niñas víctimas de abuso conocen a su agresor. ¿Recuerdas cuando teníamos 6-7 años? Qué simple y...

10 marzo 2020 ·
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Del 70 al 85% de los niños y niñas víctimas de abuso conocen a su agresor.

¿Recuerdas cuando teníamos 6-7 años? Qué simple y bella era la vida. En casa. De casa al cole. Del cole al parque o a guitarra (o a baloncesto), y de ahí a casa a hacer los deberes o ver dibujos, ducha y dormir.
Y todo eso con mi madre/padre/abuelos/hermanos, profes/monitores y mis amiguis a los que quería un montón.

La vida se resumía básicamente en eso. En dejar que me quieran, querer, ir creciendo y aprender. Me encantaba jugar en casa con mis padres y mi hermana. Aunque era un poco zoquete me gustaba ir a guitarra y los domingos siempre iba a ver a los abuelos.

Del 70 al 85% de los niños y niñas víctimas de abuso conocen a su agresor.

Y es perfectamente razonable puesto que un niño en extraña ocasión tiene contacto con extraños sin supervisión de alguien.

Por lo tanto estamos hablando de un tipo de agresión muy compleja. En la que una persona muy querida e incluso venerada por el niño y por su círculo es la que comete la agresión. Es decir, se comete un abuso de poder manipulando el vínculo existente entre ellos, este abuso puede tornarse cada vez más exigente hacia el menor.

Y como todo abuso de poder se puede ejercer de muchas formas. No solamente a través del contacto físico explícito.

Lo que caracteriza quizás desde mi punto de vista esta serie de agresiones, es el pacto de silencio que se conforma entre el agresor y el menor abusado. Este pacto de silencio es la consecuencia de una serie de interacciones. La persona que abusa plantea el abuso como un juego o algo bonito e íntimo con el menor.

Existe cierta seducción en el abuso al plantearlo como algo especial y secreto.

Y tú con tu mente de niño de 5-6 años no terminas de entender nada, pero quizás comienzas a acceder a ciertas cosas que pueden parecerte confusas pero no necesariamente desagradables.

Tenemos que darnos cuenta de que "abuso sexual" puede ser por ejemplo: "tú juegas a contarme los lunares siempre que me ducho". O por ejemplo "yo te miro mientras haces pis blanco". También podría ser "yo me toco aquí mientras tú te tocas". O "me haces fotos de esta manera".

Y como puede ser algo que no necesariamente sea explícito o desagradable en ese momento para el menor, al no identificarlo como algo sexual, queda dentro de un acuerdo de privacidad, de intimidad con esa persona a la que quieres mucho o admiras. Esta situación puede alargarse durante años y puede volverse cada vez más "exigente". A veces se detectan cambios en el menor que hacen que la alarma salte, pero a veces no.

¿Qué ocurre? Ahora os pido ejercicio de empatía: darme cuenta de que la persona a la que quiero y en la que confío (o incluso "a la que más quiero") realmente está haciendo algo conmigo que no está bien, es tremendamente difícil por todo lo que supone. Para empezar, haber sido partícipe en algo semejante, aunque haya sido de manera inconsciente, puede hacer que sienta una culpa tremenda o sentir que incluso lo he provocado.

Romper el pacto de silencio del abuso supone traición y por tanto perder a alguien a quien quieres muchísimo. Incluso pudiera ser que acabara en la cárcel.

Vale. Llegados a este punto es necesario hacer un análisis e identificar qué se podría haber hecho para proteger a este menor a lo largo de todo el abuso.

Los niños son eso, niños. Un niño no va a tener la concepción que tiene el adulto acerca de la sexualidad. De hecho ya entre un adulto y otro puede haber diferencias abismales. En la I Jornada de Avances y Nuevos Retos en el Maltrato y Abuso Infantil y Adolescente en el Colegio de Psicología de Madrid, Pilar Polo decía que desde su punto de vista el abuso sexual infantil era un fracaso social. Y estoy de acuerdo.

En materia sexual estamos muy verdes. Existe un tabú enorme pero también una libertad exacerbada sin educación.

Existe una idea sexofóbica acerca de la sexualidad. Esto es considerar la sexualidad como algo "sucio", reducido al coito, algo que hay que esconder, reprimir, evitar. .

Cuando decimos "sexualidad" pensamos en "follar" y cuando decimos "relación sexual" pensamos inmediatamente en "follar", otra vez. Y perdonad si sueno desagradable pero es justo lo que pretendo transmitiros.

Como la sexualidad es algo sucio que solo hacen los adultos, no sabemos cómo abordar ciertos temas con los más pequeños. La sexualidad es todo un entramado cuya base son las relaciones afectivas. Un niño de 5 años quizás no tenga curiosidad por saber cómo se hacen los bebés, pero sí tendrá la necesidad de identificar las partes que conforman su cuerpo, saber para qué sirve cada parte de su cuerpo, entender que su cuerpo es solo suyo y el cuerpo del otro es del otro. A un niño de 5 años quizás no se le enseñan juguetes sexuales, pero se le puede explicar que cada parte de su cuerpo puede ser estimulada y provoca cierta reacción en su cuerpo.

También, desde un marco de educación afectivo sexual se le puede enseñar la libertad de querer o no, de qué es querer bien  y qué supone abusar o dañar a otra persona.

Enseñarle que tiene derecho a que le traten de cierta manera o a lo que nadie tiene derecho a hacerle, que tiene derecho a decir "no" en caso de considerarlo, etc. Enseñarle a defenderse del abuso.

En definitiva se les enseña, a su nivel, a crecer en el ámbito afectivo-sexual. Se les dan herramientas para que puedan desarrollarse, establecer vínculos favorables y mermar la probabilidad de que aparezcan o se mantengan situaciones de abuso.

Así que NO. La sexualidad no es follar, las relaciones sexuales no son follar. Ojalá hubiéramos tenido la oportunidad de chiquis de recibir la educación afectivo-sexual que se está empezando a plantear ahora. No hemos sido educados de una manera adecuada, y eso se refleja en todos los niveles de nuestra sociedad, porque como adultos nos da miedo abordar ciertos temas con los más peques y preferimos negar su curiosidad. Nadie habla de sexualidad con sus hijos y sin embargo se consume muchísima pornografía. Y aquí viene la segunda parte.

Los adultos, al negar la sexualidad de los niños y niñas, realmente estamos respondiendo a su curiosidad con un vacío tremendo.

¿Y qué hace un niño o una niña de 8 o 9 años cuando no obtiene respuestas? Probablamente le pregunte al profe Google. De hecho creo que podría decir que muchos y muchas nos hemos juntado de peques en casa de quien fuera y nos hemos puesto a googlear, sándwich de nocilla en mano, cosas como "guarras.com". Vivimos en la era de la información, por Dios, ¿qué pretendemos?

Este vacío con el que respondemos a las necesidades de los más pequeños, como vemos, es fácilmente reemplazable. Sobretodo en una sociedad hipersexualizada como la nuestra.

¿Qué sentido tiene negar una adecuada educación en los centros educativos a un niño de 8 años si está creciendo en una sociedad hipersexualizada, en la que en un click tiene disponible todo tipo de material pornográfico e información sesgada? ¿Qué sentido tiene no educar a un niño para que pueda identificar una situación de abuso?

Estamos dejando que aprendan lo mismo contra lo que estamos intentando luchar de adultos. Es tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Y además les estamos exponiendo sin educación ni herramientas a todo tipo de riesgos. No existe libertad sin educación.

No se puede negar a los niños pequeños una educación y dejarles a su suerte.

Sería como decirles que fueran autodidactas con las matemáticas, o la gramática. Nadie cuestiona que se enseñen en los colegios. La educación afectivo-sexual en las aulas podría beneficiar muchísimo su desarrollo.

Si sabemos que la violencia sexual es tremendamente frecuente en todas sus formas a lo largo y ancho del planeta, algo estaremos y hemos estado haciendo mal, ¿no? ¿Qué sentido tiene seguir entorpecienciendo aquello que puede prevenir que se mantenga? Hay personas que rechazan o no ven necesaria cierta educación afectivo-sexual para después llenarse la boca con "castigos ejemplares" para los agresores. Lo suyo es que, como mínimo, se movilizaran de la misma manera para ambas causas, dado que una supone "prevenir" y la otra "curar" .

Por cada pin parental existe una tremenda desinformación y por tanto una tremenda irresponsabilidad. Negar esta educación a los niños es negar el problema y negar el problema es al fin y al cabo contribuir con él.

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