Como la extrema derecha se ha convertido en una fuente de terrorismo

La administración del odio: en los últimos años el terrorismo de extrema derecha se ha incrementado en un 320% en Occidente.

18 diciembre 2020 ·
Compartir
terrorismo_extrema_derecha_binary

Las acciones terroristas auspiciadas por el odio tienen un fuerte componente ideológico-político. La extrema derecha capitanea la administración del odio distribuyendo la bilis contra todos aquellos que considera enemigos de sus ideas.

Ataques misóginos, homófobos, tránsfobos, racistas y contra izquierdistas son la consumación material de un discurso de odio administrado desde los más altos dirigentes políticos y reproducido por nuestros más cercanos vecinos.

El odio constituye la base de la violencia empleada por la extrema derecha. Es un sentimiento de rechazo y repulsión hacia algo o alguien que no es soportable, y que viene acompañado de un deseo de causar daño. Lo ejercen de manera colectiva contra una amplia variedad de grupos e individuos que son considerados como amenazas para las condiciones tradicionales de vida.

La actividad terrorista de la extrema derecha ha aumentado en un 320%

La inmigración – principalmente la procedente de países mayoritariamente musulmanes –, el movimiento feminista, el colectivo LGTBI+ y las personas racializadas constituyen los principales objetivos de la ultraderecha en su fiel defensa del ideal de superioridad de la 'raza blanca' y de la familia tradicional, por ende, patriarcal, heterosexual y cristiana.

En 2019 las detenciones de terroristas de ultraderecha habían aumentado por tercer año consecutivo mientras que sus asesinatos se habían multiplicado por siete en los tres últimos años. La actividad terrorista de la extrema derecha ha aumentado en un 320% en los últimos años, siendo el 2017 el año con mayores incidentes de los últimos cuarenta años.

Solo en Estados Unidos entre los años 1972 y 2016 el 63,8% de los ataques de terrorismo individual son de extrema derecha, es decir, la ultraderecha atenta más que el fundamentalismo islámico. Actualmente se observa un incremento de la presencia pública de la extrema derecha, con las victorias y grandes resultados electorales en América y Europa, seguido de un no casual incremento de la incidencia terrorista de ultraderecha.

Desde la matanza de Anders Breivik en el terrorismo de ultraderechista no ha dejado de crecer.

La extrema derecha en los últimos años se ha encontrado en un estado de latencia. Durante este periodo se organiza el discurso y las acciones, determinando objetivos y fines en una estructurada y planificada administración del odio. Tras la latencia se pasa a la acción directa, la visibilidad. Desde reducidos daños materiales con fines propagandísticos hasta ataques de carácter terrorista.

Todo ello auspiciado bajo un discurso político de odio administrado por partidos políticos que dicen ser democráticos. La ultraderecha, a través del uso del odio, deshumaniza a sus enemigos haciendo legítima cualquier acción violenta contra ellos. Desde la matanza de Anders Breivik en Oslo la actividad terrorista de ultraderecha en Europa no ha dejado de crecer. Desde la victoria de Donald Trump en Estados Unidos los interminables tiroteos han encontrado un nuevo alter ego entre sus perpetradores, el que habita la Casa Blanca.

El neofascismo ha encontrado una gran variedad de tipologías de enemigos: todos aquellos que ponen en cuestión y/o amenazan las condiciones tradicionales de vida. La emancipación de las mujeres con la irrupción de una nueva oleada feminista, el avance en derechos del colectivo LGTBI+, la reivindicación política progresista de la izquierda, el antirracismo militante.

A través del odio, deshumaniza a sus enemigos legitimando acciones violentas contra ellos.

Este último se ha convertido en el principal objetivo a batir por la extrema derecha estadounidense. Hay un continuo goteo de civiles armados con armamento de guerra. Lo que les convierte en paramilitares que administran el odio ante la parsimonia de las autoridades. Con enlaces en movimientos ultraderechistas y en el propio Ku Klux Klan, que irrumpen con contramanifestaciones o con manifestaciones supremacistas. Esto debe considerarse un problema social de primer orden, y no solo en Estados Unidos.

El atentado en Christchurch. El ataque a la sinagoga de Halle. Los ataques a campamentos de refugiados en Grecia. El asesinato de Heather Heyer en Charlottesville cuando fue embestida por un coche conducido por un supremacista. El atentado de El Paso. El tiroteo en la sinagoga de Pittsburgh. El ataque en Wisconsin contra manifestantes antirracistas. Todos estos ataques se circunscriben a acciones armadas premeditadas bajo una motivación ideológico-política – concretamente de extrema derecha – y no a un problema de salud mental.

Por consiguiente, los análisis de los incidentes deben ser observados bajo una óptica de motivación política. Esto se circunscribe en la tipología de una acción terrorista. Ceñir un atentado de estas características a problemas de salud mental y no a un acto terrorista es como mínimo un error nefasto, sino el blanqueo de una acción terrorista de extrema derecha.

El movimiento antirracista es el principal dique de contención del neofascismo.

La administración del odio capitaneada por la extrema derecha de todo el globo terrestre pretende dirigir el odio y el terror sobre aquellos que amenazan sus reaccionarias zonas de confort. El odio es dirigido y administrado de manera intencionada y consciente, planificado y distribuido sin piedad. Los odiados no tienen derechos ni humanidad. Son animales parlantes. Enemigos a desplazar o eliminar en lo que consideran como un error o un desafío en la ecuación de Dios.

El auge neofascista hace necesaria la construcción de una alianza interseccional frente a la extrema derecha que no dé ningún paso atrás en el avance y reivindicación de derechos. Es el ecosocialismo y el feminismo el principal movimiento conjunto que dará respuesta a los problemas del siglo XXI. Es el antirracismo el movimiento disruptor de este 2020 y el principal dique de contención del neofascismo en Estados Unidos.

Este conjunto, la alianza inter seccional, es el escudo frente a los reaccionarios que administran el odio y la llave para la construcción de un nuevo sistema socioeconómico y de un nuevo modelo de vida no patriarcal, no racista y no lesivo con el planeta y la vida que hay en él. Una alianza inter seccional frente a los retos pos-Covid y frente a la administración masiva de odio.

Compartir

    Artículos relacionados