Esto es el supremacismo blanco y así nos está matando

Donald Trump. Bolsonaro. Leyes migratorias. Crisis de los refugiados. Pornografía y medios de comunicación. Todo esto es supremacismo blanco. Últimamente está apareciendo en medios...

5 septiembre 2019 ·
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Donald Trump. Bolsonaro. Leyes migratorias. Crisis de los refugiados. Pornografía y medios de comunicación. Todo esto es supremacismo blanco.

Últimamente está apareciendo en medios de comunicación una expresión que hasta hace pocos años era rara de oír. Sólo en manifestaciones muy específicas contra injusticias y ataques racistas. Esta es: supremacismo blanco.

Como todo lo que desfila por nuestras pantallas, el significado de supremacismo blanco se deforma ante nuestros ojos. Aparece en boca de quien no tiene ni idea o incluso de quien desea mantenerlo. No de una forma explícita como muy poca gente defiende de forma explícita el fascismo. pero sí sus consecuencias y características.

Me interesaba hacer una guía pequeña para entender qué es el supremacismo blanco y por qué debemos destruirlo, aunque no sea tarea fácil. Algo así como una definición de diccionario extensa.

Supremacismo blanco es todo lo que nos rodea, básicamente. Es el orden establecido. El stablisment. Supremacismo blanco son los periódicos, medios de comunicación, pornografía, la legislación de todos los países occidentales, también leyes migratorias. Cultura, arte, televisión. El porqué un hombre blanco tiene acceso a un trabajo y un hombre negro no, es también supremacismo blanco (¿has visto alguna vez un alto cargo empresarial negro en España?¿Y un alto cargo político?). Concretando más, es todo aquello que sostiene el sistema social actual, basado en el "yo" y en el "otro".

¿Quién es el yo? ¿Y quién son los otros? La historia universal no tan universal. Tiene una voz concreta. Un punto desde el cual mira al resto de identidades, delimita y construye los acontecimientos. Esta voz es blanca, europea, masculina y heterosexual.

Y esto es el supremacismo blanco. El sistema social establecido por el cual una minoría identitaria acumula todo el poder, toda la cultura, y crea y maneja al resto.

El yo es el centro del sistema social, cultura oficial e historia actuales. Es el sujeto a partir del cual se piensan el resto de identidades cómo periféricas. En el discurso histórico oficial las mujeres, negros, musulmanes, chinos, latinos, etc son "los otros". Aquellos de los cuales la historia habla, no los que hablan. Todas esas designaciones son compartimentos estancos en los que delimitar identidades periféricas al sujeto central de la historia universal: El hombre blanco heterosexual occidental.

Y es que, cuánto más te alejes de este modelo central identitario, más jodido estás. Las identidades periféricas se forman como escalones de distancia del centro. Un hombre blanco gay está más cerca del centro que un hombre negro, a la misma distancia que una mujer. Y un hombre negro está más cerca del centro que un hombre negro gay. Mucho más cerca del centro que una mujer negra. Y no hablemos de las distancias con la posición histórica central que sufren las personas con algún tipo de discapacidad.

La historia universal no tan universal. Tiene una voz concreta. Un punto desde el cual mira al resto de identidades, delimita y construye los acontecimientos. Esta voz es blanca, europea, masculina y heterosexual.

Las identidades periféricas en el discurso histórico son los llamados "otros". Los salvajes, opuestos a la civilización. Que es blanca, occidental, hetero y masculina. Ser otro significa estar fuera de la cultura oficial. Mantenerse en el margen. Los puestos de responsabilidad, política, económica, legislativa y cultural; están delimitados a los sujetos hegemónicos.

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Y esto es el supremacismo blanco. El sistema social establecido por el cual una minoría identitaria acumula todo el poder, toda la cultura, y crea y maneja al resto. Además, por el momento no parece que se vaya a resquebrajar.  Por mucho que hubiese un presidente de EEUU negro, o que las mujeres tengan pleno acceso al mundo laboral. Todo sigue igual. Las cárceles están plagadas de mujeres y hombres racializados. El acoso callejero, la violencia física y las violaciones siguen siendo el pan de cada día de las mujeres. Se siguen realizando palizas callejeras a personas racializadas y comunidad LGTBI. ¿Por qué todas estas desgracias nunca pasan a un hombre blanco heterosexual? Quizá porque es él quien las promulga.

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Porque la identidad hegemónica y el dinero van de la mano. Estar en el centro de las identidades, es tener el poder. Y tener el poder es tener el dinero. La operación inversa también está permitida.

La racialización o asalvajamiento no depende sólo de tu color de piel, el género que se te asigne o tu orientación sexual, ideológica o religiosa. También juegan un papel importante el dinero y el sexo.

El dinero en el capitalismo salvaje es una representación simbólica del placer. Cuánto más dinero más lujo. Más mujeres (o sujetos sexualizados). Peso en la sociedad. Poder. Los ceros de tu cuenta bancaria te acercan al centro identitario. Porque la identidad hegemónica y el dinero van de la mano. Estar en el centro de las identidades, es tener el poder. Y tener el poder es tener el dinero. La operación inversa también está permitida.

Por esto mismo hay identidades periféricas en el centro. Véase Bolsonaro, Will Smith o Ángela Merkel. Han llegado a la visibilidad social y poder político y cultural mediante capital acumulado. No obstante hay que remarcar que no todas las identidades pueden llegar al centro del supremacismo blanco. En estos tres casos, estamos hablando de identidades poco periféricas. Hombre latino, hombre negro, mujer blanca europea. Una mujer trans, o una persona síndrome down (por poner ejemplos) no tienen acceso a ese centro cultural y político.

Obreros, nanis, kellys, pescadores, agricultores, ganaderos, barrenderos, teleoperadores, camareros, repartidores, mozos de almacén y putas. Todos los que no entramos dentro del sujeto central del supremacismo blanco somos fuerza de trabajo. Fuerza en un sentido realista, ya que es lo que nos permiten aportar: el cuerpo y su fuerza.

El sexo es un factor muy importante a la hora de la creación de los otros. Las identidades periféricas son identidades sexualizadas. La sexualización del otro cumple dos funciones en el supremacismo blanco. Estas son la incapacitación política y el trabajo sexualizado.

Incapacitación política porque en nuestra concepción judeocristiana sexualidad y raciocinio son antagónicos. Si eres un ser sexual eres un ser salvaje. Incapaz de ejercer un cargo cívico. Si eres un ser sexual, tu función es únicamente sexual. Reproductiva, de dar placer a los ciudadanos, etc. Con este doble filo, la sexualización de los sujetos periféricos a la masculinidad hegemónica les incapacita para el poder, y además les convierte en mercancías de placer. Que los sujetos que acaparan el poder pueden intercambiar, manejar y utilizar. Mujeres, comunidad LGTBI, y personas racializadas son designadas únicamente por sus características cómo sujetos sexuales. El caso de los hombres negros es particular. Para su sexualización, y alejarles de la capacidad política, se creó el mito del pene gigante. Entonces un sujeto que sólo le aleja del poder su color de piel, tiene un segundo handicap monstruoso. Con ese pequeño movimiento, el hombre negro aparece en la imaginación colectiva como un monstruo sexual. Dirigido por su enorme miembro, va buscando mujeres blancas (propiedad de los hombres blancos) para destrozarlas. Y para comprobar esta imagen, sólo tienes que poner bbc en Google.

La sexualización de los sujetos periféricos a la masculinidad hegemónica les incapacita para el poder, y además les convierte en mercancías de placer.

El concepto de trabajo sexualizado es un poco complejo. Cuando hablo de trabajo sexualizado me refiero al trabajo del cuerpo. Los sujetos sexualizados aparecen en el imaginario del supremacismo blanco como "solo cuerpo". Sin raciocionio, solo poseen cuerpo y sexualidad. Entonces los trabajos a los que tienen acceso son trabajos sexualizados, trabajos corporales. Obreros, nanis, kellys, pescadores, agricultores, ganaderos, barrenderos, teleoperadores, camareros, repartidores, mozos de almacén y putas. Todos los que no entramos dentro del sujeto central del supremacismo blanco somos fuerza de trabajo. Fuerza en un sentido realista, ya que es lo que nos permiten aportar: el cuerpo y su fuerza.

El supremacismo blanco se encuentra en todas partes. En el veto a las personas latinas en EEUU. En la crisis migratoria. Hay una crisis para los líderes europeos, que son quienes no aceptan a los otros en su casa. En los medios de comunicación. Cómo se nos presentan unas zonas u otras del globo. Las desigualdades laborales, los techos de cristal. Las vejaciones, palizas y violaciones callejeras. El supremacismo blanco es el colchón en el que descansan el racismo, el machismo, las violaciones, etc.

Ahora que tenemos claro que el supremacismo blanco nos va a matar ¿Se puede hacer algo para impedirlo? ¿Cómo romper esta cadena de acontecimientos? ¿Hay solución para el supremacismo blanco?

El supremacismo blanco se basa en el sistema de yo-otros. Centro-periferia. Civilización-barbarie. Si resquebrajas este binomio, destruyes todo el sistema.

La hay, pero es difícil de pensar. El supremacismo blanco se basa en el sistema de yo-otros. Centro-periferia. Civilización-barbarie. Si resquebrajas este binomio, destruyes todo el sistema. Este binomio es cultural, histórico. Ha sido creado por unos intereses particulares, de unos sujetos concretos, y por tanto se puede destruir. Lo que deberíamos hacer sería desplazar la identidad central a la periferia. Descentrar el sistema. Un mundo de identidades revueltas, sin jerarquías, en el que todos los cuerpos se encuentran en el mismo nivel. Estoy hablando de una operación de conciencia global, por supuesto, ya que a nivel físico todos los cuerpos nos encontramos en el mismo nivel.

Si se rompen los binomios, solo hay un gran todo en el que se encuentran todas las identidades. Y todas tienen los mismos derechos de acceso a posiciones de poder. Todos escriben la historia.

Por desgracia, este movimiento es muy complicado de realizar en las condiciones actuales. El supremacismo blanco está apoyado en el capital. Quienes tienen el poder tienen el capital, y quienes tienen el capital deciden sobre el resto. No se puede descentrar el sistema desde el capitalismo. Para destruir el supremacismo blanco, hay que hacerlo desde un sistema económico, pero también ético y cultural, distinto del capitalismo.

Para destruir el supremacismo blanco, hay que hacerlo desde un sistema económico, pero también ético y cultural, distinto del capitalismo.

No hablo de anticapitalista, ya que el anticapitalismo son una serie de medidas que intentan paliar los efectos del capitalismo. Me refiero a un sistema alternativo. Que ponga en jaque y compita de manera seria con el capitalismo. Un sistema en el cual no existan centros ni binomios, en el que todos sean iguales ante la ley, en la cultura y en el imaginario común.

Hace 50 años, aunque parece que nos hemos olvidado, el mundo no era solo capitalista. Sistemas capitalista y comunista luchaban por la hegemonía cultural y propagar su sistema de valores y formas de hacer. Si en esta carrera ganó el capitalismo, fue por su gestión del deseo. Crear deseos en la población que después satisfacían mediante el comercio. Todo el plantea deseaba aquello que el capitalismo, a través de Hollywood, ofrecía.

Un sistema alternativo, que compita desde fuera con el capitalismo, tiene que hacer una buena gestión del deseo. Sólo desde el deseo, deseos materiales, pero también de realización personal y sexuales, se puede descentrar el sistema; y acabar con el supremacismo blanco.

No vamos a acabar con el supremacismo blanco desde la lucha política. Casi nadie quiere luchar. Vamos a acabar con ello mediante el deseo. Debemos ofrecer algo mejor que el capitalismo. Algo que la gente desee de verdad. Solo con deseo, placer y bienestar podemos hacer un mundo mejor.

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