El mundo en llamas y yo viendo Netflix

Hablemos de política. Cuando el diálogo y la esperanza se convierten en llamas. Aunque la lluvia intenta apagar las llamas de Cataluña, lo que...

15 diciembre 2019 ·
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Hablemos de política. Cuando el diálogo y la esperanza se convierten en llamas.

Aunque la lluvia intenta apagar las llamas de Cataluña, lo que son los disturbios de las capitales catalanas, en especial Barcelona, no es algo que deba pasarnos desapercibido. Es un hartazgo local, cierto, que viene de ya mucho tiempo y mucha mierda tragada. Pero también es un fenómeno global. La gente ha recurrido a las llamas en Ecuador, en Chile, en Francia o en China en los últimos meses. Vamos a analizar este giro político. Cuando la población acepta que si no es por la fuerza, no se le va a escuchar.

Barcelona ha tenido una semana aproximadamente de llamas. Recordemos el motivo principal. La sentencia del Tribunal Supremo de Justicia española que determina penas de prisión de hasta 13 años para los líderes políticos catalanes electos. Una pena por secesión: una revolución no armada contra el estado. Esta revolución fue el acto simbólico liderado por Puigdemont el pasado 1 de Octubre. Un referéndum "ilegal" con grandes conflictos entre policía y ciudadanía, que dio lugar a una declaración de independencia de unos segundos. Un claro acto simbólico de soberanía nacional, pero sin ser incisiva en la realidad de la región.

Tras dos años de tener a sus responsables políticos en prisión sin haber sido juzgados, al pueblo catalán le comunican que ese acto simbólico implicará hasta 13 años de cárcel.

Sin embargo desde el gobierno central no se vio de la misma manera. Se inició un complejo juicio de dos años, durante el cual los reponsables políticos catalanes fueron encerrados de manera provisional en prisión o tuvieron que exiliarse.

Tras dos años de tener a sus responsables políticos en prisión sin haber sido juzgados, al pueblo catalán le comunican que ese acto simbólico implicará hasta 13 años de cárcel. Apagar las llamas con queroseno. Esa fue la respuesta del estado.

Viendo que no se puede hablar con el estado, que la respuesta ante un problema de identidad nacional van a ser ostias y encarcelamientos, las personas más crispadas de Cataluña salieron a la calle a devolver el trato recibido. No es una cuestión de independencia, es una cuestión de justicia. Las calles de Barcelona ardieron porque el pueblo catalán ha perdido todo derecho sobre si mismo y su identidad. Y por que, desde el estado, se ha dejado bien claro que hay unos que mandan y otros que obedecen. Y que si se quieren cambiar estos roles, la palabra no es el camino.

Sin embargo, esta sensación general de hartazgo, de impotencia de la palabra, no se da exclusivamente en España.

Esta sensación general de hartazgo, de impotencia de la palabra, seguida por las llamas, no se da exclusivamente en España.

Parece que nos hemos olvidado que hace unos meses en la capital china Hong Kong la población se levantó de una manera brutal contra el gobierno chino, que pretendía quitar las competencias de autogobierno a la capital. El resultado fue una lucha callejera masiva entre población de la capital y ejército chino. «Venimos a luchar no solo por la ley de extradición o contra la brutalidad policial, sino por el futuro de las libertades en Hong Kong, que están amenazadas por el régimen del Partido Comunista chino», razonaba Kathy, una estudiante de 17 años, que pertenece a la nueva generación de jóvenes muy activos políticamente que ha surgido en esta ciudad hasta ahora pragmática y más centrada en el dinero.

También recordar las grandes y duraderas revueltas de los chalecos amarillos en Francia a principios de 2019. Una buena parte de la población francesa (si, Francia, un país "europeo y respetable") salió a las calles a protestar contra el viraje neoliberal de la política del presidente Macrón. Manifestaciones y marchas multitudinarias que dieron lugar a luchas callejeras entre manifestantes y policía francesa. El patrón se repite a lo largo del globo.

Hace unos meses en la capital china Hong Kong la población se levantó de una manera brutal contra el gobierno chino, que pretendía quitar las competencias de autogobierno a la capital. El resultado fue una lucha callejera masiva entre población de la capital y ejército chino.

Cambiamos de continente. En el último mes en Latinoamérica se han prendido las llamas. Empecemos por Ecuador.  Hasta hace una semana el país se encontraba en estado de excepción por la fuerza de los manifestantes que se hicieron con las calles. Las protestas comenzaron como respuesta a un conjunto de medidas para reducir el gasto público e incrementar los ingresos del Estado. Impuestas por el gobierno del presidente Lenín Moreno, que aceptó un paquete de condiciones que le ponía el Fondo Monetario Internacional (FMI) para recibir un paquete de ayuda financiera.

Ese plan incluyó la eliminación de los históricos subsidios a la gasolina. Esta fue la medida concreta que encendió un país ya muy descontento con el viraje neoliberal de su gobierno electo. Un país defraudado, lo que ha generado que transportistas, taxistas y otros afectados bloqueen calles y carreteras por todo el país.

Finalmente se decretó el estado de excepción. Asociaciones indígenas y pueblo se levantaron literalmente en armas contra ejército y gobierno hasta que fueron escuchados. Una represión muy dura por parte de las fuerzas del estado pero que terminó con una "victoria" del pueblo.

Chile. En donde siguen en una guerra entre población civil y gobierno. Una situación de descontento brutal con unas clases gobernantes que proponen un país cada vez sumido en una desigualdad mayor, que entró en llamas con la subida de los precios del transporte público.

Y Chile. En donde siguen en una guerra entre población civil y gobierno. Una situación de descontento brutal con unas clases gobernantes que proponen un país cada vez sumido en una desigualdad mayor, que explotó con la subida de los precios del transporte público. A pesar de que el presidente chileno Sebastián Piñera ha echado para atrás la reforma, las llamas no han sucumbido. Se ha proclamado el estado de excepción y el ejército chileno ahora ocupa las calles y ha empezado una guerra contra su propia población. No es una cuestión de medidas específicas, es un hartazgo total y brutal de todo el sistema democrático neoliberal. Donde quién realmente tiene voz no es la gente, son los grandes capitales. A pesar del toque de queda y la represión y violencia (también sexual) emitidas por las instituciones chilenas, la lucha callejera sigue y de momento no parece que vaya a sucumbir de forma sencilla.

¿Por qué todo esto ahora? ¿Qué ha sucedido para que la política convencional haya entrado en crisis?

¿Por qué todo esto ahora? ¿Qué ha sucedido para que la política convencional haya entrado en crisis? No es solo un tema de anticapitalismo radical. Las soluciones políticas fascistas o ultraderechistas también son el resultado de este malestar. La ciudadanía ha dejado de confiar en las soluciones políticas ortodoxas. Los partidos convencionales no representan a la población, y no atienden a palabras. Las soluciones pasan o por salir a las calles y tomar el país, o apoyar a gobernantes contrasistema: Donald Trump o Bolsonaro son los ejemplos más sonados. Pero también es el caso de Vox en España y el resucitar del fascismo franquista.

Ahora lo que nos queda es esperar a 2020. Desde luego las formas de hacer política y habitar el estado van a cambiar de manera radical este año que entra. Pero aún no sabemos en qué dirección. El mundo se polariza. Nadie esta a favor de las formas actuales de la política, pero tampoco hay un acuerdo de dirección. Y desde los estados la respuesta no pasa por el diálogo, si no por el castigo y la fuerza.

Propongo un futuro distópico para las siguientes décadas: Las grandes luchas callejeras no van a poder con la fuerza de los grandes capitales que apoyan al estado. Las respuestas estatales violentas van a mutar a estados policiales parecidos a cómo se gestiona actualmente el territorio catalán. Presencia policial constante en las calles y mas impunidad para las fuerzas del estado. Y las soluciones políticas radicales derechistas van a ser mayoritarias, ya que serán las que tengan el apoyo del mercado.

Y mientras todo esto esto sucede, yo estoy tirado viendo Netflix.

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