Vox o cómo instaurar una fobia

“¡A por ellos!” Este era el canto del triunfo de VOX. No es para menos, su presencia se ha multiplicado a lo largo de...

11 noviembre 2019 ·
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“¡A por ellos!”

Este era el canto del triunfo de VOX. No es para menos, su presencia se ha multiplicado a lo largo de todo el país (menos en Euskal Herria y Galicia).

Es obvio que este resultado electoral ha sido muy manipulado. “Es que claro, con todo el tema de Cataluña y de Franco… La derecha se ha fortalecido”.

No os digo que esto no sea verdad. Pero ahondemos un poquito más. Porque desde mi punto de vista, esto es la punta del iceberg. Mi objetivo con este artículo es que reflexionemos qué ha supuesto socialmente la aparición de VOX y cómo se ha plantado este germen.

Vamos a intentar hacer un ejercicio de empatía. Un ejercicio de empatía con un votante de VOX.

“¡A por ellos!” es un llamamiento a la guerra. Es decir, aquí existen dos bandos. El mío, votante de VOX y “los otros”. Véase el bando de los terroristas separatistas catalanes/vascos, el bando de las feminazis y sus políticas de género, el bando de los putos negros de mierda, el bando de los ecologistas mentirosos y el bando de los maricones antinaturales.

Mi España, la España que yo quiero, es una España conservadora, centrada en valores tradicionales, como la familia o la unidad de España. Cuando yo abogo por esta España, UNA, GRANDE Y LIBRE, “los otros” bandos suponen una amenaza.

Los separatistas quieren dividir España, cuando yo quiero solo UNA. Si tú has nacido en Cataluña, eres catalán y español. Porque Cataluña es España. Discutir algo así pone en peligro su unidad, pone en entredicho la credibilidad de España como nación, como monarquía, España como cultura. Es dar la razón al terrorismo de ETA y otras manifestaciones como la quema de banderas o de fotos de la monarquía. Con esta gente no se puede razonar, por lo que habrá que ilegalizar sus ideas por el bien común.

Las feminazis están atentando contra mis privilegios como español, poniendo en entredicho mi forma de relacionarme con las mujeres, cuestionando cómo educo a mis hijas e hijos, atacando mis valores y principios como la familia, el matrimonio, el lenguaje no inclusivo, etc.

Los cabrones del gobierno dejan entrar aquí a todos los putos [inserte aquí cualquier colectivo inmigrante/etnia], sabiendo cómo está el panorama, que ni siquiera hay para los españoles de verdad. Pretenden venir aquí, tener a sus hijas e hijos aquí y todo ello sin adoptar los valores y costumbres de este país, lo cual me parece una falta de respeto.

Los ecologistas, son personas que tienen miedo al progreso, miedo a que la economía siga creciendo, es por ello que intentan instaurar ellos su propio negocio a costa de demonizar el sistema de producción con bulos como el efecto invernadero. ¿Y los animalistas? Los animales, toda la vida han estado al servicio de la raza humana. Para mí un ser humano nunca será equivalente a un cerdo de granja o a un perro, en primer lugar. En segundo lugar, me considero una persona taurina. Es un honor que el toro y el toreo sea algo representativo de mi país y es motivo de orgullo nacional e internacional. ¿Van a venir los animalistas a cargarse mi cultura, mi pasión?

Por último, la homosexualidad es algo que va contra natura y pone en peligro tanto la salud mental de la población española como el sistema reproductivo y la continuidad del linaje español. Cualquier niño debe tener un referente hombre y un referente mujer para nacer y crecer sano. La homosexualidad se aprende, porque no es natural, por tanto tendrá que ser aprendida. Si empezamos diciendo que la relación entre personas del mismo sexo es sana, terminaremos defendiendo barbaridades como la pederastia. Toda relación fuera del marco heterosexual, que no se base en el amor de un hombre y una mujer con fines maritales y reproductivos, es una aberración, es vicio, no amor. Es un problema de salud que podría resolverse y que de hecho muchos ya han podido solucionar.

Tres millones y medio de personas en este país se identifican con esta guerra. Tres millones y medio de personas se sienten parte de este discurso. Puede que no en su totalidad, pero desde luego sí en alguna de estas cuestiones.

Si me considero un español con ciertos ideales, principios y valores y estos se ven amenazados o silenciados por ciertos colectivos, automáticamente me coloco en una posición de enfrentamiento, de guerra. Es decir, para alzarme contra "los otros" primero tengo que sentirme amenazado. Tengo que identificar a los otros como un enemigo, una amenaza. Tengo que sentir miedo y pedir ayuda a mis semejantes para luchar contra aquello que nos pone en peligro.

Hace ya algún tiempo escribía un artículo acerca de la violencia. En este explicaba que la violencia puede no ser física y se podía ejercer hacia colectivos o comunidades. Esto constituía el germen de las “fobias”: xenofobia, homofobia, etc.

"Una fobia es el temor intenso e irracional, de carácter enfermizo, hacia una persona, una cosa o una situación. Las distintas formas de fobias o temores esconden, bajo la concreción en que se manifiestan, el significado que el sujeto confiere a aquello que le causa el temor"

Desde la Psicología Cognitivo-Conductual, lo primero que estudiamos es la respuesta del miedo.

En 1920, al señor John B. Watson se le ocurrió una manera (de ética cuestionable) de probar si el miedo podría aprenderse o era innato. Para ello, este desalmadete cogió un bebé, el Pequeño Albert (ya que le traumatizó en nombre de la ciencia por lo menos le puso mayúscula pa´que quedase elegante), y le puso delante un conejito. Obviamente el Pequeño Albert, así de primeras, no tenía miedo al conejito. Así que el cabrón de Watson pensó: vale, el conejito en sí no da miedo, vamos a tunearlo un poco a ver qué pasa.

Por lo que Watson, cada vez que sacaba el conejito cerca del Pequeño Albert, añadía un efecto especial al asunto: un fuerte ruido. La primera vez que este sacó el conejito e inmediatamente después sonó el estruendo, el Pequeño Albert se asustó mucho y comenzó a llorar.

Los conejitos no dan miedo, pero el ruido asusta un huevo. Si presentas el conejito junto al ruido, el conejito pasará a ser señal de que el ruido va a producirse.

Con las sucesivas repeticiones de este proceso, Watson terminó consiguiendo que el pequeño Albert se muriera de miedo cada vez que se le presentaba un conejito, sin ruido. la sola presencia del conejito le perturbaba fuertemente. Albert aprendió que un estímulo inicialmente neutro (el conejito), era señal  de la aparición de otro aversivo (el ruido), por lo que cada vez que se le presentaba el conejito rompía a llorar e intentaba esconderse.

Lo más perturbador de todo este asunto, es que Watson pretendía revertir estos efectos provocados en Albert, sin embargo esto no se produjo. Es decir, Watson hizo que Albert desarrollara un miedo irracional y muy profundo hacia los conejos alterando el significado que tenían los conejos para Albert.

Ahora podréis extrapolar este experimento a cualquier tipo de fobia. Fobia a conducir, fobia a volar, fobia a los espacios cerrados, etc. Un coche o conducir, en sí mismo, no tiene por qué dar miedo. Un avión en sí mismo no tiene por qué dar miedo ni provocar rechazo.

¿Y una mujer feminista? ¿Una persona negra? ¿Y homosexual? ¿Dan miedo o provocan rechazo en sí mismas? ¿Es algo de lo que se haya que huír o algo de lo que nos tengamos que cuidar?

El criterio para separar las fobias del miedo real es LA IRRACIONALIDAD. Es normal tener miedo de una persona que te ataca verbalmente, es normal tener miedo de una persona que va a pegarte un puñetazo, un tiro, o va a violarte. Es normal tener miedo a un desastre natural, o a que te persiga un puto león.

Lo que no es racional ni natural es tener miedo o sentir rechazo hacia las personas que en lugar de amar a ciertas personas amen a otras.  Es sentir miedo o rechazo a alguien por su país de procedencia. O rechazar y tratar de nazi a una mujer que lucha por la igualdad.

Votantes de VOX: sois Albert. Habéis sido engañados por Mr. Watson, es decir, por VOX.

VOX os ha puesto en una trona y ha ido mostrándoos diferentes estímulos, como si de un experimento psicológico se tratara. Primero os mostraron una mujer feminista mientras os decían que el feminismo y el género es una invención que destruirá la familia y perjudicará a hombres inocentes. Después os han sacado una persona inmigrante mientras os decían que delinquen y chupan del Estado. Tras esto os han sacado una pareja homosexual mientras os decían que atentan contra la naturaleza y por lo tanto son enfermos mentales.

Actualmente, sabemos que las fobias tienen tratamiento, tienen cura. Porque las fobias sí son un problema, ya que se basan en cimientos irracionales y provocan respuestas muy negativas socialmente como el miedo o el rechazo. Para prevenir esto, a nivel social, se realizan campañas de prevención y sensibilización. Que consisten simplemente en intentar revertir la relación entre el estímulo neutro (una mujer, un inmigrante, un catalán, un animalista) con el significado negativo irracional impuesto (destrucción, amenaza, cataclismo, apocalipsis, extinción de la raza humana).

Año tras año, no solo desde el gobierno, sino desde diferentes asociaciones, agrupaciones, colectivos, se intenta acabar con este miedo irracional hacia diferentes comunidades para evitar la violencia y el acoso hacia ellas. Si queremos una sociedad que no sea racista u homófoba, tendremos que visibilizar ambos colectivos (inmigrantes, LGTBIQ+) y hacer ver al conjunto general de la sociedad que estos no suponen una amenaza real.

Lo que ha conseguido VOX es simple y llano: ha conseguido reavivar la llama de todos aquellos que no supieron superar sus fobias en un primer momento. Han conseguido dar voz a la irracionalidad, al odio, a la fobia, al rechazo, al miedo.

Lo que ha conseguido VOX es reforzar los privilegios de aquellos que no son mujeres, LGTBIQ+, inmigrantes, progresistas, ecologistas, animalistas... A través del rechazo y el odio hacia estos. Los que han conseguido fragmentar España no son los separatistas, precisamente. Hoy más que nunca me siento obligada a reclamar la España que yo, y otras muchas personas queremos. Aquella que poco a poco estábamos construyendo: una España plural, democrática, diversa, dialogante, abierta, multicultural y crítica.

Su arma es el miedo. El miedo alimentado con odio. La nuestra no puede ser la misma.

Amémonos, más que nunca, unas a otras. Cuidemos y miremos por aquel que no goza de los privilegios que nosotros tenemos. Hagamos todo el amor posible, porque a través del amor se llega al entendimiento, al diálogo, al raciocinio, a la empatía, al intercambio. Si andamos juntos por este camino seremos imparables.

 

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