¿Por qué seguimos teniendo monarquía en España?

En el interior o en su superficie, el parásito se alimenta de las sustancias que elabora un ser vivo. Se encuentra como huésped chupando de un bien ajeno.

6 septiembre 2021 ·
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Imagen vía Instagram

El deterioro progresivo que alcanza puede ocasionarle la muerte. Como en la biología, en la vida social también existen los parásitos. Personas que se aprovechan de otras para obtener un beneficio personal. Aléjense de esa gentuza. No pararán de chupar sin importarles nada ni nadie, nada más que sí mismos. Cuando el ejercicio de parasitar se convierte en endémico y estructural la sociedad corre el riesgo de generar patologías sociales y de desintegrarse en la desunión. En España hay un parásito que hay que extirpar. Se llama Juan Carlos I, Felipe VI, Froilán, Victoria Federica. Se llama Casa Real.

Si ya suena medieval el título de duque, infanta o rey, peor es cuando además son parásitos. Escándalos y corrupciones azotan a la familia real. Una familia que ha parasitado un Estado al completo con su impunidad. Una impunidad construida por unas estructuras del Estado hechas precisamente para convertir España en su cortijo. Políticos y medios de comunicación son cómplices de esta vergüenza. Parásitos. Escándalos como los del rey con sus amantes o los de Froilán con su soberbia ante las multas evidencian la necesidad de darles un pico y una pala en algún desierto al sur del paralelo 0.

El título de infanta, duque o rey suena a 1556, no a 2021.

Un rey puesto a dedo por un dictador fascista. Atado y bien atado. Un rey emérito que huye del país por la sombra de la corrupción. Que usó al servicio secreto español para salvarse el culo de sus problemas personales. Que vende armas a dictaduras wahabitas que financian organizaciones yihadistas como Daesh. Parasitando todos los poderes del Estado. Que tienen que llegar tribunales europeos a investigar al monarca español porque la justicia española siempre está dormida frente a los escándalos reales. El hijo heredó el trono de la Jefatura del Estado por gracia de un espermatozoide. Va siendo hora de elegir al Jefe del Estado en una urna y no en una cuna.

No hace falta que los y las republicanas hagan nada contra la monarquía. Caerá sola. Por el peso de su propia soberbia y su creencia en la impunidad. No hay nadie que haga más por la república que la derecha española. Cada apoyo, cada declaración y cada respaldo a la Casa Real significa su deterioro frente a la opinión pública. El proceso de suicidio en la Casa Real está en marcha. Será insostenible su propio fracaso. Sus escándalos. La sociedad, visto en las encuestas, mira por la elección del Jefe del Estado, por la república. Sobre todo los más jóvenes. Quiero pensar que existe algún resquicio de derecha moderada que apostaría por una república, al modelo francés o alemán, eso ya se vería. Porque no hay que engañarse, para construir república hay que contar con un enorme espacio transversal. Sino solo será una ilusión.

Construir una república exigirá contar con un consenso político transversal.

La última declaración de impunidad y soberbia han sido las multas impuestas por la Policía Local de Marbella a Froilán y Victoria Federica por aparcar mal sus dos Audi Q3. Que, por cierto, les hemos pagado todos. Lo de saltarse la ley va en el ADN real. Las multas y los escándalos de la Casa Real también se lo pagamos todos. Y lo permitimos. Parasitismo de niños pijos.

La familia real se cree impune. Cree que España es su cortijo. Por eso Froilán y Victoria Federica se sienten autorizados a decirle a un policía “¡No sabéis quién soy yo!”. Claro que lo sabemos. Parásitos. Unos inútiles que no hacen absolutamente nada por su país ni por su gente. Nada más que vaguear y representar a una institución medieval y endogámica. Unos patanes que se creen por encima de la ley precisamente porque han hecho las estructuras del Estado a su servicio. Para que se sientan así. Y lo han hecho toda la pandilla de lamebotas del bipartidismo que durante años han ocupado las filas del Congreso. Y lo hacen el medio centenar de diputados de esa ultraderecha que no quita la lengua del ojete de su majestad. Ya es hora de arrancarles la impunidad. Nos hacen añorar ciertos campos de trabajo soviéticos.

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