"Gentrificación no es un nombre de señora" ¿Qué es gentrificar tu barrio?

Hablamos con el colectivo de artistas Left Hand Rotation sobre gentrificación no es un nombre de señora. Su proyecto artístico-activista de educación contra la...

15 enero 2020 ·
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Hablamos con el colectivo de artistas Left Hand Rotation sobre gentrificación no es un nombre de señora. Su proyecto artístico-activista de educación contra la gentrificación.

Si eres joven, creativo, y estas viviendo en un barrio lejano pero cool de una gran ciudad, probablemente estés aportando al proceso de gentrificación del mismo.

Igual te preguntas ¿Qué es gentrificación? Y si es un proceso corporativista negativo en el que estoy participando ¿Cómo no gentrificar?

Para resolver estas y más dudas, nos hemos puesto en contacto con Left Hand Rotation. Un colectivo de artistas a medio camino entre las artes plásticas y en vivo, la educación y el activismo. Los cuales entre sus muchos proyectos llevan desarrollando durante 10 años el trabajo gentrificación no es un nombre de señora. Un proyecto de educación sobre los procesos de gentrificación, cómo tratarlos y eliminarlos, que ejercen en barrios en este mismo estado.

Si gentrificación no es un nombre de señora ¿Qué es gentrificación?
Efectivamente no lo es. Ni tampoco es un programa de lavado. Aunque en cierta medida tiene mucho que ver con lo último. Gentrificación (llámenle aburguesamiento, elitización, blanqueamiento, boutiquización, white painting, podríamos crear una sopa de letras interminable) es el nombre que se da a determinados procesos de transformación urbana. En los que zonas estratégicas de una ciudad aumentan artificialmente su valor. Provocando el desplazamiento de la población económicamente vulnerable.

Para este grupo la vivienda deja de ser accesible en el área revalorizada. Son progresivamente empujados hacia las periferias o zonas deprimidas. Incapaces de seguir pagando por su derecho a la ciudad (eso decía Lefebvre). La urbanalización (un término de Francesc Muñoz muy apropiado) que le sigue, orientada al consumo de espacios desconflictividados, provocan la estandarización del paisaje, la pérdida de la memoria barrial y la ruptura del tejido social. 

Esto sucede como consecuencia de las políticas neoliberales ejercidas por aquellos que gestionan la ciudad bajo los parámetros del city branding. En su afán de competir por posicionamiento global en circuitos internacionales. Sin olvidarnos de la influencia de los actuales procesos de turistificación de las ciudades. Donde se producen multitud de transformaciones causadas por la hegemonía del turismo en ciertos territorios.

Gentrificación es el nombre que se da a determinados procesos de transformación urbana.

En los que zonas estratégicas de una ciudad aumentan artificialmente su valor. Provocando el desplazamiento de la población económicamente vulnerable.

¿Cómo funciona la gentrificación?
Creemos que está respondida en la pregunta anterior. Podemos añadir que no hay una pauta fija en estos procesos. Y aunque muchas veces lo relacionamos con la estandarización y alienación de las ciudades, no hay dos procesos de gentrificación iguales.

En cualquier caso hay fases que se repiten constantemente. Como el primerizo abandono de un territorio estratégicamente planeado por el poder público: esto hace que el precio del suelo baje hasta ser de nuevo rentable y muy barato para los grandes inversores.

Muchas veces la nueva inversión en estas zonas puede parecer positiva para los vecinos. (más seguridad, más y mejores servicios, recualificación del espacio público, rehabilitación de edificios, etc) Pero la realidad termina por aparecer en forma de subidas de alquileres y desplazamientos la inmensa mayoría de las veces.

Igualmente tenemos otros tipos de gentrificación. Como la terciaria (que afecta a los comercios locales) o la que podemos denominar simbólica, que afecta a formas de habitar el espacio público que desaparecen.

Todo ello hace que no exista, como muchas veces nos han preguntado, una fórmula mágica contra la gentrificación. Aunque si interesantes casos de resistencia o formas de minimizar los impactos y estragos que causa en la sociedad.

Hay fases que se repiten constantemente. Como el primerizo abandono de un territorio estratégicamente planeado por el poder público:

esto hace que el precio del suelo baje hasta ser de nuevo rentable y muy barato para los grandes inversores.

¿Cuándo empezáis con "Gentrificación no es un nombre de señora"? ¿Cuáles son vuestras metodologías?
El proyecto comienza hacia 2007. Cuando nuestra base de operaciones se encontraba en el barrio de Malasaña en Madrid. Esa fase primeriza de la que hablábamos antes, con una zona abandonada por al ayuntamiento. Y con serios problemas de degradación. Nos inspiró a comenzar a realizar intervenciones en el espacio público. Y, poco después, a realizar los primeros talleres “Gentrificación no es un nombre de señora”. Cuya primera visita fue Bilbao (diciembre de 2010). Y que luego ha viajado por 16 ciudades de 9 países diferentes.

De esta forma trabajamos con metodologías de acercamiento de la información que hibridan la práctica artística y la acción directa. Con base en la observación y el estudio teórico y académico. Con un interés especial en identificar las estrategias de resistencia locales a procesos de exclusión con factura global, como los que evidencia la gentrificación.

Los objetivos del proyecto “Gentrificación no es un nombre de señora“ son facilitar el acceso a la información a comunidades afectadas por estos procesos. Estimular el pensamiento crítico en el circuito artístico/cultural local. Proponiendo un análisis colectivo con los agentes creativos, culturales y sociales de su papel en los procesos de gentrificación. De cara a evidenciar la instrumentalización de la cultura. Visibilizar los impactos sobre la memoria local desde la acción artística y cultural. Acompañar la evolución hacia una ciudadanía activa en los procesos de transformación de sus territorios. O favorecer la articulación del tejido social mediante la identificación de puntos de encuentro (espaciales, temporales, discursivos) de los distintos grupos sociales afectados por el proceso de transformación del área.

Los objetivos del proyecto “Gentrificación no es un nombre de señora“ son facilitar el acceso a la información a comunidades afectadas por estos procesos.

Estimular el pensamiento crítico en el circuito artístico/cultural local.

El “como lo hacemos” varia totalmente de una ciudad para otra. Pues depende del perfil de los colaboradores en los barrios donde trabajamos. De los tiempos que tenemos para desarrollar el taller y otros factores. Para cada taller necesitamos un mínimo de 4 o 5 meses para una “fase 0” de analizar el caso que vamos a tratar, contactar con la población local, etc. Y todo o que facilite el trabajo a nuestra llegada.

En líneas generales se generan resultados en forma de documentales. Publicaciones impresas (que van desde pasatiempos hasta fotonovelas sobre gentrificación). Mapeados colectivos, intervenciones en el espacio público, paseos críticos con vecinos, charlas, exposiciones, proyecciones, etc

¿Sois mas artistas o activistas?
Desde pequeñxs oímos a nuestra madre decirnos “estxs niñxs son activistas que trabajan desde el arte”. Pero también es verdad que nuestro padre prefería decir que “siempre seréis artistas que trabajan desde el activismo”. No lo sabemos, no atendemos mucho a etiquetas (salvo alguna que nos han puesto y nos ha hecho sonreir. Como “terroristas amables” o “artistas-humoristas”). Probablemente dependa también de los ciclos de la luna (risas).

¿A dónde habéis llevado el proyecto hasta el momento?
En el Estado Español hemos asomado por Madrid, Barcelona, A Coruña, Murcia, Gijón, Valencia, Bilbao. En Latinoamérica se nos vio por Distrito Federal y Guadalajara (México). Bogotá y Cartagena de Indias (Colombia). Brasilia, São Paulo y Belo Horizonte (Brasil). Quito (Ecuador). En Portugal acudimos a llamadas desde Lisboa y Oporto. También con proyectos y charlas esporádicas en Rotterdam (Holanda) o Shanghai (China) , etc

Cada cierto tiempo, a pesar de la urgencia y el compromiso, paramos y dedicamos un año completo a pensar en nuevas estrategias y metodologías. Y este 2019 ha sido uno de esos periodos de barbecho, con lo que tenemos jugosos planes para 2020.

Desde pequeñxs oímos a nuestra madre decirnos “estxs niñxs son activistas que trabajan desde el arte”.

Pero también es verdad que nuestro padre prefería decir que “siempre seréis artistas que trabajan desde el activismo”

¿Cómo debemos actuar si vemos nuestro barrio hipsterizándose?
Y, hablando de etiquetas, apareció la figura del hípster.

En el Nueva York de los 70 se habló del yuppie (atraído a barrios con movimientos culturales como el SoHO). Benjamin nos trajo al Flaneur (el paseante despreocupado que se paraba en los escaparates de París). Sin dejarnos fuera al BOBO (BOurgeois BOhemian).

En los años 40 aparece en la cultura jazz norteamericana el “hepcats”. Palabra que derivó en “hípster”. Ese cabeza de turco o explorador urbano. Sin ninguna responsabilidad social ni política. Que supuestamente modifica el entorno con su presencia. Y que persigue una autenticidad que desaparece bajo sus pies…

Damos más detalle sobre ello en nuestra respuesta a la última pregunta de esta entrevista. Pues asociamos la figura del “hipster” a las llamadas clases creativas. Ese relativamente nuevo estrato social explotable por la economía: artistas, bohemios, arquitectos, generadores de opinión, trabajadores del sector tecnológico, etc. Pero para nosotrxs “hipster” no deja de ser una nueva etiqueta para clasificar un cierto aspecto estético.

La clase creativa no es sino el chivo expiatorio de nuevas políticas de desarrollo urbano. De una serie de estrategias globales que construyen un modelo de ciudad hiper-economizado y excluyente. Y es que hay una enorme asimetría entre el poder que tienen las grandes corporaciones capitalistas en el mercado. Y el “poder” de alguien que trata de alquilar un piso con un salario medio. Como puede ser el perfil social del que estamos hablando.

En los años 40 aparece en la cultura jazz norteamericana el “hepcats”. Palabra que derivó en “hípster”.

Ese cabeza de turco o explorador urbano. Sin ninguna responsabilidad social ni política. Que supuestamente modifica el entorno con su presencia. Y que persigue una autenticidad que desaparece bajo sus pies…

Un problema de la clase creativa es la falta de recursos económicos. El desplazarse a zonas mas asequibles es el germen de su futura gentrificación. ¿Cómo habitar sin gentrificar?
Creemos que va un poco en la conciencia de esas personas. En su forma de pensar y relacionarse con lo que le rodea.

Muchas veces el “artista” llega al barrio por que es más barato como tu comentas. Llega para quedarse y sin embargo quiere modificarlo de acuerdo a sus patrones de consumo y formas de vivir en lugar de integrarse.

La paradoja, y más allá del como afecta al resto de vecinos en forma de subida de alquileres al atraer nuevos negocios e inversión a la zona, es que los propios artistas terminan por ser desplazados también una vez han cumplido su misión: dotar al barrio de ese capital simbólico tan apetecible para esa inversión privada: la cultura.

Desgraciadamente la instrumentalización de la cultura es un aspecto clave en los procesos de gentrificación.

Y esto hace que este perfil social, si no es consciente de lo que puede ocurrir, se convierte en un potencial agente gentrificador. involuntario en el mejor de los casos.

Estos procesos fueron míticos en Manhattan. Donde podríamos trazar un itinerario temporal y espacial clarísimo sobre el desplazamiento de los artistas desde mediados del siglo XX: primero del Greenwich Village al SoHO. Despúes al Lower East Side y ahora ya al otro lado del río Hudson. En zonas como Brooklyn.

En todos los casos hablamos de procesos de gentrificación consolidados. Áreas que pasaron de ser degradadas a ser habitadas por artistas y que ahora son barrios elitistas.

Desgraciadamente la instrumentalización de la cultura es un aspecto clave en los procesos de gentrificación.

Y esto hace que este perfil social, si no es consciente de lo que puede ocurrir, se convierte en un potencial agente gentrificador. involuntario en el mejor de los casos.

Vosotros como artistas, nosotros como creativos; también somos clase creativa ¿Cómo podemos trabajar sin gentrificar?
Volvemos a apelar a la conciencia de cada unx. Existen casos extremos, como Wynwood (Miami), en el que varias inmobiliarias están contratando artistas urbanos y abriendo galerías de arte en un barrio popular: es evidente que esos artistas están encantados (y bien pagados) de formar parte de ese proceso, en el que por cierto han conseguido desplazar a más de un 80% de la población centroamericana de la zona.
Por el contrario tenemos un caso bien distinto en Bolonia, donde el famoso artista Blu está borrando sus propios graffitis para no sumarse al circo de la gentrificación (aunque podríamos debatir mucho sobre ello dado que hasta los graffitis borrados de Blu dieron juego para el negocio).
Podemos trabajar sin gentrificar contrarrestando la tendencia a la expulsión con múltiples formas: creando redes de solidaridad y apoyo en el barrio que luchen por el derecho a la vivienda y a la ciudad y contra la expulsión de los vecinos, acercando información a las personas afectadas, integrándonos y conociendo de cerca las actividades de la comunidad local, de las asociaciones vecinales, etc 

Ahí es donde, precisamente, debemos dejar de ser artistas para ser activistas.

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