Cinco motivos para que el clubbing se considere un arte y no se extinga

Valencia se convirtió en el centro neurálgico underground por excelencia de la zona sur de Europa, gracias a la creatividad.

18 febrero 2021 ·
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Foto vía @ehogronaze

Para argumentar la afirmación del título que te ha hecho venir a este artículo me voy a basar en Valencia, tierra del “empastre” por excelencia, y donde entre naranjos se creó un movimiento cultural que no puede morir. 

La creatividad removió a la ciudad de Valencia, toda una ciudad (o más bien dicho sus afueras), donde se dejó atrás la dictadura para pasar al libertinaje (en su más artística expresión). Creatividad que perdura en el mundo de la música techno y house, y que por ello este tipo de ocio, también debería de considerarse cultura. Y bueno, a eso voy, a demostrar el por qué el clubbing debería de considerarse un arte, que me voy por las ramas de los naranjos, nunca mejor dicho.

Motivo 1

El primer motivo, como es obvio, es la música. Para muchos se trata de un simple “chumba chumba”. Para otros, un motivo por el que seguir viviendo en este mundo. Yo prefiero agarrarme a la segunda opción. 

Este chumba chumba en valencia supuso una liberación, tanto moral como artística. Cuando nació la ruta, a principios de los 80, esta se hizo famosa por ser el mayor movimiento generacional de jóvenes, sin discriminación de géneros ni clases sociales, convirtiendose en el fenómeno de masas más increíble y emergente de la Europa moderna. Y todo esto rodeados de altavoces que les hacían olvidar a golpe de vibración sus diferencias y los problemas que había más allá de esa noche. 

En la actualidad los sibaritas de estos géneros musicales y el clubbing llevan a cabo un ejercicio que debería de considerarse arqueológico: acudir a todo tipo de mercadillos, rastros y montones de mierda en búsqueda de vinilos. Obras musicales que quizá lleven años sin ser reproducidas ni escuchadas por nadie,  y que ellos hacen revivir cuando las reproducen en sus tocadiscos, signo por excelencia del modernismo. Creaciones perdidas que parecía que ya no iban a hacer resonar el mundo, hasta que alguien las encontró en una caja de cartón por 3 euros y decidió comprarla para hacerla volver a sonar. ¿No es esto arte?

Motivo 2

El segundo motivo, la corriente de diseño que se ha ido creando alrededor del clubbing. Cada evento es presidido por un cartel donde alguien, no sé bajo qué sustancias, se ha hecho un quebradero de cabeza para representar lo que supone para el/ella ese tipo de fiestas. 

Diferentes diseños que comparten un mismo objetivo: anticipar las experiencias que van a sentir bajo esta música, tanto en carteles, como en discos. 

Dónde colores que gritan como lo hacen las emociones de aquellos que escuchan esta música, se combinan con formas geométricas cortantes, cortantes como… bueno, eso ya a elección de cada uno.

Motivo 3

En estas características noches que suelen acabar al mediodía, el cuerpo se convierte en un lienzo en blanco, donde los propietarios (a ratos, ya que muchas veces lo abandonan durante unos instantes) expresan su libertad y creatividad, ambas contenidas fuera del club. 

Si volvemos a las afueras de Valencia, las cremalleras, el cuero y las telas metalizadas, el bordado en hilos fluorescentes, y el concepto de chándal llevado a un nuevo estadio, era los que reinaban. Un estilo único que pasó a la historia, por ser odiado o por ser amado con locura. 

Pero otros, los verdaderos reyes de la noche, lo llevaban a otro extremo, guiados por la extravagancia y el libertinaje. Para analizar este arte solo debemos de centrarnos en analizar a uno de los pioneros de este movimiento: Chimo Bayo. Gafas de sol que emiten luz, trajes aeroespaciales que dejaban los pezones al aire, colores fluorescentes, hombreras extravagantes… nadie dentro de sus cabales diría que estas prendas no se merecen estar en un museo.

Motivo 4

Como cuarto motivo deberemos de subirnos por las paredes, arquitectónicamente hablando. Cuando la ruta nació sus pioneros hicieron algo muy sabio, en lugar de construir espacios nuevos para el clubbing, dieron una segunda vida a construcciones autóctonas heredadas del sistema agrario valenciano. Una acción que hoy sería premiada por muchos como sostenible, cuando en su tiempo fue juzgada y criticada. 

Ejemplo de esto es Barraca, que su propio nombre nos desvela el origen de su infraestructura. Donde se mantuvo su singular diseño agrícola y a su vez se creó una moderna infraestructura efímera donde sucedieron desde sesiones de cabaret a obras de teatro. Un lugar donde la palabra arte cobraba todos sus sentidos. O chocolate, que se apropió de una fábrica de arroz para poder nacer. Su exterior marrón imitaba una tarta de chocolate con nata por encima, y en su interior los muebles parecían pasteles. Todo real, no se trataba de visiones provocadas por el festín que algunos se pegaban allí dentro. 

Y el reflejo del arte arquitectónico en el clubbing llevado al extremo era Spook, diseñada inspirándose en la guerra fría y la paranoia nuclear, con un interior donde la pérdida de la percepción temporal estaba asegurada. Para llevar la experiencia al extremo, los platos hacían sonar canciones de forma simultánea para crear la sonoridad característica de un búnker. Solo imagina la cara de aquellos afortunados que pudieron vivir esta experiencia.

Motivo 5

Para este último punto, pocas palabras voy a usar, y voy a dejar que las imágenes hablen por sí solas, las que acompañan mis párrafos. La euforia y la plaga de momentos fugaces hacen que capturar imágenes sea un ejercicio totalmente mágico, y el resultado obtenido verdaderas obras de arte únicas. Y nada más que decir, hacer scroll hacia arriba y comprobarlo vosotros mismos.

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