El Madrileño: la bohemia de Little Spain en los nuevos años 20

Con la modernidad y lo urbano en plena decadencia, C.Tangana, baja a la tierra, se remanga, busca la raíz, vuelve al campo y encuentra el origen

25 febrero 2021 ·
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Imagen vía Sony Music

Dijo José de Larra, la más alta cota del Romanticismo español del S.XIX que, “Escribir en Madrid es llorar”, y es eso lo que está haciendo Antón Álvarez Alfaro, pero pongamos que hablo de “El Madrileño”.

Escribir con el corazón en la mano, la vena sensible palpitando en el cuello y una lágrima cayendo por la mejilla, para dejar su huella única en la historia de España, y entonces, rebasar las fronteras de la patria con la virtud de abrirse al mundo, para que su nombre, su estética, su visión y su música viajen en vuelo intercontinental con billete de ida y vuelta a su tierra natal.

Con la modernidad y lo urbano en plena decadencia, C.Tangana, baja a la tierra, se remanga, busca la raíz, vuelve al campo y encuentra el origen. Traza los surcos en un viaje de vuelta hacia el folclore para ir hacia delante en lo contemporáneo. ¡Mágica paradoja la del eterno retorno!

“Si te fijas, todos vuelven al principio”, cantaba Crema, su antiguo alias, en uno de sus arrebatos de la adolescencia. Y es eso, lo que está volviendo a hacer Antón, con su nueva aventura llamada “EL MADRILEÑO”, volver a ser niño, ser el más listo de la clase y ponerse a jugar con el instinto.

Lo que pasó antes, ya es historia y eso no se borra.

“Si te fijas, todos vuelven al principio”, cantaba Crema

“Alligators”, la “10/15”, los beefs mediáticos, Carlotta, Rosalía, Alizzz, la radio, la prensa, la tele, el Rey, las canciones del verano, Sony, “Ídolo”, “Avida Dollars”, “Un veneno”, OT, la tendencia, 2.0.2.0 y, ahora, por fin, El Madrileño.

Gran parte de la culpa de la fiebre que está causando este nuevo embarque, la tiene un tipo llamado Santos; el ojo romántico de España, un poeta de los de antes, un loco enamorado del cine, la arquitectura y el costumbrismo. Santos también es, lo hortera bien llevao, y allí, en esa mezcla sabrosa, reside toda la riqueza que plasma en sus obras.

Él, junto a toda la tropa de bohemios de Little Spain, que marcan el inicio de la (evocando fogonazos de la Movida Madrileña o la Generación del 27), están levantando catedrales en forma de películas y de historias. Están metiendo toda la carne en el asador en su primer proyecto conjunto, ellos guisan lento, como toda la vida, y eso hace, que les esté quedando muy rico. Primero, te sacan entrantes y surtidos ibéricos para abrir boca, y luego, coronan, con un cocido madrileño en tres vuelcos. -"Pero comensales, ¡no se relajen, y hagan hueco para el postre, que estos muchachos no dejan de sorprendernos!"

Él, junto a toda la tropa de bohemios de Little Spain, que marcan el inicio

En un intento, como admirador absoluto, por adivinar lo que desea Pucho y Little Spain con {El Madrileño}, deduzco asintiendo que su aspiración es:

"Esculpir la memoria de España, desbrozando la senda popular salvaguardando las flores castizas infestas de lo político. Convertir el descampao en un jardín y que la tierra yerma de la meseta, sea el fruto y la costumbre venidera que trascienda eternamente tras las lágrimas de lo bonito. Ser el hilo que vertebra generaciones, encarnar la nostalgia de nuestra España con el paso del tiempo y llevar por bandera su tradición y costumbre. Que la sombra del madroño se agrande con los siglos, y que la sangre y las lágrimas de El Madrileño perduren en la historia de la cultura de España y del mundo".

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