Soleá Morente nos enseña su nuevo álbum "Aurora y Enrique"

“Ya no canto tanto a la rabia y al desamor, sino a la aceptación y busco hacer las paces conmigo misma”

7 diciembre 2021 ·
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Foto: Alfredo Arias

Cuando las paredes de tu hogar cuentan historias que hablan por sí solas y se convierten en una fuente de inspiración suficiente como para crear una preciosa colección de recuerdos, en pocas direcciones más hace falta mirar para alimentar tus musas. Con la seguridad que da saber que tienes de tu lado el talento, la raíz y el ingenio de quien solo está predestinado a brillar, Soleá Morente nos ha acercado un poco más a través de su sin par mirada la cara más íntima de una de las parejas más emblemáticas y revolucionarias de la creatividad y la música nacional: sus padres.

A través de once canciones (“Aurora y Enrique”, Elefant Records 2021) donde la Soleá Morente vuelve a demostrarnos con crédito y mérito esa polifacética y camaleónica habilidad para virar entre géneros, descubrimos poco a poco y sin prisas los entresijos más significativos y definitorios de una historia de amor mayúsculo e inspirador. La emotiva y sentida voz con la que Soleá Morente nos recibe denota una pasión vívida y firmemente implicada con lo que ha fraguado en este disco, demostrando así que la esencia de Aurora Carbonell y Enrique Morente trasciende más allá de la de unos simples progenitores. 



Hace bien poquito tuve la suerte de ver en directo a Los Planetas y a Antonio Arias, y ahora cierro el círculo entrevistándote a ti.
Queda todo en familia, sí.

¿Qué tiene Granada que no dejan de salir artistas geniales de esa tierra?
Nunca sabremos exactamente el qué, pero sin duda Granada tiene algo. Creo que es una mezcla de muchos factores. La Alhambra, el Sacromonte, el flamenco, el rock… Hay mucha inspiración.

¡Qué ganas de repente de ir a Granada!
¿Verdad? Yo ahora estoy en Madrid, ya que por trabajo he tenido que venirme aquí un tiempo largo, y no te puedes imaginar cómo echo de menos Granada.

¿Pero el confinamiento sí lo pasaste en Granada, verdad?
Así es, con mi madre, con mi hermano y con mi abuela.

¿Fue intenso?
Pues verás, yo tuve la inmensa suerte de tener mi propio espacio dentro de la casa de mis padres, en una especie de apartamentito propio, algo apartado del resto de las estancias. Si no, sí que hubiese sido complicado (risas). Me gusta estar con gente, pero no lo puedo evitar, también soy muy independiente, y me encanta la soledad, la tranquilidad…

Para Soleá Morente la esencia de Aurora Carbonell y Enrique Morente trasciende más allá de la de unos simples progenitores. 

¿Fue entonces cuando se te ocurrió hacer un disco con la raíz tan dentro de tu familia?
Fue en ese momento, pero también fue coincidencia. Al principio estábamos todos tan nerviosos y expuestos a la incertidumbre que era imposible concentrarse. La preocupación y el medio ganaban la partida. Pero poco a poco, como todos, fui pudiendo volver a escuchar música, leer y en definitiva, volver a refugiarme en el arte. Me fui inspirando lentamente, y de ahí nació la canción de ‘Ayer’, que abrió la puerta a la idea de rendir homenaje a la historia de amor entre mis padres. Fue componiendo ‘Ayer’ cuando reconocí ese momento en el que mi madre se quedaba en la tierra, amando, y mi padre se marchaba

Esa historia de amor te ha influido en lo profesional, como bien vemos ahora en este “Aurora y Enrique”, ¿pero también en lo personal?
Digamos que mi carrera profesional ha ido siempre muy ligada a mi estado de ánimo. Por ejemplo, en “Lo Que Te Falta” había mucha reacción, desamor y protesta. En cambio, este nuevo disco es mucho más proactivo y he buscado encontrar la paz a través de un diálogo interior muy especial.


Te veo más honesta, más auténtica.
Tal vez. Como te digo, es otro momento de mi vida. Ahora ya no canto tanto a la rabia y al desamor, sino a la aceptación y busco hacer las paces conmigo misma. Quizás es fruto de haber sido un disco nacido en el confinamiento, donde estando encerrados nos planteamos tantas cosas y comenzamos a valorar mucho más todo aquello que no se ve, pero también está presente y puede cambiarte la vida en un momento dado.

Las letras denotan sin duda una apreciación diferente de lo que te rodea. ¿Cómo te sentiste afrontando por primera vez la composición íntegra de un disco?
No te voy a engañar, sentí vértigo y lloré mucho. Ha sido un proceso que ha pasado por muchos estados, continuamente aprendiendo conmigo misma, cuestionándome y construyendo el proyecto sobre la marcha. Dudaba constantemente de si las canciones valían o no y hasta cierto momento no sabía incluso si quería publicarlas. Pero cuando llegué a Madrid y les enseñé el disco a mis compañeros de banda (Juanma Padilla, Manuel Cabezalí y Nieves Lázaro) sentí que la cosa podía funcionar.

Recuerdo estar tocando las canciones, con mi guitarra y la cabeza gacha, preguntándome qué estaba haciendo, y cuando terminé y vi que a Nieves se le habían saltado un par de lágrimas me emocioné muchísimo. Tras comprobar que gente que admiro y respeto tanto como ellos me daban su visto bueno, fue entonces cuando comencé a pasármelo bien de verdad.



¿Qué hay de compartir esas canciones con gente que no sean tus compañeros de banda? ¿Te impone?
Es algo que, a pesar de los nervios, me genera mucha ilusión poder hacer, y espero que llegue pronto el momento. Más allá de un concierto para prensa en la sala Sol, aún no he tenido ocasión de llevar al directo propiamente las canciones de “Aurora y Enrique”. Tocamos ‘Iba A Decírtelo’ y ‘Ayer’ y fue una sensación muy especial que nunca había vivido. Pero no abrí los ojos hasta que terminé de cantarlas (risas). Desde luego, no es lo mismo cantar canciones que has compuesto para otras personas o para ti, que cantar canciones que sabes de dónde vienen y en qué momento nacen.

Hablemos del sonido del álbum. En este disco sacas tu cara más dream-pop, ¿hay algún motivo por el que hayas optado por este estilo para un álbum de este calado, o no hay una relación estricta entre concepto y género?
Sí que la hay. La temática de las canciones me pedía tirar por ese estilo y abrazar esa atmósfera. Venía de “Lo Que Te Falta”, donde había mucha rumba, mucha energía y mucha improvisación. En cambio, “Aurora y Enrique” requería ahora un ambiente diferente, más íntimo y contenido, un tono distinto que acompañase el mensaje. Durante el confinamiento estuve escuchando mucho a Sufjan Stevens, por ejemplo, que con ese álbum que dedicó a sus padres puedes imaginar cuánto me ha influido. También The Cure, The War On Drugs, Beach House

De alguna manera quise rescatar para este disco la esencia de lo que sonaba durante aquellos días y tratar de que esas sonoridades también se hermanasen con el flamenco. 

¿Sale caro arriesgar en la música?
Sí que sale, sí (risas). Cuanto más arriesgas, más te complicas a ti misma. Respecto a eso, a veces me siento un poco al borde del abismo. Cuando el público parece estar acostumbrándose a un estilo determinado, mi propia naturaleza me pide dar un volantazo y cambiar de registro. Pero sinceramente, no lo hago por sorprender ni por desmarcarme de nadie en concreto, sino por alimentar mi curiosidad y continuar con mi búsqueda personal. En ocasiones te confieso que siento que trabajo en tierra de nadie, uniendo extremos bastante separados y contemplando los resultados. Y esto por supuesto, no es fácil y se paga.

¿De qué manera crees que se te ha cobrado el salirte tanto de los moldes?
Desde darse complicaciones para que te llamen de un festival de flamenco hasta que tampoco lo hagan de un festival indie, sin ir más lejos. Pero también a la hora de preparar el repertorio para un concierto, por ejemplo. Imagínate integrar en un mismo set piezas de “Tendrá Que Haber un Camino”, pasando por el “Ole Lorelei”, o la rumba de “Lo Que Te Falta”, y ahora estas nuevas. Corro muchos riesgos y me como mucho la olla, pero me interesan más los peligros que las facilidades y las zonas de confort.

En este magma de reinvenciones me intriga mucho conocer cómo llegas al imaginario de Marcelo Criminal.
Creo que fue David Rodríguez (de La Estrella de David) quien me pasó su música por primera vez. Recuerdo que cuando escuché el single de ‘Solán de Cabras me quedé completamente fascinada con Marcelo y con su mundo. Me impactó tanto que quise saber quién era y conocer todo sobre él. Fui a verle tocar hace un par de años a la sala Siroco de Madrid y a raíz de su concierto, la canción comenzó a brotar sola. No diré si la segunda parte de ésta es verídica o no, eso lo dejo ahí (risas), pero sí que es cierto que tanto él como su discurso me parecen brillantes. Es simplemente diferente, muy personal y con una visión de lo más interesante a pesar de lo joven que es.



Y de ahí nace la canción homónima.
Exacto. Además, la parte en la que él canta está totalmente compuesta por él. Yo tenía tan solo la primera parte de ésta, y me puse en contacto con él para que me ayudase a completarla. Su ingenio, su talento y su rapidez hicieron el resto.

Si hablamos de otros implicados, tenemos también que nombrar a Jonás Trueba, que indirectamente tiene también un papel aquí.
Así es. Cuando me vi en la tesitura de tener que preparar algo para el vídeo de ‘Aurora’ y ‘Ayer’ automáticamente pensé en Jonás, porque sabía que su sensibilidad podía llegar a ir en la misma sintonía que esas canciones, y no me equivocaba. Ha hecho una pieza audiovisual chiquitita pero muy sentida y estoy encantada con el resultado.

Además, en ese vídeo vemos emocionadísima a una de las protagonistas del disco. ¿Cuál es la opinión de Aurora Carbonell sobre el álbum?
Mi madre está muy contenta, o al menos eso dice, y se emociona mucho cada vez que escucha el disco. De momento parece que le gusta, no me ha regañado ni nada de eso (risas).



¿Ha intervenido en el disco o lo has mantenido en secreto hasta el último momento?
Lo cierto es que he llevado el proceso de composición bastante en la intimidad y ha sido todo el rato algo muy mío. Pero cuando las maquetas estaban ya montadas sí que he acabado contando con su opinión, y algún aporte me ha dado. Irremediablemente, su voz es muy importante para mí. La tía tiene mucho criterio, te dice tanto lo que le gusta como lo que no, y debo decir que siempre acierta. Las madres nunca fallan. 

De todas las memorias, tan emotivas y conmovedoras, que este álbum encierra, ¿con cuál te quedas?
Me quedo con esa fotografía que da imagen a la portada, en la que se ve la mirada que le dedica mi padre a mi madre mientras ella baila. Así ha sido siempre, siempre esa mirada de amor presente, ese cariño, ese respeto, esa admiración mutua y recíproca entre ellos. Me impacta y siempre me emocionará. Para mí, eso es el amor y he tenido la inmensa suerte de haberlo visto y vivido con ellos.

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