Retrato de Una Mujer en Llamas: Pelis recomendadas para la fase 1

Las tardes de fin de semana siempre han sido para ver películas, y ¡todavía más cuando se está en cuarentena! La directora Céline Sciamma...

11 mayo 2020 ·
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Las tardes de fin de semana siempre han sido para ver películas, y ¡todavía más cuando se está en cuarentena!

La directora Céline Sciamma ha terminado 2019 regalándonos este precioso largometraje en el que nos cuenta la historia entre Marianne (Noémie Merlant) y Héloïse (Adèle Haenel), dos jóvenes que viven una historia de amor en una isla alejada de la sociedad en Bretaña. Podrán estar juntas hasta que Marianne termine el encargo de crear un retrato de la noble, y cuando esto pase, sus caminos tendrán que separarse.

Aclamado positivamente por la crítica, ganando entre muchos reconocimientos la Palma Queer y el premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes, nos encontramos frente a una producción y a un reparto predominantemente femenino, cuya contribución masculina se limita a la banda sonora, la edición y los figurantes de la película.

Es emocionante encontrarse frente a un proyecto que respira presencia e influencia de mujeres, tanto delante como detrás de la cámara.

Si bien las razones para sumergirse en este drama histórico son muchas más que cinco, porque van más allá de la simple historia que cuenta, me apetece compartir con vosotrxs algunas reflexiones sobre su relato y la simbología tan curada que acompaña el espectador a lo largo de la película.

¡Avisadxs quedáis, hay espoilers!

1. EL VALOR DEL SILENCIO

Durante los primeros 40 minutos de película te sientes desnudx. ¿No hablan? ¿No piensan hablar? Frente a una historia delicada y algo sigilosa, que avanza según se desarrolla la película, nos vemos sumergidos por los silencios, que nos obligan a escuchar.

¿Cómo vamos a seguir la historia si no hay palabras? Pues no solo tenemos las imágenes, sino que tenemos los lienzos de Marianne, que representan desde el momento de su llegada, el intento de conocer a Héloïse, tarea que no se le pone fácil en ningún momento.

El reflejo de la relación que están construyendo las dos chicas va evolucionando; pasan de ser dos desconocidas, a amigas, a amantes, a colaboradoras, hasta finalmente, ser cómplices de un gran secreto. Héloïse no deja que su esencia y personalidad salgan a la luz, de ahí todos los intentos fallidos de representarla, pero el tiempo pasa, y la confianza va creciendo. Entonces Marianne solo logra pintar a la burguesa, fallando en enmarcar su auténtica personalidad, lo que nos ocurre cuando solo conocemos una persona en la superficie.

Tras ese primer intento, hay roces, besos escondidos, risas, y por fin el retrato ya no es un simple encargo,

sino que se convierte en un intercambio entre musa y artista, con el pretexto de ayudarse, de poder pasar más tiempo juntas, disfrutando de la compañía la una de la otra.

2. EL FEMALE GAZE Y LOS ENCUENTROS SEXUALES ENTRE MUJERES

Hay momentos de intimidad a lo largo del largometraje que marcan la distancia y rigidez del protocolo que deben mantener Héloïse y Marianne para no ser descubiertas.

Los encuentros románticos de las protagonistas no están hipersexualizados. La atención y realidad que aporta la dirección de Sciamma, muestra un claro deseo de narrar visualmente lo que  pasa en los momentos privados de las chicas, sin convertirlo en material lúdico.

Ternura, delicadeza, detalles, imágenes precisas que se te quedan en la cabeza.

Se puede apreciar que las escenas de sexo entre las mujeres de la película, no están hechas para que se goce eróticamente de ellas, y sobre todo no están rodadas con el objetivo de agradar una fantasía machista, sino precisamente para dirigir el espectador en la diferencia que marca la ausencia de un hombre.

No cabe duda que con este film, que cuenta una presencia significativa no solo de miembros del Colectivo LGTB+, sino también de mujeres creativas y preparadas, no surgieron en el rodaje las grandes controversias que rodearon otra película de temática parecida. No solo la escena de sexo en sí, sino las condiciones de trabajo en el set. ¿Habéis entendido de qué largometraje estoy hablando, no? Sí, de La Vida de Adèle. Pararos un segundo a comparar las escenas románticas, la delicadeza  de Sciamma contra la objetivización de Kechiche son patentes.

En 2013 aquella película fue un gran regalo, pero ahora más que nunca es una enorme suerte poder tener obras visuales sobre mujeres que son dirigidas y creadas por ellas mismas.

3. ¿HAS OIDO LA MÚSICA?

Saltamos a la última escena de la película donde Héloïse no está consciente de la presencia de Marianne en el teatro.

Es interesante reconocer que a lo largo de la película solo se escuchan dos músicas, la tímida melodía del “Verano” de Vivaldi es la primera en tocarse en el piano, y también la última pero con orquesta. En cambio, la segunda canción fue compuesta por Para One y Arthur Simonini, y da vida a un momento de encuentro de las mujeres de la isla.

El sonido del concierto que está tocando, parece aclamar el pasado de forma aterradora. Ahora Héloïse está casada y tiene una hija. Se podría decir que se ha adaptando perfectamente al rol de mujer y madre que se espera de ella, pero nos muestra que no es así, al menos no en la superficie.

A través de un primer plano desgarrador, Sciamma graba cómo su musa se desmorona al escuchar la pieza de Vivaldi.

La elección de esta música, se debe al sentido de familiaridad y nostalgia que trae. Para la directora también representa una paradoja, pues la pieza musical cuenta cómo un día de verano se ve interrumpido por una tormenta.

De esta forma se queda el público, frente a la tormenta de emociones que siente Héloïse, durante un tiempo más que incómodo.

4. EL MITO DE ORFEO Y EURÍDICE

No hay un simbolismo particularmente complejo y oculto en la película, es más, todo está presentado de manera transparente ante nuestros ojos. Si se nos escapa un detalle, será por simple falta de atención.

A lo largo de las dos semanas que dura la estancia de los personajes en la isla, Sciamma coloca lo que parece ser la figura del fantasma de Héloïse, la cual aparece frecuentemente a las espaldas de Marianne. Luego, llega la escena de la cocina, cuando las chicas de la casa junto con la doméstica Sophie (Luàna Bajrami), leen alrededor de la mesa el mito de Orfeo y opinan sobre su significado: ¿por qué en algunas versiones del mito Orfeo decide darse la vuelta o no? Un gran dilema que perseguirá a Marianne, hasta el instante en el que cierre por última vez la puerta de la villa.

“Típicamente, el mito de Orfeo y Eurídice ha sido re-interpretado por varixs feministas porque suele presentar la mirada masculina como una mirada que mata.

Lo que quería lograr era restaurarlo al presente y crear un momento de escucha y de análisis”.

Con esto, la directora quería tomar en cuenta todas las hipótesis que pueda surgir en una discusión.  “Quizás Eurídice quería morir una segunda vez, ¡quizás ha sido ella quien le ha pedido que se diera la vuelta! No toma la decisión del enamorado, sino la del poeta. Decide quedarse con su recuerdo”.

5. EL NÚMERO 28

Si el cuadro de Marianne es la representación de ella misma como el poeta que al final decide darse la vuelta, Héloïse es Eurídice, quien le pide que se dé la vuelta.

Tras haber heredado el negocio de su padre, Marianne se encuentra en una exposición y  se queda frente al retrato de la ya adulta Héloïse. Retratada con su hija, sujeta un libro en su mano derecha, en el cual su dedo índice marca la página 28 del libro de Orfeo y Eurídice. Este cuadro es el ‘infierno’ desde el que Héloïse le grita a Marianne que se dé la vuelta.

A los ojos de un desconocido, tan solo puede llegar a representar su pasión por la lectura, sin embargo es una pista que solo una persona será capaz de descifrar. Al acercarse el día de su regreso a Francia, mientras estaban tumbadas en la cama, Marianne pintó bajo petición de su amante un autorretrato para que pudiera recordarla. El ‘lienzo’ del retrato, acabó colocándose en la página número 28.

Este minúsculo detalle no solo es un gesto de resistencia, en el que Héloïse no niega ni olvida su pasado, el cual está obligada a esconder dado el contexto histórico y social.

6. EL FINAL ROMPEDOR QUE DUELE, PERO QUE TIENE RAZÓN DE SER

Todo lo que une los fragmentos de esta película es la observación, la mirada con la que detectamos cada significado. Estas mujeres solo se ven a través de los ojos de la otra: cuando Marianne en sus paseos examina a su sujeto para el cuadro, del otro lado Héloïse sospecha de sus intenciones.

Esta película decide permanecer realista, y con la realidad llega el dolor, la injusticia, la verdad y la emoción.

Sí, la sociedad era horrible hacia las mujeres, y sigue siéndolo. No obstante los limites sociales, el amor que nace entre las protagonistas las hace libres.

La interprete de Héloïse, Adèle, dijo: “A menudo el modo de resistencia de Héloïse es la ausencia: porque no puede escapar físicamente de su destino o detenerlo de ninguna manera, ha eliminado su presencia tanto como puede. Al negarse a posar, escondiendo su rostro. Es lo mismo con su matrimonio. Se casará con el hombre al que nunca conoció, sin embargo él nunca la conseguirá. La compró, pero todo lo que hay detrás de su fachada, su corazón, su pasión, su amor, eso es de ella y es intocable”.

Esto no quiere decir que su esposo sea necesariamente un hombre malvado que la trata como un objeto. El punto es que él la obtuvo por la opresión, y como Héloïse no puede resistirse físicamente a la imposición, lo hará emocionalmente. Y al final vemos que su amor por Marianne, es su libertad.

Nos encontramos frente a un manifiesto de la mirada femenina.

El cual no solo muestra cómo la sociedad marcadamente machista afecta el estilo de vida de las protagonistas.

La directora y todo su reparto, toman como  deber propio el exponer temas actuales, como el aborto, la solidaridad femenina, la sexualidad, la reivindicación de la palabra y de exponer un punto de vista propio y personal sin tener que ser hombre, y por lo tanto, infravalorada.

La conclusión de esta narración nos recuerda demasiado a todos los dramas audiovisuales LGTB+. ¿Sabéis a lo que me refiero, no? Ellxs, se quieren mucho, pero siempre hay alguien que muere, se suicida, o que por alguna razón nunca consiga vivir feliz a lado de su pareja.

Sin embargo lo que viven las dos chicas es catártico, es liberador, es real. No puede perdurar debido a su contexto socio-cultural, pero nunca llega a morir. No muere porque ambas siguen recordando y viviendo todo lo que les ocurrió a lo largo de aquellas dos semanas.

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