La niña bollera y el niño marica ¿Os imagináis que todos tuviéramos que salir del armario?

¿Os imagináis que todos tuviéramos que pasar por el ritual de "salir del armario"? Este artículo precisamente va dirigido a todos aquellos que nunca...

5 abril 2020 ·
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¿Os imagináis que todos tuviéramos que pasar por el ritual de "salir del armario"?

Este artículo precisamente va dirigido a todos aquellos que nunca fueron "el niño marica" o "la niña bollera". Recientemente acabé un Curso de Terapia Afirmativa LGB. Su objetivo es formar a profesionales de la salud mental para acompañar a personas LGB que se encuentran en el "Proceso de Aceptación".

Sí, de aceptación. Porque "salir del armario" no es ni más ni menos que llegar a aceptarse como uno o una es. Identificarse como parte del colectivo LGTBI y hacerse visible.

Hoy nos vamos a meter en el cuerpo de un niño de 10-11 años. Y nos vamos a llamar Jesús Mari.

Jesús Mari va al Colegio Sagrado Corazón y está en 4º de Primaria. El otro día oyó a unos de su clase decir cosas como: "yo también tengo novia, es de mi pueblo". Hace unas semanas, una de las niñas de su clase, Raquel, le mandó una notita pidiéndole salir con él. Al principio se puso contento porque Raquel es simpática y guapa y eso mola. Pero después pensó que aunque es simpática y guapa, había algo que no le terminaba de convencer.  Le daba igual tener novia o no, no es algo que le preocupara. Así que le dijo a Raquel que prefería que siguieran siendo amigos.

En septiembre su madre le apuntó a baloncesto para que "se moviera". Lo pasaba fatal al principio porque digamos que no era lo suyo y además apenas hablaba con los chicos del equipo. Pero había algo que le hacía seguir yendo semana tras semana: Simón. El capitán. Era el que mejor jugaba y encima majísimo. Desde el principio fue amable con él. Como vivían cerca el uno del otro volvían a casa juntos mientras hablaban de mil cosas y se reían mogollón.

Aunque el resto le vacilaba por venirse conmigo "Eh, Simón, ¿sois novios o qué pasa?", Simón siempre se reía y me decía "¡Bah, vámonos!".

Hoy toca entrenamiento. Simón está riéndose con otros del equipo mientras cogen los balones. "Tío, qué fuerte, ¡María es la más guapa de 4º!" "Ya ves tío, ¡qué suerte! ¿Os habéis dado besos en la boca?" Sí, Simón y María ahora son novios. De repente siento un pinchazo en el pecho: "Qué pesados, todo el día hablando de las chicas", "¿María? ¡Pero si ni siquiera hablan!", "¿Seguirá queriendo venirse conmigo a casa?", "No entiendo qué ve Simón en esa chica".

Entonces Simón empieza a no estar tanto Jesús Mari, porque ahora solo habla de chicas y prefiere irse con Alberto o Jorge porque ellos también tienen novia. Jesús Mari cada vez se siente más triste y ya no quiere ir a baloncesto. Su madre le preguntó por qué y cuando se lo explicó le dijo: "No te preocupes Jesús Mari, que tú también terminarás echándote una novia, ya verás". 

Y entonces se quedó callado. "¡Dios! ¿Pero por qué nadie me entiende?" Jesús Mari no quería echarse una novia. Jesús Mari no quiere estar con chicas, está harto de las chicas, solo quiere que Simón se vuelva a llevar bien con él. El otro día en el patio vio cómo Simón y María se dieron un beso y le dolió tanto que se tuvo que ir corriendo al baño a llorar. Con tan mala suerte que Alberto y Jorge le vieron: "¿Por qué lloras?" "¡Nenaza!" "¡Marica!".

Y ahí empezó todo. Jesús Mari pasó de serlo a ser "el marica de la clase".

El bullying homofóbico contra los niños y niñas LGTBI puede ser especialmente dañino. En primer lugar, porque la etiqueta puede aparecer antes de que empiece la propia orientación sexual. En el caso de Jesús Mari vemos cómo aún no habiendo terminado de entender lo que le ocurre ya ha sido etiquetado.  A los 10-11 años Jesús Mari ya sabe que podría ser marica y que eso es algo motivo de insulto. Algo que te hace ser diferente, que ni siquiera mamá comprende. Algo a lo que mis compañeros de clase tienen miedo, como una enfermedad contagiosa: "¿Te vas con ese? ¿Tú también eres marica?".

Entonces quizás se dé una etapa de evitación o negación. Jesús Mari no puede evitar sentir lo que siente por Simón, pero tiene que intentar por todos los medios que nadie se entere. Porque resulta que por cosas como esa uno pasa a ser un "marica" y ser un marica significa ser débil, ser como una chica, ser un bicho raro a través del cual reafirmar la heteronorma seguida por el resto.

Con el tiempo Jesús Mari se adentra en la adolescencia teniendo una de sus primeras experiencias sexuales (que no tiene por qué ser coito) con un chico de otro instituto. Y disfruta. Pero probablemente antes de admitirse a sí mismo que es gay probará tener experiencias heterosexuales con una o incluso varias chicas, en un último intento desesperado por encajar en la heteronorma.

No chicas, no es un plan maquiavélico de "usaros como tapadera", es que nadie quiere pertenecer al equipo que siempre pierde, ni el que menos jugadores tiene, ni al de última división.

Quizás Jesús Mari también fantaseaba con una vida heteronormal en la que conocía a una chica estupenda, inteligente, ingeniosa y guapa, que se llevaría genial con sus padres y de la que por fin podría enamorarse de verdad y terminarían casándose. Eso sería genial. Eso le ahorraría a Jesús Mari muchos problemas, porque pasaría a ser del equipo ganador y nadie se volvería a meter con él. De hecho probablemente sería condecorado por todo el mundo como "El macho alfa", "El que se ha echo a la más guapa", "El más guay", "Todo un partidazo".

Tiene gracia que dependiendo del género de la persona a la que ames, aún haciendo exactamente las mismas cosas con uno u otra, se pase de la marginación a la excelencia social. Tiene gracia que sea un asco tener sexo anal con un tío pero un filón si es con tu novia. También parece ser que según la heteronormatividad, meter el pene en la boca de tu novia es un instinto natural enfocado a la reproducción, sin embargo meterlo en la boca de un tío es antinatura.

Y así se va desarrollando el niño o adolescente LGB. Con vergüenza por ser diferente, con culpabilidad por hacer daño a sus padres por tener que soportar los comentarios de la gente, con sentimiento de inferioridad porque jamás alcanzará el ideal heteronormativo, al menos sin mentir a los demás o mentirse a sí mismo.

El 17% de los niños y adolescentes LGTB que sufren bullying homofóbico terminan suicidándose y la mitad de ellos comete conductas de autolesión.

Cada uno de esos suicidios podría ser Jesús Mari. Pensad en su caso y en qué le podría llevar a hacer algo de semejante calibre. Imaginaos el sufrimiento al que puede estar expuesto una persona como para querer morir hasta el punto de planificarlo e intentarlo. ¿Acaso es la homosexualidad de Jesús Mari la que le hace sufrir? No. No es el hecho de que le guste Simón en vez de Simona lo que le hace cometer esta tremenda barbaridad.

Eso es lo que a muchos y muchas les gustaría creer. Para acallar sus conciencias. Este artículo va dirigido a todos aquellos que nunca han tenido que ser "el niño marica" o "la niña bollera", porque precisamente son ellos los actores principales de todo este teatro. Porque si Antonio y Jorge no hubieran recibido una educación sexista y homófoba por parte de sus padres y medios de comunicación, jamás se les hubiera ocurrido utilizar como insulto "llorica" o "marica" contra Jesús Mari. Si la madre de Jesús Mari hubiera tenido igual de normalizada la heterosexualidad como la homosexualidad, quizás Jesús Mari podría haberse sentido entendido por ella. Si Jesús Mari hubiera podido contar con referentes o grupos de apoyo LGTB, o una educación en la diversidad en su escuela... Hubiera podido comprobar que efectivamente no es la homosexualidad lo que te condena, sino la homofobia.

No se es víctima por marica, ni por débil, se es víctima porque existe alguien homófobo que agrede. No lo olvidéis nunca.

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