La nueva masculinidad creada por los señores del cine

Tanto el machismo como el racismo deben ser más sutiles para no descontentar a nadie, lo que no significa que desaparezcan sino que se...

30 julio 2018 ·
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Tanto el machismo como el racismo deben ser más sutiles para no descontentar a nadie, lo que no significa que desaparezcan sino que se transforman

Da la sensación de que los personajes y las tramas que vemos últimamente pretenden ser más correctos con temas controvertidos. Sin embargo, el cine lo siguen haciendo mayoritariamente hombres blancos. Y aunque los movimientos generados en Hollywood condenando el machismo, el abuso o el racismo empiezan a surtir efecto, es todavía algo superficial. En muchos casos, a todos esos hombres creadores les basta con incorporar al guión coletillas para salvar su machismo. Por eso empieza a ser común ver personajes que se molestan al escuchar un discurso normativo y lo replican de una forma casi forzada. También podemos apreciar otro modelo de masculinidad más sutil pero igual de tóxica. Y como no, la presencia de personajes racializados o del colectivo LGTBIQ, o más bien LGTB.

Todo esto está muy bien. Pero parece que los creadores lo hacen para evitar críticas y no porque reconozcan el porqué pueden estar ofendiendo. Como resultado tenemos un producto ordinario con una buena capa de maquillaje. Algo así como si viésemos una película de ‘Torrente’ en la que Gabino Diego le dijera al protagonista que violar mujeres inconscientes no es gracioso. Pero no se elimina la escena en la que eso pasa.

Cada vez nos alejamos más del personaje masculino machote y duro porque eso ya no nos gusta ni tiene ningún interés. Aunque muches siguen suspirando por Khal Drogo, en la pantalla, este tipo de hombres están en declive. Han Solo de ‘Star wars’, Brick Pollit de ‘La gata sobre el tejado de zinc’, Johnny Castle de ‘Dirty dancing’, Stanley Kowalski de ‘Un tranvía llamado deseo’. O más actuales, como Don Draper de Mad men, Christian Grey de '50 sombras de Grey' o Reynolds Woodcock de 'El hilo invisible'. Todos ellos eran absolutamente gilipollas.

La masculinidad de los personajes se está transformando. Ya no son tan machos. Son más sensibles y bonachones. Esto hace que puedan ganarse a priori nuestra simpatía. Después descubrimos que suelen cumplir el mismo patrón machuno. Hablamos de un machismo adaptado a nuestra época, la época del micromachismo.

Algo así como si viésemos una película de 'Torrente' en la que Gabino Diego le dijera al protagonista que violar mujeres inconscientes no es gracioso. Pero no se elimina la escena en la que eso pasa

Por una parte, tenemos al personaje que vive a la sombra de un hombre más poderoso que él. Además, su propia existencia llena de complejos hace que sintamos pena. Un ejemplo podría ser Allan de ‘Dos Hombres y medio’ o  Jerry de ‘Rick y Morty’. Pero no nos dejemos engañar, si tuvieran poder serían igual de monstruos que los referentes a los que envidian.

Por otra parte, debemos analizar la alternativa a la clásica masculinidad en base a su relación con las mujeres. Podemos recordar al clásico Ross Geller de ‘Friends’ o a Ted Mosby de ‘Cómo conocí a vuestra madre’. Ambos están obsesionados con el amor y eso, nos han enseñado que, es cosa de mujeres. El primero es elitista, pedante y egoísta. El segundo es su discípulo.

‘The Big Bang Theory’ es una serie plagada de estereotipos en la que sus personajes son tan planos como machistas, homófobos y racistas. Sin embargo, Leonard es el ejemplo perfecto del nuevo arquetipo de hombre: un tío que podríamos equiparar en versión española a Enrique Pastor de ‘La que se avecina’. Son igual de pedantes que los anteriores pero, además, sienten una fuerte inseguridad debida a su físico. Esto acaba culpando de forma indirecta a las mujeres que no se fijan en ellos y que nos los valoran. Leonard puede parecernos adorable hasta que vemos cómo se relaciona con Penny y destapa toda su pusilanimidad.

Ya no son tan machos. Son más sensibles y bonachones. Esto hace que puedan ganarse a priori nuestra simpatía para después descubrir que suelen cumplir el mismo patrón machuno. Hablamos de un machismo adaptado a nuestra época, la época del micromachismo

De una serie más teen que presume de feminista y de inclusiva tenemos a Clay Jensen. ‘Por trece razones’ incluye personajes racializados que no cumplen con los estereotipos establecidos. Los negros no viven en barrios marginales, ni son necesariamente deportistas; los asiáticos no son genios introvertidos, ni los gais son parodias femeninas. Además, dichos personajes tienen cierto peso en la trama y la homosexualidad está presente sin ser un género en sí misma. Y, aunque todo se desarrolla en un ambiente muy binario, notamos la mejora. Percibimos la influencia que tiene el hecho de enfocar el producto al público al que se dirige.

A pesar de este aire moderno de gente joven transversal, apreciamos esas coletillas feministas incrustadas de cualquier manera en los diálogos. Hay personajes creados para ser despreciables y otros con más matices, pero luego tenemos a Clay. Este chico que si viéramos crecer se acabaría convirtiendo en un Ross Geller. Está diseñado para agradarnos y que empaticemos con él. La dinámica es siempre la misma: al principio queremos que llore en nuestro hombro, luego descubrimos que es egoísta, egocéntrico y cree que el mundo le debe algo por ser tan majo y especial.

Atticus Finch  de ‘Matar a un ruiseñor’, nos sigue dando una lección en cuanto a antirracismo y feminismo. Un personaje escrito por una mujer en los años 60 bastante más fresco que muchos de los actuales. Por lo que debemos plantearnos que no sea del todo lícito exculpar el machismo de los clásicos del cine por la época en las que se realizaron. Puesto que es evidente la gran influencia de las autorías, que han estado siempre monopolizadas por hombres blancos.

Actualmente se sigue romantizando el acoso o la robustez de los hombres. Sin embargo, el paradigma de la masculinidad está mutando a algo más coherente con los tiempos que corren. Unos tiempos en los que el odio está más encubierto. Hablamos de micromachismos y microracismos porque no está aceptado ser abiertamente machista o racista. Pero, no solo nos gustaría ver personajes feministas, sino que nos gustaría ver tramas que reflejasen la pluralidad de la sociedad.

El cine no tiene que tener un fin didáctico ni moralista, pero es una herramienta fundamental para la normalización. Desafortunadamente, el séptimo arte siempre ha estado colmado de estereotipos sociales y ha invisibilizado a colectivos y minorías. Por lo que queremos cine hecho por gente diversa. Y que nadie nos engañe: 'El diario de Noa' no es una peli romántica, es una peli de terror.

 

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