La hipocresía es delgada y sin peso

Cuando el peso de los argumentos no es cuestión de báscula.

11 diciembre 2018 ·
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Últimamente estoy siendo muy consciente de la relación del peso con mi cuerpo y de la relación que este a su vez tiene dentro de la sociedad. La semana pasada asistí a una fiesta sorpresa por el cumpleaños de una de mis amigas y me reencontré con gente a la que no veía desde hace siglos. Un rato antes quedé con uno de mis amigos para ir juntos y lo primero que me dijo al abrir la puerta fue “Oye Pati, ¿tú estás muy delgada no?”. Una vez allí, me lo volvieron a repetir. Hubo gente incluso que fue preguntándole a mi amiga por detrás si yo “me encontraba bien o estaba haciendo tonterías”.

Durante las últimas semanas ha sido lo único que he escuchado cada vez que he tenido alguna reunión social. Toda mi vida he tenido un peso bastante estable, nunca he sido de esas personas que engordan o adelgazan muchísimo. Está claro que he tenido momentos buenos y malos y la báscula me ha jugado alguna que otra mala pasada. Pero, en cualquier caso, nada que podamos considerar extremo.

Yo sinceramente no me encontraba mal, sino todo lo contrario, me sentía mucho más a gusto con mi cuerpo, y eso me produjo una dicotomía interna brutal.

Después de unas semanas de mucha ansiedad, bajé solo tres kilos (¡tres!) de mi peso habitual y la gente parecía poner el grito en el cielo con el cambio. Yo sinceramente no me encontraba mal, sino todo lo contrario, me sentía mucho más a gusto con mi cuerpo, y eso me produjo una dicotomía interna brutal.

Vamos a ver, nos bombardean día sí y día también con dietas exprés, fotos de modelos por todos lados, instagrams con chicas esculpidas por el mismísimo Dios… pero cuando tú empiezas a ir por ese camino resulta que es demasiado. Lo descubrí porque con mis tres kilos de más nadie ha considerado nunca que yo tenga un cuerpazo, y cuando bajo esos tres kilos me he pasado. Entonces ¿en qué quedamos? ¿cuál es el peso perfecto? ¿cuándo coño vais a darme el visto bueno? ¿con uno y medio abajo pero trescientos veinticinco gramos arriba? ¿o mejor con setecientos treinta y tres abajo pero cuatrocientos dieciséis arriba?

Aparentemente (entre adultos), está peor visto ir a personas con sobrepeso y decirles “eh tú, puto gordo, deja de comer”, pero hay cierta impunidad al contrario.

Yo he estado alucinada con toda esta situación, la verdad. Me ha hecho replantearme cosas que antes daba por sentadas o como obvias. Nunca pensé que un tío me iba a decir “tienes buen cuerpo, pero a mí me gusta donde haya más que agarrar” porque, sinceramente, yo siempre he tenido de donde agarrar. Es más, considero que aún lo tengo peso.

Otra de las cosas que he aprendido con esta experiencia es que la gente no tiene reparo en decirte que das asco cuando estás delgada. Aparentemente (entre adultos), está peor visto ir a personas con sobrepeso y decirles “eh tú, puto gordo, deja de comer”, pero hay cierta impunidad al contrario. Por algún motivo que aún no llego a comprender, parece que no hay problema en decirle a alguien que tiene un peso bajo “eh tú, cómete una puta hamburguesa que das grima”.

Unas tetas más grandes pero no tan grandes. Una tripa más plana pero no tan plana. Ser alta pero no tan alta. Lo que sea, pero nunca lo suficiente.

Las semanas han pasado, y a pesar de todos estos comentarios, que aparentemente eran despectivos y me hacían entender que no estaba tan guapa como yo me creía, he vuelto a recuperar esos kilos que había perdido y ¡sorpresa! ME SIENTO COMO UNA MIERDA. ¿Por qué? ¿por qué cuando todos me decían que no estaba bien me sentía a gusto conmigo misma y ahora que, en teoría, me ajusto a su molde ya no?

Yo os lo voy a decir. Porque nunca es suficiente. Nunca eres suficiente porque siempre podrás estar más delgada o más gorda. Porque siempre podrás tener el pelo más largo o más corto que en ese momento. Una nariz más grande o más pequeña. Un culo más grande pero no tan grande. Unas tetas más grandes pero no tan grandes. Una tripa más plana pero no tan plana. Ser alta pero no tan alta. Lo que sea, pero nunca lo suficiente.

Lo que quiero decir en realidad al escribir todo esto no es hablar de quién lo pasa peor socialmente. Si los gordos o los delgados. De si estoy pendiente del peso como algo superficial o de si la gente no se mete en sus asuntos. Estoy en un proceso de cambio conmigo misma, aprendiendo a quererme tal y como soy, descubriendo que hay vida más allá de las medidas y los focos. Viendo que no importa en absoluto tener que encajar en los estereotipos. Es más, me atrevería a decir que teniendo mucha más confianza cuando ves que no encajas en ellos.

Que al final, a la gente real que te rodea les sueles gustar tal y como eres. Porque, aunque suene trillado, lo verdaderamente importante es tu forma de ser. Tu actitud y quién eres como persona.

Y porque, sinceramente, una vez que aceptas eso, te conviertes en la puta reina del mambo.

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Obesidad

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