Las FAF, el grupo feminista armado que Franco hizo desaparecer.

Sus compañeras sufrieron la brutal represión de los últimos años de la dictadura. Ella es la única superviviente. Hablamos con Isabel Grau que con...

19 noviembre 2018 ·
Compartir
faf-portada-binary

Sus compañeras sufrieron la brutal represión de los últimos años de la dictadura. Ella es la única superviviente. Hablamos con Isabel Grau que con su denuncia descubre otro capítulo silenciado del régimen de Franco.

Tras 47 años de silencio y represión, Isabel Grau habla de lo que pasó aquella noche en Valencia con las fuerzas armadas de Franco y su grupo feminista radical. La hemos entrevistado y esto es lo que ocurrió:

"Escondí como pude los planos de la cárcel de la Trinitat Vella en mi ropa interior mientras los agentes de la Brigada Político Social comenzaban a reducir a mis amigas.
Entre gritos, golpes y llantos ante la mirada atónita de Vicente, nuestro portero.

Los “sociales” comenzaron a vaciar de forma violenta, estanterías, muebles y cajones. Los papeles con nuestras proclamas y manifiestos se mezclaban con los apuntes de la facultad y un sinfín de documentos, libros y revistas que nada tenían que ver con nuestra acción armada volaban por la habitación.
Mira, “ El manual del guerrillero urbano” gritaba uno de los agentes. “Guárdalo con el resto” respondía otro.

Llevábamos meses planeando nuestro ataque, pero nadie fuera
de FAF (Frente Armado Feminista) tenía conocimiento de nuestra actividad.

Nos buscábamos con la mirada, intentando encontrar una respuesta. Llevábamos meses planeando nuestro ataque, pero nadie fuera de FAF (Frente Armado Feminista) tenía
conocimiento de nuestra actividad. Ninguna de nosotras formaba parte de movimientos estudiantiles o sindicatos, nuestras reuniones eran secretas y habíamos tomado todas las precauciones posibles para no dejar rastro.

Intenté preguntar de qué se nos acusaba, y recibí un golpe en la espalda. Maite, mi compañera, trató de levantarse para ayudarme y recibió una patada en la cara.
- Más os vale que os estéis quietecitas si queréis llegar vivas a comisaría.
Nos quedamos mirando fijamente con lágrimas de impotencia, como apilaban su botín, y los recuerdos de todas esas horas de trabajo, investigaciones, reuniones, charlas y lecturas empezaban a parecer extrañamente lejanos.
Mientras esperábamos el fin del registro, recordé aquella mañana de septiembre en la que conocí a Maite.
Era mi segundo año en la facultad y por primera vez en toda la carrera, llegué más tarde de lo habitual. No quedaba ningún lugar libre junto a mis amigos y me senté en la primera fila. Allí estaba Maite, nunca antes la había visto y en lo que esperábamos a que empezara la clase, se presentó. Me contó que era estudiante de último año y que solo asistía de oyente a la asignatura porque la profesora en prácticas era amiga suya. A partir de entonces, cada día, me sentaba a su lado. Al cabo de unas semanas me invitó a un “guateque” en su casa.

En medio de esa persecución anticomunista, las Brigadas Político Sociales encontraron algo mucho más peligroso de lo que podían sospechar.

Para mi sorpresa, no había ni música ni chicos, se trataba de una reunión clandestina, donde conocí por primera vez a las futuras integrantes de FAF.
Estaba Emilia, la profesora en prácticas; Marta e Inés, estudiantes de Filosofía y Pilar y Maite, estudiantes de Historia— como yo—.
Esa noche volví a casa emocionada y eufórica con El segundo sexo bajo el brazo y una sensación de que nosotras solas seríamos capaces de cambiar el mundo.


- Vamos, levántate.
El sereno, firmó como testigo de lo confiscado mientras nos empujaban escaleras abajo. Nos subieron al furgón gris que esperaba en el portal, nadie se atrevió a decir ni una sola palabra de camino a la Jefatura Superior de la Gran Vía.
Una vez llegamos al patio, nos separaron. Me encontraba en un estado de semiinconsciencia, tomaron mis huellas, una foto de frente y de perfil y cuando dijeron mi nombre en alto: Isabel Grau

Un agente respondió: Es la hija de Don Ernesto, el teniente coronel.

En ese momento comprendí que el futuro de mis compañeras sería mucho más incierto que el mío.

 Estaba muerta de miedo y rabia, todo para lo que habíamos trabajado tan duro. No solo no se iba a llevar a cabo sino que iba a tener unas consecuencias aterradoras.

Una vez finalizados los trámites, me bajaron al sótano. El ruido era ensordecedor, los calabozos estaban llenos de estudiantes. A empujones me metieron en una de las últimas celdas, estaba muy oscuro y no podía distinguir nada. De pronto, una voz familiar dijo:
Isabel, ¿qué haces aquí?

Era Emilia, la única integrante de FAF que faltaba aquella noche en la casa de Benimaclet. La habían detenido en la facultad aquella mañana por error junto a un grupo de comunistas del PCE que intentaban escapar de los grises.

Con el tiempo supe que Emilia tenía una agenda en su despacho que dirigió directamente a los sociales al piso de Maite aquella noche.

Las torturas a las que se sometió a estudiantes y obreros detenidos produjeron fuertes movilizaciones en la Universidad, que más tarde se conocerían como el “mayo rojo”.

Franco

Esa madrugada en Valencia se produjo una de las redadas más grandes y duras de los últimos años de la dictadura. Las torturas a las que se sometió a estudiantes y obreros
detenidos produjeron fuertes movilizaciones en la Universidad, que más tarde se conocerían como el “mayo rojo”.

En medio de esa persecución anticomunista, las Brigadas Político Sociales encontraron algo mucho más peligroso de lo que podían sospechar. Entre todos los documentos incautados de FAF descubrieron una serie de manifiestos llamando a las armas y a la acción contra el patriarcado y régimen Franquista, un comunicado reclamando la autoría de un ataque violento que estábamos planificando y todas las evidencias de que dicho ataque se iba a perpetrar unos días después.

- ¿Dónde están las demás? Me preguntó Emilia.
- Imagino que no tardarán en bajarlas.

Conocíamos bien las condiciones en la cárcel de las presas políticas, nuestro primer ataque estaba dirigido a la vivienda de las Monjas de las Cruzadas de Cristo Rey, en un anexo de la cárcel de la Trinitat Vella en Barcelona.

Recordé que aun llevaba escondidos los planos de la cárcel de la Trinitat Vella, poco importaba ya si habían encontrado todo lo demás. Los rompimos en trozos diminutos y los guardé en el bolsillo, para tirarlos más tarde en la letrina.

En las horas siguientes intentamos planear nuestra estrategia, o al menos la de Emilia, no sabíamos si nos torturarían pero la única manera de conectarla con las FAF eran las clases. Nos habíamos cubierto muy bien las espaldas y nadie en la facultad sabía de nuestra relación fuera de lo académico.

Emilia parecía tranquila, pero yo estaba muerta de miedo y rabia, todo para lo que habíamos trabajado tan duro. No solo no se iba a llevar a cabo sino que iba a tener unas consecuencias aterradoras.Conocíamos bien las condiciones en la cárcel de las presas políticas, nuestro primer ataque estaba dirigido a la vivienda de las Monjas de las Cruzadas de Cristo Rey, en un anexo de la cárcel de la Trinitat Vella en Barcelona.

Unas horas después, los guardias arrastraban a Marta a la celda contigua. Estaba irreconocible, tenía la cara desfigurada y ensangrentada.

Pasaba el tiempo y nuestras compañeras no aparecían, empezamos a ponernos en lo peor. Unas horas después, los guardias arrastraban a Marta a la celda contigua. Estaba irreconocible, tenía la cara desfigurada y ensangrentada. Las chicas que compartían celda con ella, intentaron reanimarla.

Estábamos desesperadas, no podíamos hacer nada y a escasos metros nuestra amiga agonizaba. Un rato después volvió en sí y balbuceó:"Tengo sed".

Las chicas de la celda gritaron. "Tráiganos agua, esta chica se muere".
Entraron dos guardias, sacaron a Marta de los calabozos y nunca más volvimos a verla.

A la mañana siguiente vinieron a buscarme y me llevaron al otro ala de la Jefatura, parecía un edificio de oficinas. Caminamos por un pasillo lleno de habitaciones hasta la sala y abrieron la puerta para que pudiera ver lo que ocurría dentro.

Nunca supe si seguía viva o no, dijeron que se había suicidado, igual que Marta, Inés y Pilar.

“No, no, no, no , Maite no” pensé. Estaba atada a una silla, tenía la cabeza empapada y el cuerpo cubierto de sangre. Le dieron una patada y Maite cayó al suelo . Entonces, yo también me desplomé.
- Levántate.
No podía moverme, me flaqueaban las piernas y no dejaba de temblar. Al levantarme me empujaron dentro al tiempo que sacaban a Maite de la sala. Nunca supe si seguía viva o no, dijeron que se había suicidado, igual que Marta, Inés y Pilar. Entré en estado de shock y a partir de ese momento los recuerdos de las horas y días siguientes son muy difusos.

Nada se podía comparar con lo que nos había acontecido hasta ese momento. Por eso lo que me sucedió después fue un periodo de extraña tranquilidad.

Tras pasar unos días en la Jefatura, me enviaron a la cárcel de la Trinitat Vella de Barcelona a la espera de juicio. He de reconocer que gracias a las influencias de mi padre, me libré de correr la misma suerte que mis compañeras. Pasé 6 meses y 14 días encerrada.

Dadas las atrocidades que se cometieron aquella noche y lo raro de que cuatro estudiantes integrantes de un mismo grupo se suicidaran en un periodo tan corto, a la jefatura y al gobierno no les interesaba que el asunto llegara a juicio y trascendiera. En un clima de protesta por las torturas y detenciones de aquella noche, lo último que necesitaban era otro levantamiento femenino que siguiera la estela de FAF. De ser así, mis compañeras se hubiesen convertido en las mártires de la causa feminista que empezaba a ganar fuerza en esa década.

El asunto se enterró, mi nombre desapareció de los registros y el
motivo en mi ficha policial cambió a homosexual.

El asunto se enterró, mi nombre desapareció de los registros y el motivo en mi ficha policial cambió a homosexual. Me aplicaron la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social para justificar mi detención durante ese tiempo.

Compré mi libertad a cambio de silencio, mi padre lo arregló todo, se comprometió a hacerme cumplir el acuerdo y quedó encargado de que la historia no viera la luz. Nadie supo jamás aparte de él y los responsables que llevaron el caso, lo que había ocurrió aquella noche y los meses que le precedieron.

Franco

Emilia, que nunca fue relacionada con FAF, perdió su trabajo y dejó Valencia.

El escándalo de las detenciones en la Universidad provocó episodios de enfrentamientos entre la jerarquía académica y los ministerios de Educación y Gobernación. Se produjo una regeneración de la Junta de Gobierno de la Universidad de Valencia afín a la política represora gubernamental de no renovación de contratos para determinados profesores y sanciones a alumnos. Emilia, que nunca fue relacionada con FAF, perdió su trabajo y dejó Valencia.

Durante muchos años perdimos el contacto, por miedo a que nos relacionaran, falleció en 2015 a los 79 años.

Cuando salí de prisión regresé a mi rutina anterior intentando rehacer mi vida en la medida de lo posible, pero nunca volví a ser la misma. La culpa de que la historia de mis compañeras haya permanecido enterrada junto a sus cadáveres me ha acompañado todos estos años."

Inés Fuentes Fernández, fue asesinada en abril de 1971 a los 22 años de edad.

Marta Aguilar Gallego, fue asesinada en abril de 1971 a los 23 años de edad.

Pilar Ortega García, fue asesinada en abril de 1971 a los 25 años de edad.

Maite Caballero Hidalgo, fue asesinada en abril de 1971 a los 23 años de edad.

Compartir

    Artículos relacionados