Estas fotos cuentan la realidad de nuestros cuerpos y complejos

“Complejos” es el proyecto fotográfico que enfrenta las personas con su cuerpo e identidad.

22 octubre 2020 ·
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Inevitablemente, cuando hablamos de complejos salen a la luz los que consideramos defectos, ya sean más o menos nuestros, y todo aquello que puede proporcionar una crítica destructiva a nuestra persona. Cada unx de nosotrxs los conoce demasiado bien, ha profundizado sobre ellos, los ha visto, los conoce y sorprendentemente los acepta.

La aceptación no significa que dicha característica guste o esté en estima de la persona, pero si es reconocida y se le permite coexistir con la visión personal del individux sobre lo que sería preferible tener, o ser… Sin duda el movimiento body positive ha introducido una gran concienciación hacia la aceptación de la belleza ‘no convencional’, sin embargo nos encontramos frente a un proyecto cuya propuesta no lucha por representar la belleza marginal, sino esa que también según la ‘cultura de la dieta’ o de las pasarelas, es la socialmente ‘correcta’.

Los complejos son complejos, independientemente de la condición social, racial o étnica. Todxs podemos coincidir en que por mucho que alguien refleje el ideal de belleza y de bienestar, siempre habrá algo que no funciona del todo, que no se puede aplicar indistintamente. Es decir, si algo no nos gusta de nosotrxs mismxs, por mucho que guste socialmente, no tiene porqué llegar a gustarnos.

En "Complejos" no tiene por qué haber conclusiones. Solo el enfrentamiento de la propia realidad contra la belleza estandarizada.

El proyecto Complejos, lanzado el verano de la cuarentena, por la fotógrafa freelance Lucía Bailón ha recibido una respuesta activa e inmediata de su público. Ya sea por publicaciones compartidas en Instagram o el pasapalabra, cada persona quiere contar su experiencia, reivindicar la potencia de un pensamiento. Por ejemplo, como el que no puede gustar una parte del propio cuerpo, pero que no se piensa hacer nada para cambiarla.

La clave que mantiene vivo el proyecto es el elemento que deja a sus contribuyentxs activxs, es decir la presencia de un discurso personal y crítico, deshecho de la idealización. Es decir ya no existen conceptos impuestos y visiones correctas o incorrectas. El espectador se enfrenta a testimonios reales de relaciones del físico entre la visión social, personal y emocional de la que está rodeado.

Ya son más de treinta las personas que se han desnudado ante la cámara y que han compartido con la fotógrafa delante de un té o un café sus frustraciones acerca de su cuerpo. Este es un proyecto de participación abierta sin limitación de género ni de edad. ¡Pero la historia no acaba aquí! Si, hemos hablado mucho de fotos, pero las entrevistas que Lucía tiene con cada participante son únicas y muy especiales, ya que suponen el previo de un texto que acompaña la narración visual.

“Vosotrxs escribís vuestras historias, yo no pienso corregiros”

Las imágenes hablan, pero las palabras también. Es curioso porque se pueden ver las fotos de lxs modelos y todo ese malestar, esa frustración, no se muestra. Es difícil de ver sin el texto que las acompaña. En algunos testimonios parece casi un reto de ‘encuentra el defecto’. Pero, ¿y si el defecto que ve la persona nace tras una enfermedad? ¿o un trauma? ¿Y si ese complejo para quien está observando la foto no existe, es decir, el espectador no lo ve como tal? El cuerpo va más allá de la piel, y por mucho que nos fijemos en ella y en sus huesos, las emociones que pasan por ella son la razón de nuestro juicio.

Lucía da pie a una conversación que ojalá tarde mucho (o no llegue) a cerrarse. Desmontar lo que gusta de nosotrxs mismxs y de los demás. Cuestionando si realmente es nuestra persona que aprecia esas cualidades. O si es una idea de otrxs, una idea que realmente no nos pertenece, pero que rodea nuestra cultura.

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