Cuando la farlopa te impide ir al baño de una discoteca gay

Todo empieza con un mensaje por el chat de WhatsApp: “ey chicos, hoy se sale, no?” y es cuestión de tiempo que todos se acaben animando.

1 mayo 2018 ·
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En la noche del sábado un estudiante universitario no suele planear “mantita y peli”, eso lo dejamos para el domingo. Y es que en todas las ciudades de España podemos encontrar bares, pub o discotecas en las que podemos pasar una gran noche con nuestros amigos. Todo empieza con un mensaje por el chat de WhatsApp: “ey chicos, hoy se sale, no?” y es cuestión de tiempo que todos se acaben animando. Pues bien, parece que no en todos los sitos son bienvenidas todas las personas.

En una ciudad grande, aparentemente libre, es de esperar que encuentres variedad de locales orientados a gustos musicales diferentes. Pero, nadie te dice que tu condición sexual es un problema. Sí, digo condición sexual, ya que en lo que se fija un portero es únicamente si tienes nuez o caderas. Llegados a este punto pensarás que soy hombre y que estoy indignado porque me han hecho pagar más que a mis amigas para poder entrar y no es así.

A mí los porteros me miraron mal

Soy una chica de 22 años que salía con mis amigos un sábado noche. En la puerta a todos nos pidieron la misma cantidad de dinero para poder entrar. Pero, a mí los porteros me miraron mal.

Una vez dentro se escuchaba música, aún no había mucha gente, pero el sitio pintaba bien. Todos mis amigos son homosexuales y nos encontrábamos en una discoteca de ambiente. Nada nuevo, suelo salir por esos sitios y nunca había tenido problema.

Según avanza la noche empieza a llenarse, solo había hombres, a simple vista todos bailaban, bebían y algunos se besaban entre ellos. Lo normal en una discoteca. Le dije a mis amigos que ya venía que tenía que ir al baño. Había bebido y la vejiga estaba llena. Todos conocemos esa sensación de fiesta en la que ir a orinar es realmente una necesidad de vida o explotar. La sala es de dos plantas y los baños, uno de hombres y justo al lado el de mujeres, se encontraban detrás de las escaleras.

Cual fue mi sorpresa, que al llegar la cola era bastante grande en el de mujeres. Aparentemente esto es lo habitual, sin embargo, la fila para entrar estaba formada por hombres y el baño de estos estaba totalmente vacío. Me asomé al que estaba desocupado y solo había urinarios altos, por lo que me parecía imposible poder hacer pis ahí. Le pregunté a los chicos si por favor me dejaban pasar porque no aguantaba y los urinarios estaban vacíos a los que todos me contestaron que no, que no y además me cerraban el paso empujándome y dándome codazos.

"Cariño, ¿no sabes lo que pasa en este sitio?"

Entre las puertas de los dos baños se encontraba un portero. Fui hacia él y le comenté lo que estaba pasando, con la única intención de querer hacer pis. Este se rio y sin pensárselo me dijo: “Cariño, ¿no sabes lo que pasa en este sitio?”. No me esperaba que de la boca de un trabajador de la fiesta saliesen esas palabras.

Yo claro que sabía lo que pasaba en esos sitios e indignada porque en cualquier momento iba a reventar de pis, le contesté: “Solo te estoy diciendo que, por favor alguno de la fila vaya a los urinarios porque yo no tengo "rabo".  No me lo puedo sacar y mear en cualquier lado” él, con una mirada de superioridad me respondió: “Pues vete a hacer pis fuera, detrás de un coche”. Tras esas palabras, decidí callarme y hacer la cola porque qué más podía esperar. Era un trabajador da prioridad a meterse rallas de coca, kheta, speed, MDMA etc.

Esto ocurría en el baño de mujer ya que estos son los únicos que tenían puerta en las que te puedes cerrar. Puedes hacer lo que quieras mientras todos los demás esperan para repetir lo mismo. No hay otra explicación salvo la de mantener relaciones sexuales. En esta ocasión las drogas eran mi problema. Los empujones y los codazos no tienen justificación. Solo un chico dio la cara. Me cogió del brazo colocándome delante de una de las puertas del baño y me cedió su puesto. En ese momento lo agradecí. Porque estaba a punto de irme con los pantalones mojados hasta el tobillo.

Tras esas palabras, decidí callarme y hacer la cola porque qué más podía esperar de una persona que en su trabajo da prioridad a meterse rallas de coca, kheta, speed, MDMA etc,

No me sentí mal porque los chicos estuviesen en un baño sin urinarios. No veo incorrecto el uso de baños mixtos. Tal vez, la situación en ese contexto. Ha sido intensificado por mis ansias de querer orinar en un váter y no en la calle, detrás de un coche. Pero, hoy en día me sigue resultando surrealista que en un local de ambiente me miren mal al entrar y vacilen de esa manera por el simple hecho de no tener rabo y tener una necesidad primaria.   Incluso, me parece absurdo el seguir separando a las personas. Cobrando a unos más y a otros menos. Usando solo urinarios o váter, haciendo fiestas para hombres o mujeres. Lo que está claro es que todos queremos pasarlo bien y algunas veces, no tenemos el mismo concepto de disfrute.

Para concluir, decir que es la sociedad quien permite este tipo de situaciones. Aunque no nos lo creamos, nos queda mucho trabajo por hacer.

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