Vivimos en una sociedad poseída por la rapidez cultural

Después del fast food o el fast fashion. Ahora también llegan el fast emocional y artístico

26 enero 2021 ·
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Pasamos por la comida que no permitimos esperar más de unos minutos para devorar y cuya calidad no cuestionamos. Tener ropa, zapatos, accesorios y todas las tendencias que imperen alrededor de la moda. Cuanto más, mejor. Ese está siendo el lema de la sociedad en estos momentos.

Todo suele requerir tiempo, pero no estamos dispuestos a esperar ni a dejar de consumir. Pese a crearnos unas necesidades que no tenemos y una enorme insatisfacción mezclada con ansiedad o, en los peores casos, con depresión. No hay conciencia respecto a los efectos secundarios de la rapidez cultural que necesita nuestro ser.

Antes tocaba esperar para vivir cualquier momento y mientras estaba ocurriendo se disfrutaba mucho más. La rapidez cultural con la que estamos existiendo desarrolla nuestra impaciencia. Es inabarcable consumir tantas canciones, series, películas, libros y artistas que cada día nos abruman más. Una de las conocidas empresas de entretenimiento audiovisual de pago publicaba esta semana que en este 2021, cada semana estrenará una película. Al final nos acostumbramos, no asimilamos y acabamos enganchados a ese gran ritmo de consumo.

“Necesitamos una nueva película, cada semana, un nuevo libro, serie y hasta lio cada finde".

"El éxito del hiperconsumismo: engendrar productos que caducan a los días de aparecer, crean una necesidad de ingerir contenido constante. No es cuestión de que exista una diversidad amplia de oferta o que por cuestión de eficiencia al lanzar contenidos, salga uno nuevo o más, cada semana. La cosa está en el enfoque, cada obra se merece unos días de atención, pero al final es producir más y más y más”. Desarrollaba, en redes sociales, Elizabeth Duval, escritora, filosofa y critica (“Después de lo trans”, “Reina” o “Excepción”).

Es un tema debatible en todas sus perspectivas pero lo que está claro es que no hay espacio para digerir toda la cultura que se produce a tal velocidad. Estaríamos a tiempo de bajar un poco las revoluciones pero todo apunta a que seguirá hasta que se llegue al colapso mental.

La disposición de tanto contenido no implica calidad en este pero eso es algo que desde el enfoque del marketing importa poco o nada. Así que todo producto tenga una durabilidad cuestionable y su volatilidad como síntoma de la actualidad. Finalmente no poder procesar todo este contenido nos hará insatisfechos, estresados. Así llegar a la ansiosa infelicidad y nunca lograr estar completos.

Siempre nos falta algo, estamos deseando que salga lo nuevo aun estando atiborrados de todo lo que existe.

Algo de hace semanas está pasadísimo. No sé qué son entonces los clásicos de hace muchos años al lado de lo actual. Tampoco sé cómo algunos de esos sobreviven. En qué momento podíamos esperar a que nuestro artista favorito sacara algo nuevo en años y ahora esperar días u horas nos ansia.

Todo lo queremos ya y eso genera una ansiedad e impaciencia que roza la locura. Además del contenido, el factor emocional es una realidad. La sociedad se está acostumbrando a que los sentimientos se repriman y la moda sea la fugacidad.

Cuestiones como el amor parecen no ser tendencia porque estamos fragmentados de experiencias pasadas como si hubiéramos vivido un montón, experimentamos traumas de experiencias más sencillas, enamorarse es un reto al que nos negamos desde una pronta juventud. La rapidez cultural está demostrando ser nuestro talón de Aquiles y provoca un gran vacío existencial en la humanidad.

Desde el punto de vista del público, pero también desde los creadores que acaban sufriendo patologías que demuestran mucha insatisfacción por la contradicción entre lo bueno y malo del oficio. También por los bajones y subidones que provoca el desarrollo de sus artes. En conclusión, el mundo anda muy jodido, desde cualquiera de sus disciplinas o posiciones.

El 13 de enero ha sido el día mundial de la lucha contra la depresión. Estaría bien recordar como en muchos de los casos viene provocada por factores externos como estos. Lo principal es acudir a profesionales pero también detectar todo esto como un problema y querer ponerle solución.

“Todo tiene que ser ya. El hecho de que no sea así, desarrolla una gran intolerancia hacia la frustración. Se nos educa en la fijación de altas expectativas, muchas de ellas, demasiado ideales pero no se nos prepara para controlar esa frustración”, afirma un doctor en uno de los varios artículos que hablan de este tema.

Vivimos y reaccionamos en tiempo real, no paramos y reflexionamos de casi nada. Estamos en la cultura de la inmediatez de la rapidez cultural que se ha ido formando a partir de la revolución digital, promovida por las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), entre otros factores. Como consecuencia de la rapidez y satisfacción instantánea, se han desarrollado en los usuarios varias conductas sociales como la hiper conectividad tecnológica y el deseo constante de gratificación momentánea.

Así es como se define la sociedad de ahora mismo. Necesitamos el like ya, no valoramos nada, no tenemos tiempo, tampoco sabemos esperar, deseamos otra vida, etc. Así vamos sin rumbo hacia la felicidad que nunca nos encontrará porque estamos buscándola en sentido contrario.

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