The End of the F***ing World. Series recomendadas para la cuarentena (vol.1)

Una chica con complejo de borde y un chico psicópata, ¿Qué podría salir mal? Adolescentes de 17 años inconformistas y cabreados con el mundo...

24 abril 2020 ·
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Una chica con complejo de borde y un chico psicópata, ¿Qué podría salir mal?

Adolescentes de 17 años inconformistas y cabreados con el mundo deciden huir de la vida monótona de su pueblo en un coche para no volver. A priori, suena una idea bastante mascada en el mundo de las series. Pero implica muchas más cosas que un simple sueño fruto de unos jóvenes con las hormonas alborotadas.

Alyssa y James son 2 estudiantes cansados e incómodos de vivir y hacer siempre lo mismo una y otra vez. Hartos de su pueblo; su instituto; su familia; hartos de todo. Alyssa representa el desparpajo y la impulsividad de decir absolutamente todo lo que piensa, aunque eso implique que los demás se ofendan. Con su mítico “¿Qué?” que reproduce constantemente en su tono borde particular. James es ese niño tímido y callado que comete estupideces del calibre que quemarse una mano para “intentar sentir algo”. Obedece lo que diga Alyssa y punto. Pero tienen algo en común: no están hechos para nuestra sociedad. Y lo más importante: James siente unas ganas terribles de matarla, pero al mismo tiempo está enamorado de ella.

The End of the F*** World ofrece algo más que una versión adolescente de Bonnie y Clyde. Es macabra, impactante, cruda y todos los calificativos que se les quiera fijar alrededor de una historia en ocasiones gore, pero que ofrece un retrato sin complejos y al desnudo de 2 chicos desubicados en el mundo. En su lucha por buscar su verdadera identidad para sentirse útiles en un panorama no muy esperanzador en sus mentes. El maltrato, la violación, la tolerancia y el camino para encontrarte a ti mismo son temas que se tratan sin pelos en la lengua.

The End of the F***ing World es más que una versión adolescente y tragicómica de Bonnie y Clyde.

La serie de Netflix, basada en las novelas gráficas de Charles S. Forsman del mismo nombre, nos ofrece una historia demasiado adictiva en el que la corta duración de sus capítulos -algunos de 19 minutos- implica una intensidad nunca antes vista en este tipo de aventuras por la carretera. Por algo el mismo autor del cómic es el guionista de la serie.

Nuestros pensamientos más extremos y retorcidos bien exprimidos y licuados para ser consumidos a ritmo de campeonato. Un frenesí que llega a destilar incomodidad y a la vez interés por saber qué nueva situación van a pasar Alyssa y James en su camino hacia la “libertad” que siempre han querido.

Y así se suceden todas las situaciones en un esperpento continuo de locuras y de catástrofe tragicómicas. Una serie que ofrece momentos verdaderamente tarantinianos así como algunos realmente tiernos que hace que se nos avive un poco el corazón. Alyssa recuerda por momentos a la personalidad de Mia Wallace de Pulp Fiction aunque, después de todo, esta tiene un poco más de sentimientos y empatía. Más humana, como quien dice. Del mismo modo que a lo largo de la historia se desvelan los sentimientos de Alyssa por descubrir quién es su padre, los de James reflejan esa culpabilidad de que su madre no esté a su lado.

Los personajes evolucionan y maduran a lo largo de la historia para darse de cruces con una realidad que les hace ser más conscientes de que el mundo que les rodea también se torna de nubarrones y grises. Alyssa descubre que su padre no es la respuesta que siempre había buscado y James hace las paces consigo mismo en el turbio recuerdo de su infancia en el que su madre muere ante sus ojos.

Alyssa y James realizan un camino en su búsqueda para aceptarse a sí mismos y a todo lo que les rodea.

2 adolescentes desestructurados tanto en su entorno familiar como en sus pensamientos que no logran ubicarse en una sociedad que no está hecha para ellos. Uno vive con su padre y ha crecido con el fantasma de su madre muy presente. La otra siente una rabia y apatía inmensa por la indiferencia de una madre más ocupada en satisfacer la atención al padrastro ricachón junto antes que saber que piensa su hija.

La aparición de Bonnie en la segunda temporada haciendo autostop, unido a los eventos trágicos ocasionados por la muerte del profesor Clive a manos de James y Alyssa -intentó abusar de ella-, repercute directamente en la forma de actuar de la segunda. Después de ese momento que jamás olvidará, ya no será la misma de siempre. Desubicada, sin tener un plan en mente. Solo desaparecer de nuevo junto a James. Pero también este punto de inflexión aguarda un atisbo de cambio. Al sugerirle a James que pare el coche.

“¿Y si la recoge algún tarado?”

Ya no es indiferente a todo el mundo. Las pesadillas que Alyssa arrastra junto a ella empiezan a ser un problema real cuando se da cuenta que no puede estar con James. Sucesivamente, él pone todos sus esfuerzos en recuperar su amor con la esperanza de creer que ella es la solución.

Ellos simbolizan ese niño que hay en nosotros mismos que está disconforme con el mundo.

La madurez de ambos se refleja tras descubrir que Bonnie solo era la persona que quería asesinarles por matar a Clive. No pueden ocultar lo que es evidente: James se arrepiente de haber creído que la solución era ella. Y que Alyssa necesita ayuda.

“Es como una casa encantada. Solo que yo soy un fantasma”

Alyssa se sincera consigo misma al volver al sitio donde ella cambió para siempre. Sabe que no se conoce tanto a sí misma como pensaba. James, en cambio, acepta la realidad de los hechos. No puede presionar a Alyssa.

La única manera que tienen de estar juntos es que el tiempo pueda curar todos los fantasmas que les persiguen.

Porque, al fin y al cabo, son conscientes de que sí se quieren, pero no ahora mismo. En un último compás, Alyssa sabe que no lo puede perder. Y, al igual que él se lo dijo en el desguace de coches mientras dormía, le dice entre líneas que le quiere. Pero necesita tiempo y ayuda para volver a ser la que era antes.

Y, al final, la serie solo quiere en su esencia más concentrada solo quiere mostrar eso mismo. 2 chicos con problemas y que únicamente buscan un motivo por el que vivir dentro de ese umbral de inseguridades que tenemos todos. Un llamamiento a ser escuchados y aceptados en el mundo para sentirnos felices. Ellos simbolizan ese niño que hay en nosotros mismos y está disconforme con el mundo. Porque nosotros también podemos ser ese James o esa Alyssa que buscan aceptarse a sí mismos y lo que les rodea. Al fin y al cabo, también tenemos problemas. Todos nosotros. Sin distinción.

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