'Un Mundo Normal' El viaje de un ataúd hacia su último descanso

'Un Mundo Normal', protagonizada por Ernesto Alterio, mezcla dramatismo protagonizado por el duelo tras la muerte junto a una comicidad atípica.

9 octubre 2020 ·
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Ha tenido que pasar más de una década para que Achero Mañas decidiera embarcarse en dirigir otro proyecto cinematográfico. En sus propias palabras, las circunstancias no acompañaban. Es de costumbres férreas. Precisamente por su respeto al cine no precisa de rodar un producto cualquiera. Como bien lo muestra y escenifica en 'Un Mundo Normal', presentada en el 23 Festival de Málaga.

Aunque el título 'Un Mundo Normal' no vende lo transmitido a lo largo de la aventura, parece una ironía del destino a modo de crítica implícita a la cotidianidad sobre qué hacer cuando la vida te pone un reto por delante. Es entonces cuando aparece Ernesto Alterio en este galimatías de aventuras, cuyo protagonista del mismo nombre, es un director de teatro frustrado, excéntrico y desesperado por encontrar un proyecto que le apasione. Cuya vida da un giro al encontrarse con la muerte de su madre, papel que recae en Magüi Mira.

Desde ahí, decide revertir las normas sociales de lo políticamente correcto para cumplir el último deseo de su madre: tirar su cadáver al mar como ella siempre quiso. Robando su féretro camino del cementerio, su hija Cloe decide acompañar a su padre con esencia de Don Quijote para que recule en las consecuencias que ocasionaría dejar a la abuela en medio del mar.

Sobre 'Un Mundo Normal' "Esta película es una catarsis a una pérdida familiar reciente"

Tal y como ha afirmado Mañas, la historia de 'Un Mundo Normal' parte de una experiencia real de él con su propia madre. La cual le pidió que cuando muriera la tiraran al mar. Sin incineración ni entierro. Con este entierro no terrenal planteado por ella, traza una historia cargada de comedia pero con grandes tintes dramáticos que reflexiona sobre el paso de la vida y la rotura de lo éticamente moral en términos del rebaño social.

Un plantel de lujo en el que la propia hija del director, Galya Amyach, interpreta a la hija de Ernesto. Planteado como una road movie en donde padre e hija se dirigen desde el estruendoso centro de Madrid hasta la costa mediterránea, con una ligereza y liviandad con respecto a 'Bonnie y Clyde'. Solo que estos no atracan bancos, más bien ayudan a cumplir el último deseo de un muerto cuya excentricidad para despedirse del mundo está impresa en el propio Ernesto, un caballero de armas teatral con frases grandilocuentes como arma para seguir guiándose a sí mismo.

Cumplir el último deseo de los que nos amaron es el mayor homenaje a su memoria

Enternecedora a más no poder, padre e hija se reencuentran en este viaje de curvas y caminos por alcanzar el gran azul sin apenas éxito inicialmente. La aparición de la perrita de la casa, Bonnie, aporta esa chispa de felicidad entre la falta de comunicación entre ellos. Y deja un hueco de respiro entre la excéntrica situación de llevar un muerto en una furgoneta y los líos en los que se mete Ernesto. Cloe, la voz de la razón que mantiene a Ernesto en sus cabales, se dará cuenta que su padre está más cuerdo de lo que parece. Porque para que uno tenga que ser fiel a sí mismo, en ocasiones debe remar en dirección contraria a lo que el mundo diga. Pero sin implicar la pérdida de la vivencia en comunidad.

Pues en la opinión del propio director, "No existe reconciliación entre lo común y lo particular si no remamos juntos en el mismo camino". Sus personajes siempre deben tener un punto de locura, manifestando esa rebeldía que siempre ha tenido en la pantalla a través de ellos. La actitud, el desparpajo y la autenticidad son rasgos innatos que Mañas nunca ha logrado sacar afuera, si bien en la ficción nos manifiesta con orgullo y respeto a base de grandes historias rebosantes de imaginación.

Esa que el propio Ernesto describe en conversaciones con su hija  "La imaginación es la base alimenticia de los pobres".

¿Y qué sería la imaginación sin una pizca de locura y riesgo?

Rasgo de los pobres listos y empedernidos que un día deciden coger el toro por los cuernos para hacer lo que siempre han querido o han tenido que hacer. Aunque eso supongo ir contra la marea coercitiva de lo subversivo. Locura que el propio protagonista hereda de su madre. Al afirmar en conversaciones con su hermano Max, pianista interpretado por un excelso Pau Durà, al cuestionar la cabeza amueblada de su madre "¿Desde cuándo Mamá ha seguido las normas?"

El hombre es una apasionado inútil porque no tiene razón de ser ni de juicio. Las razones de nuestros comportamientos no son ni deben ser un dogma universal. Ni la propia madre de la vida real se salva de estas locuras excéntricas. Comentando anécdotas de su infancia "Mi madre tiró la televisión por la ventana y seguidamente dijo: a partir de ahora vamos a hablar" relata Mañas. 12 años sin televisión. Una idea que bien se podría aplicar a cualquier deseo ardiente por dentro de la locura de cada uno de nosotros. Porque al igual que su propia madre, también podemos tirar por la ventana aquello que nos ata para evolucionar. De momento, sigamos creyendo en nuestra verdadera razón de ser para estar completos.

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