Roma, el machismo en Latinoamérica sin fecha de caducidad

Una foto de Latinoamérica en los años 70 que podríamos tomar hoy. ROMA es la película con más nominaciones al Óscar en toda la...

5 febrero 2019 ·
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Una foto de Latinoamérica en los años 70 que podríamos tomar hoy.

ROMA es la película con más nominaciones al Óscar en toda la historia de la academia para Latinoamérica. Pero, lamentablemente, eso no aportará nada a la realidad en la que ha sido inspirada.
Si bien la historia narra la vida doméstica de una familia de clase media mexicana en los años 70 y 71, bien podría estar inspirada en otra historia real de cualquier país sudamericano en el año 2019. La realidad que ROMA retrata con pulso de cirujano no se ha quedado atrás. Mujeres que dan servicio a familias privilegiadas, mujeres que deben dedicarse a sus hijos y el hogar. Madres abandonadas, maltratadas, humilladas. Mujeres con ansias de libertad a la que solo pueden aspirar en su mente. Hombres que abandonan, que maltratan, que humillan y condenan a la soledad de una casa llena de hijos y animales que no hacen compañía.

"No sé si caminamos o nos arrastramos como gusanos intentando ser larva que un día, sin más, voló"

Película ROMA

Latinoamérica es la mitad de un continente a la que le tocó la peor parte. Un grupo de países pertenecientes al tercer mundo al que europeos, asiáticos y norteamericanos van a pasar sus vacaciones. Tomarse selfies con los niños, romantizando una pobreza que les eleva la moral. Y a evitar tomar el agua de los grifos porque podrían contraer una enfermedad mortal. Esa parcela de tierra, sobreviviente diaria y eterna de una lucha perpetua entre nosotros mismos por sentirnos un poco menos tercermundistas, pero, al mismo tiempo, gritándole al mundo lo orgulloso que estamos de ser latinos.

“Latinoamérica es un pueblo sin piernas, pero que camina” –dice Calle 13, y la verdad, ya no sé si tenga razón. No sé si caminamos o nos arrastramos como gusanos intentando ser larva que un día, sin más, voló. ROMA ha dibujado una realidad de hace casi 50 años que podría ser ambientada hoy en cualquier ciudad de cualquier país latinoaméricano y podría funcionar con la misma fuerza y sin tanta nostalgia.

"La imagen del machismo, la violencia y la separación de clases es innegable; tanto como lo es si dirigimos la mirada hacia nuestra propia realidad"

La cinta, rodada en blanco y negro, llena de detalles y con una dirección fotográfica admirable, traza una línea transversal en el tiempo que puede venir desde mucho antes de los 70 y que, aunque suene poco esperanzador decirlo en voz alta, se va a prolongar mucho más allá de la historia actual. La imagen del machismo, la violencia y la separación de clases es innegable. Tanto como lo es si dirigimos la mirada hacia nuestra propia realidad. La minimizada posición de la mujer en la sociedad. La indiscutible violencia de los hombres que, con golpes o sin ellos, reprimen los derechos y deseos de la mujer. La libertad que parece innata a los hombres y poco accesible para las mujeres. El rol de las empleadas en casas de clases privilegiadas. La culpa de no querer ser mamá. La frialdad con la que se decide no querer ser padre.

ROMA cumple una función innegable: dirigir la mirada hacia una realidad que no termina de pasar, aunque se sucedan los años y los daños. Y si somos incapaces de verla, tocarla y oírla, vamos a seguir en un bucle atemporal de violencia de género. Una violencia a la que se le sumarán más grupos violentados sin encontrar un punto de fuga que regale un atisbo de esperanza. Todos los supuestos resguardos que los abusados podrían tener están infestados de hombres temerosos de perder sus privilegios. Una justicia que libera violadores, que negocia condenas y que señala a las víctimas es el arma principal de una sociedad violenta que se sabe impune y amparada en una ley machista. Latinoamérica es del tercer mundo y hay quienes justifican en eso nuestra realidad. Pero, ¿es Europa ajena a la historia que acabo de narrar?

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