El problema de la valla de Melilla visto por una persona normal

David Trueba propone una reflexión sobre la inmigración en medio de un caos de sentimientos encontrados entre ambas partes de la frontera de Melilla.

24 septiembre 2020 ·
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Melilla, la última ciudad de Europa respira y se ahoga frecuentemente a este lado del continente africano. Porque aunque Melilla pertenezca a España, se encuentra en otro lugar de mundo. Un mundo en el que sus protagonistas tienen realidades diferentes según el lado de la moneda. Unos, expectantes ante la avalancha de multitudes que tengan que venir a su ciudad. Otros, ansiosos por aprovechar las pocas oportunidades que ofrece saltar una valla de 6 metros de alto y 12 km de recorrido, en el que cualquier paso en falso puede provocar la muerte con sus devastadoras concertinas.

'A este lado del mundo' es una película guerrillera, de las que le gustan a David Trueba, director de una historia en la que quiere resaltar esa falta de preocupación por las "averías" del mundo que nunca terminan por repararse del todo cuyo trabajo ha sido presentado en la Sección Oficial a Concurso en el 23 Festival de Málaga.

"El mundo es un balón pinchado al que solo sabemos ponerle parches" afirma Trueba.

Aunque Melilla pertenezca a España, se encuentra en otro lugar de mundo. Un mundo en el que sus protagonistas tienen realidades diferentes según el lado de la moneda.
Alberto, interpretado por Vito Sanz, es un ingeniero que viaja a la ciudad de Melilla para enfrentarse a un ambicioso proyecto de imaginar una valla menos letal en un mantra que su jefe le deja bien claro: "Seguridad, pero con humanidad". Aun así, las intenciones son más bien disuasorias que humanitarias, recordándole que a partir de ahora trabaja "para España". Mientras que él, desinteresado de los problemas del mundo, solo piensa en hacer bien su trabajo, formar una familia y tener una casa a las afueras con su mujer.

Por algo le denomina "Míster no sé" su asistenta de trabajo Nagore (Anna Alarcón), hija de un Guardia Civil asesinado por ETA cuyo recelo a los inmigrantes se palpa a cada sentencia que dicta por su boca. "Alberto tiene el prototipo de ciudadano medio. Con desinterés. No se ha parado a pensar en la realidad" apunta Trueba, que no ha querido contar una historia de sollozos y tristeza, sino una realidad vista desde el privilegio de caer en el lado europeo.

Los muros del mundo se abren dependiendo de los intereses.

La ironía del conflicto se resalta en ciertos aspectos. Como la apertura de la frontera al comercio de contrabando con inmigrantes arrastrando bolsas amarillas por 4 euros. Las prioridades económicas son más importantes que las sociales. Es aquí donde aparece la visión del lado contrario retratado en Zidane Barry. Que personifica el papel de un inmigrante joven desesperado por llegar a Europa  y reunirse con sus compañeros. Saltó la valla con 15 años. Para Trueba, era importante contar con alguien que ha vivido el problema en sus propias carnes.

En definitiva, se plantea una trifulca de conflictos tanto físicos como mentales. En los que, por mucho que la imperfección esté constantemente presente a modo de metáfora (sillas acopladas en el despacho de Alberto, un aire acondicionado que no funciona), la sociedad, con su desconocimiento particular, seguirá mirando otro lado del mundo. Mientras haya Wifi.

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