'Crónica de una tormenta' La ética del periodismo hecha muerte

Las relaciones de poder en el mundo del periodismo son puestas a prueba en una cinta llena de ambiciones, traiciones y escándalos.

19 octubre 2020 ·
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Si le preguntaran a Gabriel García Márquez si pudiera existir una obra en la que sus protagonistas enfrentarían un destino vital como Santiago Nasar en sus primeros compases, probablemente hubiera estado escéptico ante el futuro. Por desgracia, en esta película se intuye lo que va a ocurrir desde el minuto uno: El periodismo ha muerto. Y con él, la ética de sus protagonistas.

'Crónica de una tormenta', presentada en la Sección Oficial a concurso en el Festival de Málaga, está dirigida por Mariana Barassi y basada en la obra teatral 'Testosterona'. Narra la historia de una larga rivalidad entre dos compañeros de trabajo. Vargas (Quique Fernández), un trabajador implacable, calculador y frío que está dispuesto a amenazar, sobornar o falsear información con tal de conseguir lo que ambiciona.

Macarena (Clara Lago), la compañera que aboga por el trabajo en equipo para resolver problemas. Todo se precipita cuando Antonio (Ernesto Alterio), el director del periódico de título algo irónico 'El Nuevo Imparcial', tiene que relegar su cargo a un sustituto. Que pasa por ser Vargas o Macarena. Pero no toda decisión parece tan fácil como parece.

Muchas veces no se juega a ganar, sino a que pierda el resto.

A modo de conversación continua, la potencia de los protagonistas de la película, Antonio y Macarena, se encuentran en Nochebuena encerrados en la redacción del periódico, con las rotativas paradas y los sentimientos encontrados. La antigua alumna del ex-profesor universitario conversará con él sobre sus debilidades, ambiciones y su vida personal. En un clima de alta tensión en la que cada frase se convierte en un dardo envenenado contra su dignidad y valores, como humanos y periodistas.

Todo se rodea en un clima en el que el machismo está presente, poniendo sobre la mesa temas de objeto de debate como el techo de cristal, la supeditación de la mujer al hombre en igualdad de condiciones y el cuestionamiento de su liderazgo. Hecho que apunta Antonio, que a pesar de que cree que Macarena es mejor para el puesto, cree que Vargas le ha robado el liderazgo en las mesas de los altos cargos.

Los diálogos, cargados de detalle, desentrañan el gremio del periodismo, que también custodia su propia máquina del fango llena de compañeros desleales, la aleatoriedad por la preferencia de los altos cargos por detalles personales independientes de la profesionalidad y confesiones que bien podrían destruir hasta el más sagrado de los dogmas de la información: No mentir.

Una llamada de atención a los modos de trabajar entre profesionales de la información.

El cuarto poder puede servir como un bien social para la ciudadanía. Así como un veneno. O como arma arrojadiza y amenazante para el beneficio personal de las sombras que ejercen presión mediática. Porque aquí solo hay agentes con intereses. "Nada es aleccionador ni buenista. Nadie es muy bueno ni muy malo" Apunta Clara Lago. Cuyo personaje tampoco es el prototipo de periodista ética. Las ambiciones residen en todos ellos. Sin distinción. Es la lucha entre la ambición y la moral

La conversación entre Antonio y Macarena es un camino a la reflexión de lo que significa y debe ser un periodista. Con sus pasos obligados y éticos para conseguir el éxito ¿Pero cuenta dependiendo de tus actos inmorales? Una noche entera da tiempo a ejercer una tormenta de dudas. En la que las emociones de afecto y respeto se ponen a prueba a la hora de llevarse el trozo gordo del pastel.

Una llamada de atención a los modos de trabajar en las redacciones entre profesionales de la información. Aquellos en donde la ética, profesionalidad y la franqueza debe primar por encima de codicias repulsivas. El Periodismo consiste en buscar y entender la realidad, no en destruirla.

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