Miguel de Cervantes: el Cecilio G. de la literatura española

Una de las más ilustres figuras de nuestra literatura vivió casi en la miseria. Afectado por un ambiente de represión cultural y abandono social....

17 mayo 2020 ·
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Una de las más ilustres figuras de nuestra literatura vivió casi en la miseria. Afectado por un ambiente de represión cultural y abandono social.

En una de las plazas principales de mi ciudad, a escasos metros de la uni, se levanta un busto en su conmemoración. Ahí está, intacto, aparentemente inamovible por aquellos jóvenes que decidieron ponerle un tag en la cara o por aquellos cánidos que creyeron que era un buen sitio para orinar. Él no se queja. Es extraño pensar que uno de los más galantes enamorados de la literatura tuviera una vida tan rocambolesca. Quién le iba a decir que fue, es y será víctima de un mundo que no le correspondió; que acabaría compartiendo espacio publicitario con un perfume que yo nunca compraré.

Estamos acostumbrados a verlo con una barba canosa, puntiaguda y semiperfilada; falto de pelo, acompañado de una cara de no comer todo lo que desearía. Lo cierto es que la representación que tenemos de él no es la verdadera, desde que se conoce su perfil, gracias al erudito Juan de Jáuregui, quien lo retrató basándose en las descripciones de las Novelas ejemplares. Compartiendo boca con otros seis hermanos, la situación familiar, económicamente hablando, no era del todo favorable, encauzándolo a una vida casi picaresca. Tal y como dice Jean Canavaggio:

«Marginal por muchos motivos a ojos de la buena sociedad […], especulador dudoso, asiduo de los garitos, padre cómplice de una hija descarriada, […]».

Unido a este estrepitoso comienzo, otro hecho a destacar es la tartamudez que caracterizaba al autor, o lo que él llamaba tardo de pico, tal y como explica el estudioso Luis García Jambrina. Encaminado involuntariamente a la escritura, su periplo comenzó tras estocar a Antonio de Segura, un envidioso que, según Cervantes, movía hilos para provocar sus infinitas desgracias: sea cierto o no, nuestro amigo se jugaba ser desterrado durante diez años y su mano derecha por lo que hizo, así que no tuvo más remedio que emigrar hacia Italia.

En gran medida, esto ocasionó su participación en la Batalla de Lepanto, tras unirse a las filas de Diego de Urbina, pero con heridas irreversibles que le perpetuarán el ya tan famoso apodo Manco de Lepanto. Sin embargo, hemos de dejar bien claro que no perdió el brazo, sino la movilidad completa en su mano izquierda; al igual que el sobrenombre, el cual no se lanzaba como un halago, sino más bien con un tono despectivo que no le hacía mucha gracia.

«Era capaz de cometer actos miserables con sus hijas o con su familia, pero también tuvo comportamientos heroicos. Era muy contradictorio y precisamente por ello, muy humano».

Se marchó como un joven perdido, debido a las circunstancias vitales que lo acompañaban como si de su sombra se tratase. Hasta que en 1575, a los treinta años de edad, se embarcó en la galera El Sol, de vuelta a España. Aunque no lo creáis, su actuación en la guerra hizo que Don Juan de Austria, almirante-capitán de renombre, escribiera una carta de recomendación elogiándolo. No obstante, su suerte cambió cuando unos piratas berberiscos lo embistieron, haciendo que Cervantes cayera apresado muy cerca de la costa catalana.

La alta recompensa que se pedía por su liberación llevó a nuestro autor a Argel. Se conocen numerosos intentos de fuga durante su estancia en la cárcel; en una de sus escapadas, estuvo viviendo durante cinco meses escondido en una cueva, hasta que uno de los renegados que intentó fugarse con él reveló su posición. Más que intentar huir de prisión en su estancia en Argel, hacía negocio con los otros prisioneros: era una especie de pasador, el cual sacaba un rédito por conocer las mejores escaramuzas para salir del recinto. Todo un kike.

«[…] dejen a los míseros que van su camino a servir a su Majestad con la fuerza de sus brazos y con la agudeza de sus ingenios, por no hay mejor soldado que los que se transplantan de la tierra de los estudios a los campos de guerra».

El resto de su vida estuvo acompañado por continuadas penurias que pusieron fin a su vida en 1616. De poder ser capitán de su propio ejército en la corte de Felipe II, acabó robando grano a la Iglesia, a causa de la recaudación de impuestos destinados a la Armada Invencible. Eso sí, no hemos de olvidar que el contexto histórico que rodeaba al autor no era del todo favorable: un país inmerso en un Segundo Renacimiento, cerrado a las corrientes exteriores, ultracatólico, impulsor de guerras inútiles, perseguidor de herejes e intelectuales, etc., no ayudaba en demasía a que la situación social fuera sencilla para Miguel.

Si has conseguido llegar hasta aquí, significa que tu déficit de atención no es tan malo como creías. Por eso, aprovecho para recordarte que los libros impresos tienen otras utilidades, aparte de usarlos como plataforma para llamar a tus amigos por Skype. Seguro que has oído hablar de La gitanilla, El celoso extremeño o Rinconete y Cortadillo. Se trata de narrativa breve que podría despertar en ti una pasión más grande que la tienes actualmente por la masturbación. Así que, ¿a qué esperas? ¡Devora sus libros!

Bibliografía

Bunes Ibarra, Miguel Ángel de (2016): Cervantes, Don Quijote y el Mediterráneo. Departamento de Historia Moderna y Contemporánea. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Hevia, Elena (2014): El hombre que envidió a Cervantes. elPeriódico. [En línea 22-04-2020] Recuperado de: https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20141121/el-hombre-que-envidio-a-cervantes-3709820.

García Jambrina, Luis (2016): La sombra de otro. Ediciones B. Barcelona.

Lucía Megías, José Manuel (2016): La juventud de Cervantes: una vida en construcción. Editorial Edaf. Madrid.

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